martes, 17 de marzo de 2026

LA PRIMAVERA YA ESTÁ AQUÍ. (Para el proyecto "Destellos")

 

Vuelvo de mi café de los martes Arturo Soria arriba. Sobre mí, un cielo límpido y azul. Caminamos juntos dos amigos y compañeros de hace muchos años. Me pregunta por mi nueva novela y le cuento lo que he escrito, lo que vislumbro más adelante, que no es todo. Mañana iremos los dos a una presentación de un libro de una poetisa emergente.

Unas chicas muy jóvenes cruzan el semáforo, los jerséis a la cintura, van chupando un helado y riendo, doradas por el sol. Las miramos y nos sonreímos a la vez. Poesía de mujer, cielo azul, chicas jóvenes que abandonan el jersey, pájaros alegres trinando su amor y esa luz poderosa, por fin, que es una bendición.

Sí, la primavera ha llegado. Otro año más. 

–No nos quedan tantas, Paco. Hay que aprovecharlas.

Llego a casa y hago una búsqueda rápida de otras primaveras literarias.


Y DE NUEVO LA PRIMAVERA.

Otro año vuelve a alumbrar por estas fechas el sol. Con esos bríos. Con esa potencia renovada que solo la da la primavera que ya llama a la puerta.

Como ese fogonazo de blancura. Como ese brochazo que pinta tu corazón de una claridad tan poderosa, tan definitiva, como exhibe, orgulloso, ufano, el almendro, mostrando esas galas nupciales, que son un canto a la vida que ya se prepara.
Otro año más.

Como dentro de ti. También nace imparable ese nuevo brote. Ese nuevo esqueje que espera vestirse de organza, y de espuma. Un año más.
Preparándose para ofrecer algo nuevo. A los demás. Al mundo entero. Quizá solo a ti mismo.

Pintando estos instantes luminosos que entran por la ventana con una luz esplendorosa, esperanzada, ilusionante.
Porque la naturaleza se prepara también para esa eclosión de vida, de amor. Para ese milagro renovado de volver a empezar.

Y tú, escéptico y malherido, tras este largo y duro invierno y, también aterido y marchito, enterrado bajo los cascotes de tantas crisis.levantas un párpado, arqueas una ceja, te yergues un momento, tras mirar por la ventana, y te vistes de blanco como el orgulloso almendro.

A lo mejor solo son los mismos descosidos y desgastados andrajos con los que te has arrastrado en estos meses de penumbras y de zozobras.

Solo que hoy los dora otra luz. Los baña otro horizonte.

Y tú te miras de igual a igual con el almendro. Como si ante un fiel espejo te observaras.

Es la primavera que llega
Con su imparable embrujo.
Es la primavera que incendia cuanto toca.
Y nadie puede esconderse de ella.


Y recuerdas el destello de esa bellísima canción de los Beatles que habla de ello: HERE COMES THE SUN

https://www.dailymotion.com/video/x9hj7t0

Dice así: "...Niña, han sido largos, fríos y solitarios inviernos / Niña, se siente como si hubieran pasado años desde que estuvo aquí / Aquí viene el sol / Aquí viene el sol / Y yo digo: todo está bien / Niña, las sonrisas regresan a las caras..."


UNA MAÑANA DE PRIMAVERA

De repente: una mañana. Tal vez ha sido por el tradicional cambio de hora. O, quién sabe por qué. Descorres el visillo que inaugura el mundo y un torrente de luz alumbra, por primera vez, esas cavernas interiores en las que has hibernado en los últimos meses.

Te preparas un café y sales a la terraza. Hay un colegio en frente y un griterío de niños reviste de una alegría inocente, extraña, imparable a los rayos de sol, que te parecen más brillantes que nunca. Dos brochazos de una blancura reluciente, desafiadora, llena de íntimo orgullo, parecen salirse del cuadro e inundan tu retina. Son esa pareja de almendros, que exhiben sus galas de fiesta que dormían en el armario. ateridas de frío y que, hoy, visten de organza, y de espuma, esa esquina del jardín.

Hay dos adolescentes que se besan al sol apoyados en la verja con los ojos cerrados. Y algo en ti, también se emociona y te conmueve: Será el milagro de la primavera. Será ese pálpito que todavía late abriéndose paso, un año más, entre tanta frustración y desesperanza. Será esa savia nueva o, al menos, renovada, que cura las heridas del cansancio, y de la desazón. Será esa nueva oportunidad que nos da la vida de participar en ese coro que llena de estruendo, y de color, la naturaleza, que nos rodea.

Un pajarillo se posa por un momento en la balaustrada y nuestras miradas se cruzan fugazmente. Luego, lleno de vivacidad, de gracia, de hermosura, en un escorzo velocísimo se lanza al espacio y me invita, o eso creo yo, a que me deje caer también al vacío, sin frenos y sin paracaídas, para columpiarnos los dos en ese rayo de sol que cruza el aire esta mañana y la llena de la pureza de cuando éramos niños.





Y qué mejor que respirar esta primavera que está llegando con este destello de música:


LAS CUATRO ESTACIONES DE VIVALDI: https://www.youtube.com/watch?v=qJLwgiulD0A


jueves, 12 de marzo de 2026

LA FAMILIA: ESE IMPULSO VITAL (Para el proyecto "Destellos").

 Me hace una ilusión tremenda este viaje a la Costa Este de Estados Unidos. Vamos con mi hija y su marido a visitar a nuestro segundo hijo, que está ya terminando su MBA en la prestigiosa universidad de Wharton, en Filadelfia.

Sí, cuando eres padre, quieres ayudar  a tus hijos a salir adelante. Yo creo que no hay placer mayor que verlos preparados para volar solos y comprobar que todos tus esfuerzos han merecido la pena. Y, cuando eres hijo, quieres que tus padres estén contentos contigo y sentirte querido y apoyado por ellos.

Hay algo de impulso vital básico,  de destino compartido, de hacer progresar el mundo en esta cadena que somos unas generaciones detrás de las otras.

Nunca habrá nadie que te quiera tanto como tus padres. Y eso es necesario para que crezca en ti la autoconfianza y la fuerza suficientes para empujar adelante tu propia vida.

Ese depósito de amor que recibimos y que nosotros trasladamos a nuestros hijos yo creo que es el motor que, al fin y al cabo, mueve el mundo.

Y ese destino compartido, esos lazos de amor y de cariño, también conforman una institución, la institución de la familia. Que, como todas, está expuesta a cambios, a mejoras, a retos que debe asumir para seguir cumpliendo su función en cada época. 

Me acuerdo ahora de lo que escribí sobre ella para el Diario Iberoeconomía y rescato un "Short" sobre ese destino compartido, ese vivir juntos, al son de la música.  https://youtu.be/SB1UJv82PcE


LOS RETOS DEL MUNDO QUE VIENE: ¿HACIA UNA NUEVA FAMILIA O AL FIN DE LA MISMA?

Decía Confucio, el gran pensador chino, hace 500 años antes de Cristo, que “la fortaleza de una nación deriva de la fortaleza de cada uno de sus hogares”. Y uno de los emprendedores más brillantes del siglo XX, Lee Lacocca, remarcaba: “La única roca que conozco que se mantiene constante, la única institución que funciona, es la familia”. ¿Pero no creen ustedes, que la familia actual, como todo, está sujeta a revisión? ¿Serán las familias de los próximos años parecidas a las actuales? Y aún más: ¿Existirán las familias?

Para contestar a estas preguntas debiéramos empezar por respondernos primeramente a esta: ¿por qué existen y son tan importantes las familias? Porque no en todas las especies de animales la importancia de la familia es igual a la de la especie humana. Inclusive, en la mayoría, al poco de nacer los hijos, la familia como tal desaparece, quedando solo, en algunos casos, el papel protector de la madre durante un pequeño tiempo. Y, luego, nada.

El hombre nace prematuro, un niño absolutamente desvalido, y necesita el apoyo de ambos padres durante largo tiempo para salir adelante. La raíz de la palabra familia, viene de fames (hambre), la familia sería pues un grupo de personas que combaten el hambre juntos. Antiguamente el padre se encargaba de la defensa ante los depredadores y de traer comida, mientras que la madre lo hacía del cuidado de la prole y de la enseñanza. Siendo esta última también clave en la justificación de la necesidad de la familia.

Lo explica muy bien el famosísimo autor de Sapiens, Yuval Noah Harari: a diferencia del resto de animales superiores, que nacen como productos terminados (vasijas de vidrio, los llama, que si tratas de moldearlos se quiebran), equipados definitivamente con sus instintos y cultura de especie, los niños nacen como una gelatina de vidrio, pendiente de moldear, a la espera de que la cultura y valores de su familia y, posteriormente, de su entorno los vayan configurando definitivamente.

La importancia de esta vertiente educativa y moldeadora del pensamiento del niño, particularmente durante el siglo XIX, quisieron apropiársela algunos de los estados de orientación comunista, para sus propios fines, intentando sustituir la familia por una especie de amor libre sin compromiso con los hijos que pasarían a su tutela. Pero, en términos generales, la familia tradicional y monógama se ha mantenido muy mayoritaria hasta nuestros días, donde está sufriendo una serie de vaivenes importantes que la afectan.

Por una parte: el estado del bienestar de las sociedades avanzadas se ha hecho cargo de una parte importante de las funciones de la familia: cuidado de personas mayores y educación gratuita a partir de los 2 años.

Por otra parte, la revolución de la mujer y su incorporación plena y generalizada al mundo laboral, ha producido un cambio rotundo en los roles de la pareja dentro de la familia, donde ambos padres acometen, o debieran acometer, en igualdad de condiciones y sin especialización por género, todas las funciones, obligaciones y compromisos necesarios para el funcionamiento de la misma.

El reconocimiento y respeto hacia todas las minorías de orientación sexual, o vocación monoparental, diferentes a la mayoritaria hetero, ha producido también, aunque probablemente es más en la apariencia que en el fondo, un menoscabo de la imagen de la familia tradicional. Que no de la familia en sí: porque se está evidenciando que más importante que los lazos de consanguineidad de la misma es el hecho de vivir juntos y afrontar conjuntamente un mismo destino trenzado a base de compromiso a largo plazo entre sus miembros. Como lo demuestra así mismo el auge de las familias con niños adoptados.

Paralelamente, se observa una presión cultural y mediática en contra de la familia, que tiene también una raíz económica y de consumo. La familia pasa por ser la más eficiente y austera unidad económica, por uso de espacios habitables comunes y de recursos utilizables por varias personas a un tiempo, que choca directamente con la tendencia al sobreconsumo, cuando no al despilfarro, al que se inclina a veces un capitalismo exagerado en busca de su ilimitado crecimiento. La proliferación de segundas y terceras familias, con necesidad de dobles y triples viviendas y la desorganización en el manejo de las relaciones con los “ex” de todo tipo, o la proliferación de formas de vida solteras para las que se necesitan prácticamente los mismos recursos que para toda una familia, evidencian esto que comento.

Pero no es todo lo anterior, ni cada una de sus partes ni todo en su conjunto, la mayor amenaza para la supervivencia de la familia tal y como la conocemos actualmente. El mayor peligro es, sin duda, el egocentrismo, el individualismo y la falta de compromiso a largo plazo que se extiende como una gran mancha de aceite entre los jóvenes. Lo primero, no hay compromiso a largo plazo entre ellos como pareja, más bien lo rehúyen sistemáticamente. Y, en los casos que lo hay, es a menudo para conjugar los dos individualismos de ambos miembros de la misma, sin que quepa espacio para destinar energía adicional y tiempo para crear, mantener y educar una prole. Como mucho, el instinto maternal de última hora está produciendo un solo hijo de padres mayores y desganados. Hablo mayormente de España, uno de los países con menor tasa de natalidad del mundo actualmente.

Yo lo atribuyo, principalmente, a un movimiento pendular que ya han registrado otras sociedades avanzadas como Francia o Suecia, donde de esta situación que vivimos en España se ha pasado a otra donde se prima las familias con 2 ó 3 hijos. Eso sí, apoyadas decididamente por el Estado, con políticas fiscales y de conciliación adecuadas. Porque, al fin y al cabo, si no hay compromiso con la familia, ¿cómo alguien puede esperar que lo haya con su ciudad o con su nación? ¿Tiene sentido un mundo de ciudadanos encapsulados todos ellos en su propia burbuja y ensimismados en sus propias entretelas?

En nuestro reciente libro “Soñadores – Aprende a materializar tus sueños” hemos entrevistado a 27 emprendedores, si hay alguien obsesionado con su proyecto personal ese es un emprendedor. Pues bien, a pesar de ello, la respuesta general de todos ellos ha sido poner en valor la familia como el bien más preciado.

Recuerdo lo que nos dijo un joven emprendedor de solo 26 años que es uno de los más punteros actualmente en el sector de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial, Jorge Schnura: “Lo más importante en la vida es formar una familia y atreverse a depender de ella. Esto parece que no está de moda hoy en día: los jóvenes están centrados en ellos mismos, en ser independientes, ausentes de compromiso, pero es la dependencia de los demás y el compromiso, precisamente, lo que nos hace más humanos. Y vivir una vida plena”.

Así que, ese movimiento pendular que yo preveo ya está renaciendo en sectores de la juventud actual que se ven atraídos de nuevo por la familia que, como toda institución, también deberá mejorarse a sí misma, fomentando la autoestima, la justicia y el respeto de sus miembros, tanto entre la pareja como entre esta y sus hijos. Porque lo reconozcamos o no, la familia ha sido, y yo creo que sigue siendo, el gran empeño vital de todos nosotros. Ya nos lo avisó el gran literato francés André Maurois: “Sin una familia, el hombre se siente solo en el mundo, tiembla de frío”.

Y si lo que queremos es hacer un mundo mejor, la solución no ha de ser ir contra ella, como ya nos dejó dicho la gran Teresa de Calcuta: “Si quieres mejorar el mundo, ve a casa y ama a tu familia”. De amar, precisamente, va, en mi opinión, la cuestión clave de la supervivencia de la misma.

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Hay muchos momentos dorados viviendo en familia: en pareja, momentos de hermanos, de padres e hijos, de abuelos, de primos. Claro que hay situaciones también complicadas. Pero, yo echo la vista atrás y me quedo con esos momentos de oro, que pueblan de granadas espigas amarillas, los ya extensos campos de mi corazón.

Ahí va este destello: https://youtu.be/U-fi47vXgY4



HOLLYWOOD, HOLLYWOOD... (PARA EL PROYECTO "DESTELLOS")

 

Mientras preparo nuestro viaje por la Costa Este Americana, mi mente me lleva a hace dos veranos cuando, en  aquel viaje maravilloso  por la Costa Oeste en el que nos recasamos en Las Vegas, también conocí de cerca aquel paraíso soñado de mi niñez: Hollywood, Hollywood... 


Cuando yo era pequeño y vivía en El Sauce Curvo el cine irrumpió con una fuerza cegadora, fue un manantial de sueños, de idealizaciones y de magia, inagotable.  Si, aquella magia...


LA MAGIA DEL CINE

La vida en el pueblo en nuestra infancia, si la viéramos con los ojos de hoy, sin duda la calificaríamos como monótona y rutinaria. Y también aislada.
Pero yo pienso asimismo en cómo veríamos con nuestros ojos de niños de entonces la vida que, luego, de mayores nos esperaba en Madrid. O en una ciudad como Madrid. Donde hay mucha gente, es cierto, aunque no sé si tan aislada también, que no tiene consciencia ni siquiera de su propia soledad. Y donde le han robado tanto tiempo que ya no le queda sino el mínimo para dormir y ver, totalmente alienada y pasiva ya, la televisión, que le mete en casa todo lo que ellos, los del sistema, quieren, sin filtro alguno.
Pero este debate daría para mucho y no estoy seguro de que nos llevara a puerto alguno. Porque cada uno tiene que vivir con su propia circunstancia y con las cartas que le han repartido en la mesa de juego y, luego, no valen excusas ni distracciones de mal pagador.

Aunque yo hoy me acuerdo, sobre todo, de muchos momentos extraordinarios que, de niño, alumbraban con una potencia desmedida la mortecina luz de la rutina y la monotonía del quehacer diario. O, a lo mejor, no eran tan extraordinarios, sino que, quién sabía por qué, los vivíamos así.

Un día vinieron los cómicos. Yo tendría cuatro o cinco años. Vinieron con un pequeño circo, qué se yo, dos leones famélicos, tristones y cuatro monos pizpiretos. Y aquellos payasos, calzados con zapatones, que se tiraban las tartas a la cabeza. Llegaron en un camión enorme, de catorce ruedas, que nosotros las contamos, una por una, varias veces, corriendo a su alrededor.
Yo llevaba sin dormir varios días, o durmiendo mal, quiero decir, preso de emociones y excitaciones sin cuento. Pero aquello del circo solo me dejó un poso de pena enjaulada, junto a los leones marchitos, y un deje de tristeza exhalada por los ojos brillantes de los payasos, maquillados de hambruna y desesperanza.
No sabía yo que la niñez, como la vida, era un desencanto permanente. Del que te recuperabas, entonces, eso sí, casi de inmediato. Con una nueva ilusión, con la que inaugurabas el mundo de nuevo, y la alegría, llena de luces, colgaba, otra vez, de los balcones de tus pupilas, tintineando como las campanillas de los caballos trotones. Porque a los pocos días vino la gente del cine.
Así que cuando, ya de noche cerrada, entramos en el salón del Ayuntamiento, el más grande del pueblo, y nos sentamos en aquellos bancos de madera, lo hicimos con el corazón expectante, mientras mirábamos fijamente a aquella pared blanca, sobre la que huían, atónitas, las arañas.
Entonces apagaron las bombillas y un chorro de luz inundó de color y de música aquella enorme pantalla de yeso blanco. A pesar de todo el tiempo transcurrido, de todas las ilusiones, de todos los desencantos, todavía me queda, adentro, aquella magia. No hay nada que me gustaría más que saber el nombre de aquella película, que no he vuelto a ver, por mucho que lo he intentado y ya no sé dónde buscar.
Había una pradera de un verde reluciente y extraño y una vaca con dos terneros tumbados en ella, durmiendo al sol. Entonces apareció una niña de cabellos dorados y vestido rojo, la niña más guapa del mundo. Tanto, que miré hacia atrás, al proyector, para buscarla entre las estrellas de polvo suspendido. Cuando regresé, enamorado, a la pantalla, un indio, en un veloz y gigante caballo, portaba en la grupa a la niña, que me miraba, pidiéndome ayuda, con el terror y la esperanza pintada en sus ojos azules.

Nunca la he olvidado. Y nunca la olvidaré. Después de todos los años que soñé con ella. Todavía, cuando veo una del Oeste, ya casi no las ponen, por un momento aparece el caballo veloz que me la trae de vuelta. Pero ya sé que solo es un instante y que nunca vuelve.
Sí, nunca he olvidado la magia del cine. Como la de la literatura. Dos árboles frondosos que echaron en mí sus primeras raíces entonces.

De la novela: "Memorias del Sauce Curvo"



       Dejo reposar un momento el viaje,  y me centro en los proyectos de cine que nos traemos entre manos. La vida me ha dado la oportunidad de trabajar en la "Fábrica de los sueños". He aprendido cómo se escribe, se produce, se dirige la magia del cine.  Ya llevamos juntos el cine y yo casi quince años, que se dice pronto.
       Y, en el verano de 2024, conocí el corazón de Hollywood. Todo ello, lo guardo en mi corazón...



     



      Junto al Teatro Dolby de Hollywood


                Con mi chica. De recién casados, de nuevo. Junto al hotel donde se rodó Pretty Woman, en Beverly Hills, con Richard Gere y Julia Roberts.
  



HOLLYWOOD, HOLLYWOOD…
Una vez me dijo el actor Imanol Arias, mientras rodábamos nuestro cortometraje Victorita, Victorita…, basado en mi novela El día que fuimos dioses, que él protagonizaba:
–Todo en el cine es mentira, excepto lo que es la película en sí, que, a veces, también lo es.
Cuando nos acercábamos a las montañas donde está el famoso cartel de Hollywood, nos dijo Nico, nuestro guía:
–Ese cartel, que se instaló en 1923, no anunciaba los estudios cinematográficos, sino que era el reclamo de venta de una urbanización que se estaba construyendo. De hecho, el primer cartel ponía Hollywoodland.
Yo pasé por alto esta inicial decepción y, cuando terminé de hacer las fotos por la ventanilla del autobús, pensé que no importaba el cartel, sino el alma de Hollywood: el Paseo de la Fama, con sus cientos de estrellas en él.
Resultó que el Hollywood Boulevard está en un barrio cutre, feo y sin gracia. El guía nos dijo:
–Vigilad vuestras carteras, hay muchos “dedos largos” que hacen el agosto, mientras los mitómanos se embelesan con las estrellas de la acera.
Y, era una acera, en verdad. Ni muy ancha ni muy cuidada. Con las estrellas de los famosos sin orden ni concierto. Nada de Paseo de la Fama, sino una acerilla cutre, cubierta con frecuencia por vendedores ambulantes.
Fuimos al famoso Teatro Dolby, donde se entregan los Oscars. Su fachada y entrada no desentonan con la acera: vulgar, y sin chispa ni gracia alguna. Tiene, junto a él, dos grandes estatuas doradas del tío Oscar. Allí me quisieron hacer una foto, que es la que pongo, a pesar de que se me nota mucho la cara de pasmo que tengo.
Yo, lo que deseaba era encontrarme con mi musa. Aquella chica de melena rubia, labios envolventes y sonrisa dulce, que había poblado muchos de mis sueños de chaval en el internado de Sigüenza. Pero, me recorrí la acera y no di con ella, me dijeron que había más de dos mil estrellas, y que en la acera de enfrente también había cielo.
Pero, mi mujer y mis hijos tenían otras urgencias menos platónicas y más prácticas: comer. Y qué mejor que hacerlo en el mítico Hard Rock Café de Hollywood. Así que allí fui, no me quedaba otra, a ponerme en la cola. Se dan mucho postín en él, crean una fila artificial de decenas de personas, pero, cuando entras, ves un montón de mesas vacías. Otra mentira más.
Allí, comes rodeado de carteles de estrellas en las paredes y te hacen una foto de regalo. Bueno, te hacen varias más, que si deseas tienes que pagar a precio de oro. La comida, correcta, sin más.
Yo, ansiaba por volver a la acera y descubrir a mi estrella. Le pregunté a un vigilante que había en la puerta. “¿Monroe? –me contestó– Esa debe ser de las antiguas, ¿no? Pues no tengo ni idea, pregunte por ahí”. Le hubiera dado una patada en semejante sitio.
Recurrí a mi hija, la más experta con el móvil de todos nosotros. “Papá, he encontrado una aplicación, donde pones el nombre de la estrella y te lleva a ella”. La aplicación en cuestión existía, pero aquel día no funcionaba eso de “llevarte a ella”.
Desesperado, el tiempo se nos echaba encima –teníamos que ir a Beverly HIlls (otro día escribiré de él), el otro barrio mítico para el séptimo arte– mi hija encontró por fin una solución manual. Consiguió una foto de la estrella de mi querida Marilyn. Se veía el suelo y un poco del edificio que estaba a su lado.
Empezamos a mirar por los cuatro puntos cardinales y creímos localizar la fachada del inmueble. Estaba lejos. Así que allí nos fuimos los dos corriendo mientras mi mujer y mi hijo buscaban al guía para pedir algo de tiempo.
Por fin, llegamos. Y allí estaba. En el suelo. No había claveles ni rosas sobre ella. Me estaba esperando con la misma sencillez e inocencia que inundaba mis sueños adolescentes.
Sólo por capturar de nuevo aquellos recuerdos, habría merecido la pena esta visita a Hollywood. Sí, Hollywood, Hollywood…

Descubrí, que no estaba en Los Ángeles, sino en algún barrio, soleado y limpio, de mi corazón.


En el Paseo de la Fama, junto a la estrella de Marilyn, a la que llegué con la lengua fuera y con el corazón en la mano.


Siempre en mi recuerdo.


Y este destello que agradecen mi retina, mis oídos y mi corazón: VIDEO HOMENAJE A MARILYN MONROE: CANDLE IN THE WIND : ELTHON JOHN: https://www.youtube.com/watch?v=RDgIF5NCHH4


miércoles, 11 de marzo de 2026

EL ARTE Y LA BELLEZA (Para el proyecto "Destellos")

 

Todas las mañanas debiera dedicar cuatro horas al arte. En mi caso, al arte literario. Cinco mil palabras diarias, quiere decirse cinco folios, para terminar el borrador de mi nueva novela en treinta días. Pero, ahora, ya no soy un talibán del orden y del método como lo era antes. Ahora, dejo que me adelanten por la derecha, desde quedadas con amigos a acompañar a la compra a mi mujer, hacer gimnasia, cuidar de mis flores de invierno, leer lo que me apetece, estar al día en los whatsapp, preparar nuestro próximo viaje a la Costa Este americana (ya está un poco pergeñado: Boston-Filadelfia–Washington-Providence–Boston, con una posible escapada a Nueva York que, aunque hemos estado varias veces, siempre atrae), escuchar música, dejarme llevar por las olas del bienestar, quiere decirse de la vagancia, etc.

Porque, me digo, ufano, ya he trasladado el arte, quiere decirse la búsqueda de la belleza, que viene a ser lo mismo, a todo lo que hago, o, al menos, eso quisiera yo.

Porque el arte no es solo especializarte en uno de ellos, en mi caso, dos, la literatura y el cine (íbamos a arrancar con el cine, pero ahora está parado, cosas de la industria, de la financiación, diría yo), sino extenderlo a todo lo que te rodea. Ser un artista de la vida. Esa debiera ser nuestra misión.

"Sole", ese nombre común, pero bonito, de mujer, es el título de mi novela. Le estoy cogiendo cariño a Sole y,  para ella, estoy inventando un lenguaje y un estilo que nunca había utilizado. Me dice mi agente que soy tan disperso en temáticas y estilos que la gente no me encasilla en género alguno y por eso no puedo ser un autor de mayorías. ¡que les den a las mayorías! ¡ojo, aunque no deje de buscarlas!, pero, por delante, está mi instinto Y MI ARTE. La vida no es una cosa o la otra, según creo, sino una cosa y la otra. ¿Por qué voy a prescindir yo  de historias diferentes que requieren lenguajes diferentes si es lo que me pide el cuerpo? Yo no vivo de esto le digo a mi agente. ¡siento más la vida escribiendo que no es lo mismo!

Ah, el arte, el arte... Esa búsqueda de la belleza. La belleza del alma, del cuerpo, de los sentimientos, del bien estar, del bien vivir, del bien compartir con los demás, es lo único que conmueve a nuestra alma atormentada.

Yo escribí hace no mucho del arte y de la belleza, aunque  creo que nunca he dejado de hacerlo. Voy a buscarlo. Ahí va:


                                                              EL ARTE

Cuando la rutina te atrapa, cuando la realidad a ras de suelo te envuelve en su telaraña de obligaciones e inercias, tú sientes la necesidad de escapar, de fugarte y buscar el mar, quiere decirse la belleza y el misterio del mar.

Y buscar la belleza no es otra cosa que buscar el arte. Ah, el arte, el arte… El arte es la única forma de trascender nuestra vida caduca y buscar la eternidad, ese sitio del que un día vinimos y al que retornaremos, así lo crees. Porque un día fuimos dioses, solo somos esquejes del árbol de la divinidad. Tú escribiste todo un libro acerca de esto: “El día que fuimos dioses”. Tu primera novela. Dicen que un escritor siempre escribe el mismo libro, todos los siguientes van girando como los planetas a su sol que los vio nacer.

En este libro, tu alter ego, el personaje de Peter Fleming, próximo a morir, aconsejaba al joven Chow:

—El arte es lo más excelso que sabe hacer el hombre, es el enchufe que le comunica a la corriente de la trascendencia. Como te decía, querido Chow, el hombre debió ser dios un día, y el arte es la reminiscencia que nos queda de aquella época en lo más profundo de nosotros. El arte es la búsqueda de la belleza y la belleza es la única cosa que de verdad conmueve a nuestra alma atormentada.
—Siente esta música serena y melodiosa, Chow. Déjate llevar por ella y aprenderás, de golpe, todo lo bueno, todo lo bello de lo que es capaz el hombre. De ese tipo de semilla también hay siembra en tu corazón. Déjala que crezca y se desarrolle, hazle un sitio entre la rutina y tus instintos... —el cirio escucha estas palabras como embelesado y hasta un poco estupefacto y chisporrotea con más gracia, con una cadencia más alegre y repentina...— y cuando tu corazón, Chow, esté repleto, poblado de granadas espigas doradas, entonces aprende a expresar todo eso que guardas, para que salga fuera de ti. Y, aquello que nació de tu esencia verdadera, conmueva a otros, ilumine a los caminantes perdidos en la bruma, germine en otros campos, remueva las aguas del hastío, de la frustración y de la desesperanza, y enseñe al mundo entero que cada hombre es algo único en el universo, que esa llamita que todos llevamos dentro es el rescoldo de nuestra esencia divina que trascenderá a nuestra corta vida y que nadie debe ignorar ni olvidar.

Cuando vas a tu cabaña de Alicante, siempre ocurren cosas. Tienes una casa escueta y nada que hacer. Así que solo queda lo importante, abrir tus sentidos, esas ventanas que unen el exterior con tu yo íntimo, y dejar pasar al arte. El arte siempre te inunda cuando te quitas la coraza que llevas puesta para manejarte en la vida y solo quedas tú.
Entonces, el mar te habla al oído, o son esos atardeceres que aparecen como una puñalada de arte en las faldas del faro de El albir. El albero es el cielo / sangre de toro / en la arena / inmensa/ de un atardecer rojo. La belleza te inunda y te conmueve. Sientes una compasión infinita por el ser humano, por ti, que eres capaz de captar tanta belleza a tu alrededor cuando dejas que esta se acerque, y eres consciente también de que tu misión en esta vida es aprender a despedirte un día de ella. Un día que cada vez está más cerca.
Tú has escrito también de las casualidades. Crees en ellas. Esa misma noche zapeando en la tele, das con la inmensa película de Blade Runner. Cine del bueno, arte de verdad. Cada plano es un poema que te conmueve, que te zahiere por dentro. Como su música. La escuchas mientras escribes estas líneas.
Los hombres, en un futuro cercano, han creado unos seres iguales a ellos, tan hermosos y sabios como ellos, o más, si cabe. No son solo animales, robóts, son carne de su cuerpo, sangre de su sangre. Pero solo duran un máximo de cuatro años. Esa fugacidad los destroza por dentro, se rebelan contra ella, buscan a su creador para que les dé más tiempo… ¡Qué maravillosa metáfora sobre la propia vida humana! Qué pena que esta no sea una película y al final no nos podamos fugar con una “replicante” hermosísima y sensual, aunque fugaz, como hace el protagonista.
Sí, nuestra vida no es una película… Así que tú te fugas con la belleza, cuando te sorprende, cuando la encuentras en cualquier esquina, o en los atardeceres rojos de las faldas del faro de El Albir o en cada uno de los fotogramas poéticos de Blade Runner y su mensaje.
Y, cuando estáis juntos, ella y tú, el mundo entonces te parece hermoso y los hombres, buenos. Vas a buscarla para vivir con ella en ese universo del que un día debimos venir. Sí, el día que fuimos dioses debió ser maravilloso.
Luego, cuando regresas del mar, te encuentras con Ucrania, con Gaza, con tus propios errores, egoísmos y flaquezas… Con tanta fealdad y maldad… Con tu tiempo que se acaba, como el de un “replicante” más.
¡Cuánto dolor, cuánta pena! Como la que sentirá también el protagonista de Blade Runner, cuando se muera su amada y solo le quede el mundo desnudo de amor de nuevo.
Tú has descubierto cómo no hundirte del todo, te guardas este as en la manga, esta íntima baza que has encontrado para sobrevivir en el lodazal, para limpiarte del fango de vez en cuando. Sí, cuando ya no puedes más, cuando lo horrible de este mundo y de nosotros mismos te ahoga y te avergüenza, tú te fugas con la belleza, con el arte que te lleva hacia ella, que te espera una vez más, como una paciente novia, al borde del mar.
Y vivís allí juntos, por unos días solo, esa felicidad, ese breve espacio de tiempo que debe haber entre este mundo y la eternidad.

Y aquí, ese destello del TEMA DE AMOR DE “BLADE RUNNER”: https://www.youtube.com/watch?v=h9ezypI-yc4


Así que ya, más tranquilo, más centrado, continúo con "Sole", ya llevo quince mil palabras, un veinte por ciento aprox. , esta novela será algo más corta, que cada año voy siendo más viejo. Pero, sí será, como todas, una búsqueda del arte, de esa belleza que debiera estar en el mundo, o, dentro de nosotros, aunque a veces está tan profunda, tan escondida que  hay que hacer verdaderos esfuerzos para lograr encontrarla. Pero, buscando y buscando, se va pasando la mañana, o la tarde, o, quizás la vida entera.  Sé que esa búsqueda a mí me merece mucho la pena, ¡qué sería de mí si un día ya no lo intentara! ¡Vamos con "Sole"!

Y un recuerdo de esa belleza cerca del mar de Altea, mientras pienso y añoro ya los mares americanos.




lunes, 9 de marzo de 2026

AH, LOS PUEBLOS, LOS PUEBLOS... (para el proyecto "Destellos")

Ayer estuvimos en El Sauce Curvo. Me dice mi wife que yo me meto en todos los charcos. Y lleva razón. Será porque la siento a ella detrás, añado yo, y se queda tan contenta.  Yo tenía un sueño que se va a hacer realidad. Ayer quedamos con el carpintero. 

Nos va a hacer un mueble que cubrirá dos paredes de una casita auxiliar que tenemos. En sus numerosas baldas pretendo ubicar un museo de recuerdos: utensilios de las últimas décadas, radiocasettes, máquinas manuales de escribir, cintas de vídeo, las botas y el gorro de la mili, qué se yo, como no tiro nada, lo tengo todo, ahora bien, a saber dónde. Pero, ya sueño con verlo en pie en unos meses.

Y es que, dónde mejor lo puedo hacer que en mi pueblo, donde tengo mis raíces y mis recuerdos más lejanos en el tiempo. Además, habrá muchas cosas de mis padres, que también eran ambos de allí, e inclusive  de mis suegros. Sí, los pueblos te ofrecen pasado y presente todo junto, sobre el futuro dicen que es mejor no hablar, quizás no subsistirán en el futuro, pero esa es otra historia. Para mí, nunca morirá el mío.

En mi salón principal, tengo unos cuadros de recuerdo de la familia, los que estamos, y los que ya se fueron. Y, toda la casa, está llena de recuerdos de aquellos a los que todos  días echamos de menos y, que de alguna manera, allí permanecen.


Un barco de mi suegra y un reloj de pared de mi madre.Por cierto, tengo que equilibrar este último. No hay nada mejor que hacer fotos para darse cuenta de ello.



Mis hijos, con mis padres y mis suegros  (falta poner una foto de la boda de mi hija con mi yerno). En el rincón puede verse la máquina de coser Singer de mi madre, una verdadera joya, y la radio de cuando yo tenía cuatro o cinco años y me asustaba porque pensaba que había gente dentro, lo cuento en Memorias del Sauce Curvo, también se ve un juego de té de mi madre sobre la mesita. ¡Cuántos recuerdos!

Y nuestro hijos aprenden de todo esto. Y recuerdan a sus antepasados a través de los objetos que un día les pertenecieron.


Ah,los pueblos, los pueblos...

Yo escribí un artículo sobre ellos, con motivo del día de San Bartolomé, el patrón de las fiestas de mi pueblo el pasado año. Ahí va:



¿PUEBLOS O CIUDADES?

Si analizáramos los principales indicadores relativos a la población o a la economía de un país desarrollado, veríamos que las ciudades ganan a los pueblos por goleada, en un proceso de absorción que parece que no tiene fin.
Sin embargo, hay algunos brotes verdes que indican que algo está cambiando. La gente empieza a preguntarse cosas. No es oro todo lo que reluce en la gran ciudad: la gente huye de los pueblos porque dicen que no quieren estar solos, pero, ¿será cierto esto que afirmaba ya en el siglo XIX el escritor Henry David Thorau: “La ciudad es un lugar donde miles de personas están solas juntas”? ¿Y qué opinan de aquello que dijo el premio Cervantes Octavio Paz: “Las ciudades modernas solo son desiertos de gente”? Esos desiertos que solo producen soledad e incomunicación, llenos de grandes bloques donde no se vive “al lado de” sino unos encima de otros, como ya nos avisaba Eduardo Galeano: “Las ciudades se han convertido en jaulas verticales”.
Algún fan urbanita podría argumentar que, en los pueblos, aparte de que no hay gente, no hay nada para disfrutar de la vida. Pero, cada vez más ciudadanos se preguntan si no será que “las ciudades solo hacen que crear necesidades artificiales que solo llevan a angustias innecesarias”, como afirmaba el filósofo Jean Jacques Rousseau o que “producen un ruido tan alto que ahoga el alma de los individuos”, como resaltaba Fernando Pessoa.
Cada vez más gente piensa en este dilema: ¿Pueblos o ciudades? Y, más ahora, donde los precios inmobiliarios están no en las nubes, sino casi en las estrellas. Y se rascan la cabeza enfrentando las ventajas e inconvenientes de los pueblos:
Ventajas:
Tranquilidad: la ausencia de ruido, tráfico y estrés convierte a los pueblos pequeños, en auténticos refugios de paz.
Naturaleza: el contacto diario con el entorno natural favorece la salud física y mental.
Comunidad: aunque pequeña, la vida social en ellos es más estrecha y cercana que en las ciudades.
Coste de vida: en general, los gastos de vivienda y alimentación son menores que en zonas urbanas.

Desventajas:
Falta de servicios: muchos pueblos carecen de médico, escuela, farmacia o incluso tienda de alimentos.
Aislamiento digital: aunque mejora poco a poco, la cobertura móvil o de internet es deficiente en muchas áreas.
Escasas oportunidades laborales: salvo en sectores agrícolas o turísticos, el empleo es muy limitado.
Envejecimiento: la mayoría de la población supera los 65 años, lo que afecta al dinamismo y sostenibilidad local.

Y el escritor de este artículo, que respeta más que nadie el libre albedrío de la gente, deja que cada cual vaya sacando sus propias conclusiones para tratar de ser lo más feliz posible, que es lo que importa. Aunque él lo tiene muy claro desde hace tiempo: él se siente como uno de los privilegiados que tiene pueblo y ciudad, que nació en una comunidad pequeña, como Sacecorbo, donde todo el mundo se conocía y tenía a toda su familia alrededor, y aprendió a vivir de la austeridad, que solo significa como todo el mundo conoce: saber disfrutar mucho más de aquello que logras alcanzar, y guardar algo también para cuando las nóminas mengüen, esto sí que es desarrollo sostenible, que está tan de moda ahora. Y aprendió también a conocer y deleitarse con la naturaleza, ¡y tantas otras cosas!
Luego, aprendió a amar a una ciudad como Madrid, abierta a todo el que llega, competitiva pero llena de meritocracia, de oportunidades, de progreso, de grandes empresas, de formación y de mucho futuro. ¡Ay, pero que también sufre de las incomodidades, contaminación, ruido, estrés y mil puñales más que se te clavan en tu interior y que pueden amargarte la vida!
Cuando eso le ocurre, él tiene su remedio, piensa el escritor, su particular farmacia, su médico de cabecera, que es coger su coche y en un pispás acercarse a su pueblo. A Sacecorbo. Asomar por el cementerio y saludar a sus padres que yacen, solo dormidos cree él, rodeados de toda esa comunidad de personas que el escritor conoció y acompañó a su último destino, de niño, siendo monaguillo, y que todavía recuerda en qué casa vivió cada una y qué circunstancias la rodearon. Esa comunidad de los que se fueron, pero que siguen ahí, esperándonos, en ese barrio que es uno más del pueblo. Ahí nos reuniremos todos los que vivimos un día juntos, que es algo que jamás te podrá ofrecer la gran ciudad.
O tomarte un café sin prisas en el bar y charlar de cosas de hace cincuenta o sesenta años con un viejo compañero de escuela con el que te une más autenticidad y verdad que con cualquiera.
Recorrer los caminos, los senderos que llevan a la Barbarija, a Monseco o al Barranco de la Hoz, que es como recorrer toda tu vida de nuevo, ligero de equipaje, respirando un aire más puro que ninguno y una luz que ya quisieran en la Puerta del Sol.
O gastar unos días en las Fiestas de San Bartolomé, o “con el hombre orquesta”, de la Asociación de vecinos y jubilados, bailando esas canciones que llevan tu corazón y tu cabeza a aquellas primeras historias de amor que te han conducido a lo que ahora eres.
Sí, el escritor, cada semana, tiene que ir a segar, a regar el césped, como otros plantan tomates y cebollas que, en realidad, son solo la excusa para ir a nuestro pueblo, para escapar de lo que tiene de cárcel la gran ciudad y reencontrarte con tu esencia, con la inocencia y la ilusión de cuando eras un niño.
Por todo esto, el escritor piensa que quienes más pueden hacer por sus pueblos, –y esto no es eximir a nuestros gobernantes en absoluto que tienen que convertir la España vaciada de oportunidades en la España llena de esperanza–, somos los que nacimos allí, los que sabemos la bondad de sus vitaminas, de sus cielos abiertos, del tiempo que va más despacio y que hace más larga la vida. Y quién sabe si más feliz.
Seguro que ese contagio llega a otros que ya se están preguntando cosas. A otros, que nunca tuvieron pueblo, y sienten, cuando nos miran, la envidia de tenerlo.
Porque regresar a los pueblos, en mayor o menor medida, es algo que no nos podemos perder. Regresar es “volver – como dice el tango– con la frente marchita/ las nieves del tiempo/ platearon mi sien/. Sentir/ que es un soplo la vida/ que veinte años no es nada/ que febril la mirada/ errante en las sombras/ te busca y te nombra. / Vivir con el alma aferrada/ a un dulce recuerdo…
Disfrutemos pues de nuestro pueblo a tope, los afortunados que lo tenemos, aunque vivamos lejos, y acérquense a ratos, si pueden, a las ciudades los que viven en él. El escritor, que ya tiene sus años, ha aprendido que en esta vida no debe quererse una cosa o la otra sino, precisamente, una cosa y la otra.
Tal vez, porque se acuerda de aquello que dijo el sabio: “el secreto de la vida feliz es tener muchas pasiones, pero ninguna dependencia”.
Así que, vivamos donde vivamos, no nos olvidemos nunca de gritar alto y fuerte, para que todo el mundo nos oiga, ¡que viva siempre también nuestro pueblo!
Porque así sea.


Y recuerdo también, cómo no, ese destello que supuso para mí realizar un pequeño videoclip para la Asociación de Vecinos de El Sauce Curvo, en homenaje a nuestro pueblo. Sacecorbo, junto con su pedanía, Canales del Ducado, no llega a los cien habitantes en estos momentos. Este vídeo lleva más de dos mil visitas en youtube. Quiero pensar que ahora es un poco más conocido que lo era antes. Se lo merece. ¡Y mucho!


https://www.youtube.com/watch?v=zgDVnjYkWt8






sábado, 7 de marzo de 2026

EL SECRETO DE LOS VIAJES. VIAJE A JORDANIA (Para el proyecto "Destellos")

 

¡Ya tenemos los billetes! Madrid-Boston, Boston-Madrid. Será en Semana Santa. Mi wife estaba esperando a que nuestro hijo consiguiera lo que estaba buscando con ahínco: un trabajo acorde al gran esfuerzo que ha hecho y que está haciendo con su MBA en la London Business School y en Wharton. Ya lo tiene apalabrado y están trabajando en los contratos, detalles, etc. Así que no le vamos a molestar, sino a celebrar con él el próximo final de su MBA y su comienzo en un Fondo de Private Equity en Londres dentro de unos meses.

Además, iremos toda la familia. Se ha apuntado también mi hija y su marido. Lo pasamos muy bien hace dos años en la Costa Oeste. Ahora probaremos con la Costa Este y seguro que disfrutamos como entonces. Esperemos que Donal Trump  y Pedro Sánchez no nos lo pongan difícil.

Ah, los viajes, los viajes... Para celebrar. Para descubrir. Para disfrutar. Para aprender... El secreto de los viajes. Yo escribí sobre ellos en mi primera novela. Dicen que un escritor siempre escribe el mismo libro, aunque con distintos ropajes, así que no puedo estar más de acuerdo con lo que escribí entonces.


EL SECRETO DE LOS VIAJES


“Los viajes son en la juventud una parte de la educación y, en la vejez, una parte de la experiencia”

Francis Bacon



¿Tú sabes por qué se recuerdan tanto los viajes? — me pregunto cuando acabo de volver de uno —. Yo creo que es —me contesto yo mismo—, porque al final te das cuenta de que en un viaje está, concentrada, toda la vida.

La vida es como un viaje, con un origen y un destino, a veces, desconocidos y, entre medias, cosas que hacer, objetivos que alcanzar, ilusiones que cumplir. Cada uno se busca las suyas: hablas contigo mismo mientras miras sereno el paisaje y descubres nuevos colores que te acarician el terciopelo de tu alma o, tal vez, degustas la gastronomía por donde pasas y pones en pie los sentidos que se desperezan por todos los rincones de tu cuerpo o, quizá, compartes parte del trayecto con alguien a quien amas y sientes entonces la alegría de la hiedra que crece por la pared blanca, o te miras en el espejo del río y ves cómo el tiempo avanza por tus sienes, hasta que, al final, llegas a tu destino.

Porque siempre hay un destino final, donde el viaje se agota, donde la vida se termina.

Lo que pasa con los viajes es que son solo como un ensayo de la vida. La vida solamente tiene un disparo, mientras que tú puedes pertrecharte con una cartuchera llena de viajes. Por eso pienso yo que los recordamos tanto.

Los viajes son como los juegos de los niños, en los que ellos aprenden, practican la gimnasia de la vida. Sí, por eso se recuerdan tanto los viajes, como los niños recuerdan lo felices que eran jugando.

De mi novela "El día que fuimos dioses"

Y, entonces, echo la vista atrás. He viajado bastante, o mucho. He estado en los cinco continentes y en las principales ciudades de todo el mundo. Por trabajo y también empujado por ese secreto de los viajes.

Hoy viene a mi mente ese destello de una viaje a Jordania, tal vez porque toda la región está ahora en los periódicos. Dicen que en Jordania está el desierto más hermoso del mundo: el Wadi Rum, o "Valle de la Luna". Va por él, porque la paz se extienda ya mismo sobre todo el Oriente Medio, hoy en llamas.





VIAJE A JORDANIA: UN PAÍS JOVEN, PEQUEÑO Y POBRE, PERO CON…

Acabo de regresar de este país, pequeño, pobre y joven, como lo definió nuestro guía jordano, un tipo peculiar y entrañable y, sobre todo, cariñoso y servicial, como yo creo que son, en general, sus gentes. Un país desértico como pocos, al que, sin embargo, da su nombre el río Jordán.


Ordenaré, con tiempo, todos mis apuntes, pero así, a vuela pluma, puedo anticipar que no defrauda a sus visitantes. Como digo, la gente es encantadora, despliega un amor a sus turistas como aquella España de los sesenta y setenta, orgullosa de enseñar sus tesoros que no son pocos en Jordania. Máxime, tras dos años de pandemia, donde lo han pasado tremendamente mal.


Es el país acogedor por excelencia de Oriente Medio: con centenares de miles de refugiados palestinos, también sirios e iraquíes, con todos ellos hace frontera. Tal vez por ello lo he encontrado un país tolerante que lucha por actualizar sus tradiciones: muchas chicas conduciendo con desparpajo por sus calles, pocos velos y una hacendosidad que se percibe por doquier.


Por historia, por arte, por monumentos, por paisajes, su riqueza es extraordinaria. El turista regresa con la mente inundada de tradición, de exotismo, de antigüedad y de ese perfume íntimo que solo lo da lo auténtico.


Gerasa te lleva al esplendor de la gran civilización romana, Betania a los recodos del Jordán, ya solo un riachuelo, poco mayor que el Manzanares, donde Juan el Bautista bautizó a Jesús y donde mucha gente se bautiza hoy en día sumergiéndose en él como si de un pequeño Ganges se tratara. El Mar Muerto, con el Jordán moribundo, muere cada día un poco más. Ya está a cuatrocientos metros bajo el nivel del mar, encogiéndose cada día que pasa. Nosotros nos dimos sus barros y sus pócimas buscando la eterna juventud, que también se nos muere, mientras sus aguas, calmas como pocas, nos miraban con tanto cariño como escepticismo.


Petra es un fogonazo abrasador y luminoso del que no te recuperas. Caminas por su desfiladero con el alma encogida de misterio. Estremeciéndote por si los nabateos salen de nuevo de sus tumbas y te expulsan a flechazos de su valle, como debieron hacer miles de veces con quienes osaban invadirlo. La Puerta de los Tesoros te espera, como faro capital de la Ciudad Rosa.


Los beduinos fundaron Jordania, ya solo quedan unos diecisiete mil, según nos dicen. Sus jaimas se ven, dispersas, por los paisajes rocosos y arenosos que rodean al Desierto Rojo. El que dicen es el más bello del mundo: el Wadi Rum. Ahora conducen veloces 4x4, donde los turistas nos subimos y juegan con nosotros en una carrera alocada donde el viento y las dunas nos hacen niños de nuevo como si de un parque de atracciones se tratara.


Un tren desvencijado y desconchado apenas se mantiene sobre una vía vetusta. Son algunos vagones del Hiyaz, aquella vía férrea que pretendía unir el Gran Damasco con La Meca y que fue abortada por Laurence de Arabia y por los propios beduinos que no digieren bien que nadie cruce sus desiertos. De repente, el tren se pone en marcha echando un humo negro y denso, como los del Far West. Los beduinos se acercan en camellos y rememoran cómo lo atacaban hace décadas. El tren ya no cruza el desierto, es verdad, pero las jaimas de lujo para turistas ricos que desean dormir con las limpias estrellas sobre sus cabezas empiezan a inundar el paisaje. Las placas fotovoltaicas y los molinillos de viento acechan también por los alrededores.


Sí, Jordania es un país joven, pequeño y pobre. Y para progresar tiene que vender un poco de su alma al diablo. Como todos.


A mí me gusta este país. Le faltan muchas cosas. Pero en él me doy más cuenta de aquellas que nos sobran a nosotros. Tiene la alegría en sus niños, que nos rodean con toda la curiosidad del mundo, que ya no logramos recordar nosotros, cargados de tantos souvenirs y de todas las obligaciones que nos esperan, acechantes, a la vuelta.

Dos vídeos personales de recuerdo:

https://youtube.com/shorts/HeFzcuOPbpM

https://youtu.be/ooteEkPPO6M





ALGUNAS FOTOS:







En la Puerta de los Tesoros de Petra.









En el castillo de Shobak. Con unos niños beduinos, que acampaban junto con sus padres y otros seis hermanos en su jaima, en los alrededores del castillo, amables pero enhiestos y orgullosos, con un pelo y unas pestañas tan negras como nunca he visto.









Mi chica en el desierto de WADI RUM




Y junto al tren de la antigua vía del HIYAZ.


Y qué mejor que preparar un viaje a Jordania, cuando la situación bélica termine:: https://www.youtube.com/watch?v=fG4ww6IpW2I

Déjate llevar, mientras tanto, por la música y los paisajes jordanos de Petra y del desierto de Wadi Rum de la mano de la legendaria banda de rock gótico Sisters of Mercy y envuélvete en el exotismo, los secretos y la aventura: https://www.youtube.com/watch?v=4FrxFYfNNe0





jueves, 5 de marzo de 2026

TIEMPOS DE CINE DE VALORES E INDEPENDIENTE: "AYUDAR A LOS DEMÁS ES AYUDARTE A TI MISMO". (Proyecto "Destellos)

 

Me llama Manuel Serrano, productor de  Tus Ojos, pronto empezaremos con el próximo documental sobre una ONG que trabaja en apoyo de la tercera y cuarta edad. Me alegro, sobremanera, aunque, como nada es perfecto, se resentirán mi novela y mi libro de literatura y cine "Destellos" que, probablemente, se espaciará en este blog a partir de ahora.

Me acuerdo de aquel primer documental que escribí y dirigí, hace ya casi dos años:  TIEMPOS DE SOLEDAD. Rebusco y encuentro aquel post que escribí sobre ello.


TIEMPOS DE CINE 

Estamos ya calificando el documental, que, finalmente, se llamará: TIEMPOS DE SOLEDAD.

Veo en mi ordenador la última versión para hacer la presentación al ICAA. Aquí termina mi función.


Y las fotografías con algunos de los entrevistados, con los que me unirá siempre este recuerdo:



Con Ángel Custodio, empresario de éxito que acabó arruinado y está saliendo de la indigencia a través de un libro, Salir de la Calle, contando su experiencia. Una persona entrañable y especial.Va a tener un papel haciendo de él mismo en nuestra peli de este año, que versará también sobre la soledad. En este vídeo en sus tiempos de indigente. Ahora todavía vive en un trastero.


Con la entrañable doctora en psicología y experta en Alzheimer y tercera edad: Mercedes Meneses.



Con el voluntario Sergio, de Granito a Granito: "mi familia son los sin techo".



Con Robert, con una historia durísima tras de sí, ahora colabora con Granito a Granito.



En la sede de Granito a Granito con Robert y Sergio.


Con Ramiro, en un descanso de la entrevista sobre la soledad entre los jóvenes, en la sede de la increíble Fundación Lázaro.



Acabo de terminar, ahora mismito, la sinopsis argumental para la calificación del documental ante el ICAA. Esta es:

MEMORIA

 

TÍTULO: TIEMPOS DE SOLEDAD

 

AÑO DE PRODUCCIÓN: 2024

 

DIRECCIÓN: Francisco Rodríguez Tejedor

 

SINOPSIS ARGUMENTAL

 

     “La soledad no deseada es el más grande de todos los males, y cualquier remedio contra ella es mejor que ninguno”, nos dejó dicho el filósofo Francis Bacon. Hoy vivimos tiempos de soledad. Ángel Custodio fue un empresario de éxito, hasta que se le torcieron los negocios, se arruinó su empresa y él, pensando en reflotarla, lo perdió todo. Su mujer lo dejó también. Se vio solo y abandonado por todos. Intentó suicidarse, no lo consiguió. Decidió vivir. Sobrevivir de indigente en la calle. Escribió un libro contándolo, que le está permitiendo salir de ella.

     Robert, en su Polonia natal, perdió, en un accidente de coche a dos gemelos que esperaban. Ese dolor rompió su matrimonio. Se dio a la bebida. Se quedó solo. Un primo en España lo rescató para trabajar de recogedor de fruta. Pero el alcohol volvió a acecharlo. Una cuesta abajo sin fin, viviendo en la calle, robando, yendo a la cárcel. La asociación Granito a Granito lo rescató de los infiernos. Hoy ayuda a repartir comida entre sus antiguos compañeros.

     Hachin fue abandonado por sus padres, activistas de la OLP, quedó a cargo de la organización. La mujer que lo cuidaba le ayudó, con diez años, a huir de Palestina antes de que se convirtiera en otro activista. Deambuló por varios países, solo y niño, y cayó en la droga, como camello y como consumidor. Vente años en la cárcel. Cuando salió decidió abandonar ese mundo. La asociación Lázaro le ayudó. Hoy vive con otros reinsertados, por fin tiene una familia, y ayuda como voluntario.

     Ramón nos habla de la soledad entre los jóvenes. No hay comunicación real entre los mismos, solo virtual. Él encontró salida a su soledad viviendo en una comunidad de voluntarios y ayudando a los demás.

     Mercedes, experta en mayores, nos habla de la soledad en las residencias, en los domicilios, de la tecnología como forma de conectarlos con sus seres queridos, de la necesidad del contacto real, no virtual.

     ¿Qué se puede hacer para ayudar a los demás a salir de la soledad? Sergio, de la asociación Granito a Granito, descubrió que hacerse voluntario es muy útil. Y, además, se siente más feliz. Es posible recuperar a las personas solas, marginadas, que viven en la calle. Lo que más necesitan es afecto.

     Es posible vencer a la soledad. “No es si te derriban, es ti te levantas”. Nos dejó dicho Vicen Lombardi, entrenador.



Y ahí va, como destello del día de hoy, el fragmento de la entrevista con el voluntario Sergio: AYUDAR A LOS DEMÁS ES AYUDARTE A TI MISMO. Tengámoslo en cuenta.


https://www.youtube.com/watch?v=vAVv-Dodt3I