viernes, 28 de mayo de 2021

CUANDO ALGUIEN ES CAPAZ DE ABRIR UNA PUERTA, POR ELLA PASA LUEGO MUCHA GENTE.

 

John Lubbock. “La felicidad es algo que se practica, como el violín” .

CUANDO ALGUIEN ES CAPAZ DE ABRIR UNA PUERTA, MUCHA GENTE LUEGO PASARÁ POR ELLA.

¿A que ustedes han tenido días en los que esperan que algo ocurra? Días grises, plomizos, aburridos, tediosos…

Días en los que circulan ustedes por la calle como autómatas. En los que contestan el teléfono con monosílabos. En los que aportan a la vida el mínimo imprescindible para no ser expulsados de ella. En fin, días que amanecen con el único objetivo de que llegue pronto su final. E irse a dormir para terminarlos. Y que a la mañana siguiente amanezca mejor.

Aunque, en su interior, tal vez de una forma inconsciente, o subconsciente, están esperando un chispazo. Algo extraordinario que les saque de la abulia. Un destello que les convenza de que todo no es tan soporífero, ni tan injusto, ni tan mezquino, como les muestra ese día ingobernable y triste. Y cabrón, si me lo permiten.

Y a veces ocurre ese milagro, que en tu interior, ahora me permito tutearte, tú buscas. Sí, de repente, te topas con ese clic que alumbra lo que tú esperabas para salir del desasosiego, lo que tú necesitas precisamente hoy. Que no es otra cosa que esa versión optimista, y generosa, y divertida y amable de la existencia.

Alguien que te cede el paso en la cola, cuando os aproximáis a ella a la vez. Que te deja ganar, con una sonrisa, la posición en la selva del asfalto del tráfico de la calzada. Que te escucha al teléfono y no pretende darte órdenes, ni abrasarte con sus problemas, ni avasallarte con sus opiniones políticas, ni siquiera, y ya es difícil, venderte nada.

O contemplas una flor hermosa en los jardines de la urba, o del parque, o de las aceras, con esa belleza inmensa y breve que te hace llorar, conmoverte, por dentro. O contemplas a dos niños jugando bajo la luz de la mañana, ajenos a todo lo que está pasando, que para ti solo era, hasta ese momento, un marrón gigantesco en el que no podías dejar de sumergirte como en una oscura e inundada cueva.

Sí, no sabes ni cómo, pero algo te predispone a ver las cosas de otra manera.

Tal vez tu pareja tiene un detalle contigo. Ese whatsapp mañanero y motivador. Esa caricia desprevenida e imprevista de tocarte el brazo, de mirarte a los ojos como cuando os conocisteis. Ese plan sugerente que te ofrece para el fin de semana, que tú presumías gris y aburrido.

O tal vez es ese compañero de trabajo que te ve tristón y te invita a un café. O el camarero que te prepara tu mesa, limpiándola con esmero y dedicación. O tu jefe que hoy, inexplicablemente, sintoniza con tu desgana y te confiesa que está también muy harto. Pero que cuenta contigo.

O, a lo mejor, es ese rival laboral, o enemigo, o cuñado, que hoy afloja las riendas para que la vida fluya con algo menos de tensión.

Sí, a veces la vida tiene dos caminos contrapuestos: o profundizar en la tristeza, en el desasosiego, o captar esos detalles pequeños, aunque luminosos, que te llenan de esperanza. Que te dan un respiro para cargar las pilas. Que te demuestran que la vida, la gente, también tiene su ángulo sensible, agradable, motivador.

Y, cuando tienes la fuerza, y la inteligencia, no siempre es posible y no has de sentirte culpable por ello, de elegir el primero, te sorprenderá el efecto en cascada que provocas.

Recuerdo la película Habana, con uno de los actores que más me gustan, Robert Redford, en la que él le explicaba a su pareja, la deliciosa Lena Olin, que una mariposa puede batir las alas en Hongkong y con ello hacer que el viento doble la esquina de las isobaras y provocar un ventarrón, un auténtico tornado, en el Caribe. Solo con un aleteo en la dirección apropiada se puede inclinar el fiel de la balanza que desencadena cosas importantes.

Y yo sé que ustedes lo creen, tal y como yo lo hago, porque en ese día cabrón, soporífero e ingobernable, alguien les roció por un momento con unas gotas de felicidad, quiere decirse de sensibilidad, de amabilidad, de alegría.

Y ustedes, en consecuencia, respondieron en el mismo sentido: dieron una propina al camarero que enriqueció su mañana y luego llegó contento a casa y trató a su mujer mejor que nunca; o correspondieron al gesto de su compañero de trabajo y ambos rindieron entonces exponencialmente en él, o su jefe se sintió tan comprendido que luego repartió alegría y justicia entre el equipo y usted mismo con su coche hizo un tráfico un poco menos agresivo y selvático en la calzada. Y luego llegó a casa y tuvo paciencia con su hijo pequeño y le habló con una dulzura inusitada.

Sí, así funcionan las cosas. Un impulso positivo empuja trenes enteros que se mueven al compás de la música de la ilusión y del coraje de vivir. Un impulso negativo, tal vez es el pequeño y definitivo toque, para que todo se tuerza y mucha gente ofrezca su peor faz.

No siempre es posible. Pero siempre deberíamos tener en la cabeza esa opción de mirar hacia la luz. Les puedo asegurar que los réditos, o lo intereses, o los beneficios, y sé de lo que hablo porque soy economista, harían pequeños a la multiplicación de los panes y los paces en el mar de Galilea de los que nos habla la Biblia. Por decir algo que todos conocemos.







Sí, a veces alguien o algo, abre una puerta a esos días alevosos, tristes, cabrones, si me lo permiten, y entonces penetramos por ella y nos llenamos de repente de tanta alegría que, una vez saciados, damos y rebosamos esta por doquier, multiplicando por diez, todo eso que antes recibimos.

Porque no hay nada que agradezcamos más que alguien o algo nos empuje hacia una salida distinta a la negrura y la desazón de los momentos plomizos de nuestra existencia.

Y ese aleteo de felicidad es contagioso, como, en sentido contrario, lo es también la tristeza. Y la mariposa de Hongkong podría entonces inundar a medio mundo, si no al mundo entero, con ella. Con ese golpe de ilusión que nació, sin embargo, en un par de detalles, que alguien o algo, se encargó de esparcir a su alrededor, cuando en la mesa pintaban bastos y más bastos, y todo presagiaba una negra tormenta.

"Aquellos que quieren cantar siempre encuentran una canción" (Proverbio sueco)



Primer capítulo de "UNAS GOTAS DE FELICIDAD".










martes, 25 de mayo de 2021

MI NOVELA "EL CAZADOR DE LA PATAGONIA" LIBRO DEL DÍA EN ESPAÑA.

 


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