viernes, 26 de junio de 2026

LLEGA EL VERANO (PARA EL PROYECTO "DESTELLOS")

 


Me pilla la llegada del verano en mi refugio de Alicante, a donde llego, exhausto, a que el mar cure mis heridas. Ah, el mar, el mar… Los ribereños celebran el solsticio, la noche más corta del año, concentrándose en la playa hasta la madrugada, adorando la fuerza del sol encarnada en una hoguera sobre la que saltan y bailan.
Nosotros aparecemos por la Cala de Finestrat, un poco por casualidad, es la primera vez que celebramos la entrada del verano en estas tierras, que se solapa, más o menos, con la noche de San Juan y desconocíamos estas tradiciones. Es una cala entrañable y doméstica que solemos visitar, con una playa en forma de concha, una arena mullida y suave a la que visitan esta noche familias enteras, chicos y grandes con sus deseos, tan distintos, al hombro.
Hay una luna en todo lo alto que es como un faro gigantesco que lo alumbra todo. Nos dicen que han prohibido las hogueras porque la gente saltaba sobre ellas sin medir sus fuerzas, a veces sobredimensionadas por el alcohol. Ahora el rito es meterse de espaldas en el agua y contar hasta la séptima ola, mientras desgranas tus deseos y tus esperanzas ante el dios de la noche.
Nos dejamos inundar por esa música de fiesta, por ese ambiente de camaradería, por el embrujo del mar y de la luna, por la fragancia del verano que ya nos rodea por doquier. Ah, el verano, el verano…, su hedonismo y su alegría…


NOCHE DE SAN JUAN: https://youtu.be/0jZbA1tseys




Yo he escrito mucho sobre el verano, incluso le dediqué todo un libro en mi obra MIL PALABRAS PARA LA FELICIDAD. Voy hasta él y encuentro algunos destellos:

LIBRO III

VERANO, TIEMPO DE DESCANSO Y VACACIONES

“El verano es un desmesurado domingo: piensas hacer mil cosas, luego llega septiembre que es un desmesurado lunes, y no has hecho nada”
Riccardo Giannitrapani

“Casi deseo que fuéramos mariposas y viviéramos solo tres días de verano. Tres días así contigo los llenaría de más placer que el que cabe en cincuenta años”
John Keats

“Oh, verano abundante, carro de manzanas maduras, boca de fresa en la verdura, labios de ciruela salvaje, caminos de suave polvo, encima del polvo”
Pablo Neruda


VERANO

    No sé lo que tienen las estaciones. Esa compartimentación del año que, en España, tenemos la suerte de que se muestre tan acusada. Que invitan a parar, levantar la cabeza, y hacer un alto. Antes de seguir pedaleando, claro. Que eso es la vida: un verdadero tour de estaciones. De vivencias, quiere uno decir.
    Llega el verano, y uno no sabe por qué, pero lo siente, que es la manera más intuitiva y rápida de saber: ha llegado la época, el momento de disfrutar. Y de descansar, claro.
    Porque los años, los estudiantes lo saben bien, no terminan en diciembre, sino en julio. Dicen que cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso y se les empezó a aplicar la fórmula: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, empezaron los años que ahora nosotros conocemos.
    Y uno se arrastra como puede, hasta llegar a las empinadas cuestas de junio, suspirando por llegar a la cima. Desde la cual comenzará un periodo lánguido de dulce descenso. Mientras el sol dora tus contornos y la brisa te acaricia con su música reconfortadora.
    Probablemente viajes a otro sitio. Donde la memoria no te recuerde tu encadenamiento a la maquinaria de la producción y de la supervivencia, encima ahora, para más inri, tan selectiva. A algún otro sitio que te permita volar de nuevo, elevarte sobre tu cutre realidad. Soñar con muchachas medio desnudas que nadan parsimoniosamente en calas doradas por el sol.



Recargar las pilas de tu ilusión, de tus nuevos proyectos. Pero sin estresarte, sobre todo sin estresarte.
    Porque el verano es época de lamerse las heridas. De vivir, por una vez al año, con ese hedonismo reparador y dulcificador de la existencia. Es época de sentir. De despertar los sentidos, tan atrofiados durante el resto del año, y descubrirse uno con todas sus potencialidades. Pero no para trabajar, ni para uncirse a ningún yugo. Sino para saborear lo bueno de estar vivo: El disfrute de la naturaleza, de la gente que te rodea, de tus sentidos que son la ventana que te comunica con el mundo. Pero, sobre todo, contigo mismo.
    ¡Bendito verano y benditas vacaciones! Que llegan, puntualmente, una vez más. Aunque sea con más cicatrices y con menos euros en la cuenta. Qué más da. Eso quedará para septiembre.
    Ahora es el momento de disfrutar. De vaguear. De descubrir que alguna vez fuimos dioses. Como antes de que existieran las estaciones. Como antes de aquel terrible: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.     Como cuando todo el año era solo un largo, larguísimo e interminable verano.


EL REY SOL: AGOSTO, AGOSTO…

Recuerdo, de niño, cuando salía al campo de La Alcarria. En el tiempo de la siega. Que doraba los campos de un oro y amarillo furiosos, infinitos.
Y, a veces, me tropezaba con las chicas y las mujeres por los caminos polvorientos. Eran como momias egipcias, vendadas de arriba a abajo, cubiertas de blanco, excepto los ojos, misteriosos y oscuros. Como pozos hondos en el interminable horizonte quemado, abrasado por el sol.
Entonces a las mujeres les gustaba la blancura en agosto. Como a las japonesas en todo el año. Quizá sabían, o intuían, lo que una vez dijo el maestro: Una mujer blanca y sin ropa, está doblemente desnuda.
Hoy me atorro, como todos, en una playa del Levante. La verdad es que el solazo frente al vaivén de las olas tiene su encanto. Esa dejadez, esa laxitud compartida, ese dominio absoluto del rey sol casan a la perfección con ese estado de ánimo que nos ofrecen los largos agostos aburridos y divertidos a un tiempo. Aburridos por el día y por la noche, ¿quién sabrá?
Y las chicas se doran, se fríen al sol, vuelta y vuelta. Desconociendo, o tal vez no, que lo mejor siempre será ese espacio blanco y doblemente desnudo entre tanto marrón de quemazones y potingues.




Pero uno aprendió hace tiempo que no se pueden, ni se deben, imponer los paisajes. Ni exteriores, ni interiores.
Sino adaptarse a ellos. Formar parte de los mismos como una pieza más del puzzle en el que agosto nos engulle a todos.
Porque es el tiempo del rey sol. En el que todo quisqui claudica, excepto que esté a la sombra o enchufe el “Air conditioning”.
Y piensa entonces, fresquito, cuánto calor debían pasar mis paisanas de La Alcarria, o las japonesas, entre otras, por lucir blanquitas. Por renunciar a inclinar la cabeza ante el rey sol.
Y yo me meto y salgo del agua, cada dos por tres. Y luego vuelvo a la sombrilla. Porque soy de los falsos morenos a los que el sol les sienta mal. Y no se doran ni aunque los lleven a la hoguera de la Santa Inquisición.
Como mucho se van poniendo rojos como un tomate. Quizá es que a uno no le gusta arrodillarse. Ni ante el rey sol. Ni ante la madre que lo parió. Agosto, agosto…
Había una canción que no sé si recuerdan: Cuando llegue septiembre, todo será maravilloso… Pues eso.

TIEMPO DE JULIO

El tiempo es la daga que esculpe
las cicatrices de tu agotado corazón.
Dejándote en él ese mensaje cifrado
con su punta de acero
que tú entiendes tan bien.

Sí, el tiempo es solo un mapa de estrías,
un cartograma de ausencias,
que espera la definitiva y última
mueca de tu dolor.

El tiempo nos consume a todos
como un monstruo de voracidad infinita,
dejando solo un reguero de recuerdos.
Como rastro de la derramada sangre
que corre por doquier.

Tú oyes su tic tac y te sientes vivo,
navegando en las ondas de los instantes dichosos
Queriendo ignorar la cercanía de la esquina,
donde caprichosamente gira el viento
del impredecible destino.

Y no hay nada que hacer
sino columpiarte en tu barca.
Mientras el viento sopla, respira,
y te lleva de aquí para allá
rayando un camino en el mar.

¿Qué quedará de ti entre la espuma de las olas?
¿Dónde irá a caer el último sudor de tu frente?
¿Quién querrá y podrá seguir tu huella?
¿Entre tanto trajín, entre tanta gente?
Te preguntas.

Y el reloj del tiempo solo te marca la hora
que él solo entiende.
Mientras cae el sol y se termina julio.
Como también se acabarán un día las flores…
Esas que tú plantaste…

O, eras tú mismo,
floreciendo,
alegre.
Con tus pétalos al viento
en mitad de la tarde…






LAS MUJERES, LOS HOMBRES Y EL VERANO

“La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre”
Rudyard Kipling

“Quien quiera ver prosperar sus negocios, consulte a su mujer”
Benjamín Franklin

“Sin la mujer, la vida es pura prosa”
Rubén Darío

«Mirar a los ojos a una mujer, me dices mientras esparces tu mirada por el cielo estrellado de este verano, es como asomarte al brocal de un pozo. Tiemblas de miedo ante la profundidad y la intimidad de tan reducido espacio. Qué pasaría si perdieras el control. Y cayeras a lo hondo. Allí donde no hay posibilidad de recorrer sino las distancias cortas».

La atracción, y por tanto, el miedo a lo femenino no tiene límites. Eso ha sido así desde siempre. Y, quizá, por ello, esa ansia histórica de dominio de la mujer. Que no es sino un escudo defensivo para vencer el miedo. El vértigo a la intimidad, a la comunión con lo diferente, a dejarse apresar por los lazos del abrazo.

El hombre se defiende, sin embargo, tendiendo al chapuzón ligero, en lago plano, sin riesgo, y cada vez en aguas diferentes, buscando ese estremecimiento momentáneo del contacto con el agua fresca.

Tal vez para no enfrentarse a su destino: la profundidad de las aguas que empiezan a cinco metros del brocal del pozo y no terminan nunca, si miras hacia adentro.

Yo miro el cielo estrellado y me encuentro inerme ante él. Como ante los ojos de una mujer. De una mujer que te gusta y te atrae, claro. El eterno femenino. Cosas que no cambian, ni cambiarán.

Como este verano. Que es igual que todos los veranos. Que nos ofrece, de nuevo, un cielo estrellado, lleno de profundidad y de misterio.

Bajo su capa dos amigos hablan de lo que no saben. Aunque les gustaría saberlo. Mientras descorchan una botella de vino que les calienta la sangre. E incrementa la hermandad masculina, que es como una alianza de hierro, que les protege o, eso piensan, de la atracción del pozo. De ese mundo subterráneo y profundo que espera cuando la botella se termina.

Aunque, mientras se acaba, sólo existen los lagos de postales suizas. De esas aguas transparentes y calmas, donde es imposible ahogarse de pie.



UN BELLÍSIMO DÍA DE SEPTIEMBRE: EL OPTIMISMO COMO ELECCIÓN


Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”
Winston Churchill

A veces pienso que el destino juega con nosotros. Somos como la hojarasca que alfombra las calles a la que el viento lleva de un sitio a otro a capricho, a su voluntad. Y entonces nos llenamos de temores, de ese miedo tan íntimo e importante que nos produce nuestra pequeñez, nuestra fragilidad.

Yo recuerdo que, de niño, me refugiaba en mis recuerdos, de cuando mi familia era feliz antes de que la golpeara el destino. Y así, lograba sobrevivir. Con la esperanza de que, otra vez, las cosas volvieran a ser como antes.

A lo mejor, de mayor, hago exactamente lo mismo. Y por eso busco a veces la felicidad entre mis recuerdos, al escribir este diario. Como si encontrara en ellos la fuerza para enfrentarme al capricho y, también quizá, a la dureza de mi destino, que vendrá en todo caso al final de mis días. Porque a veces no sé muy bien qué es lo que me pasa y por qué me pongo de vez en cuando tan triste. Ni por qué vivo como ausente, como si no quisiera mirar de frente al futuro que me espera. ¿Por qué será que me niego a aceptarlo? Mi final, nuestro final, el de todos nosotros, digo.

Y entonces me rebelo y trato de vivir lo más intensamente que puedo este trozo de vida que me resta. Y darlo todo a las personas que me rodean, a las que quiero.

Mientras, en algún rincón íntimo de mi corazón alumbra la llamita de que esto no se termina aquí. Que todo será como cuando termina el verano. Este verano que ya declina. Que habrá otro al año que viene. Tal vez en otro sitio, de otra forma. Porque si no… Y entonces me reconforta la idea de que otros muchos piensan como yo. Siento el calor de esta fraternidad de huérfanos que somos la humanidad.

E incluso siento también la sombra, lejana, casi ausente, de ese padre eterno que debió organizar todo esto, de una forma que él solo entiende. Y también decido pensar, creer, quién me lo impide, que al final, debe ser un padre bueno. Porque si no…

Sí, se está mejor en la lado de la luz, del optimismo. No porque tenga uno las cosas claras, sino porque se vive mejor. Y a eso me apunto hoy. Que es un día bellísimo de septiembre, el mes que a mí más me gusta del año.

“El hombre feliz no es el hombre que solo ríe, sino aquel cuya alma, llena de alegría y de confianza, se sobrepone y es superior a los acontecimientos”
Séneca


SERENA BARCA, SERENA FELICIDAD

...Y el mar está calmo. Horizontal. Sin borrascas a la vista. Tú contemplas el atardecer, pleno, también, de una tranquilidad sin límites.
Serena barca, serena vida. Que destila este tiempo, amarillo y azul, que no volverá.
Quintaesencia de los momentos felices, que aúnan los recuerdos dichosos con un futuro despejado hoy, pintado del rojo y amarillo de este atardecer.
Serena barca, serena felicidad. Que nos regala este tiempo que empieza de nuevo. Como todos los veranos
Y la brisa recorre todos los horizontes, que respiran la intensidad de estos instantes de calma chicha. Entre las ondas azules del mar de la tranquilidad que te envuelve hoy.
Serena barca. Tiempo denso, e intenso, que nunca pasa.
Serena barca, plena de esa paz. Reina de esa, tan anhelada, calma.


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Sí, cuántas cosas es el verano. Su inspiración es inagotable.
Y luego está el verano de la vida. La infancia duerme cerca del hogar en el frío invierno. La juventud explota, se convulsiona, vive, goza y sufre durante la primavera. El verano es la época de la madurez, de vivir un amor que cruza toda una vida, de criar unos hijos que herederán todo de ti, de devolver a tu país los réditos de tanta inversión que han realizado en tu persona. Y llega el otoño, la edad dorada de la recolección de los frutos, la época de la reflexión y del recuerdo, el tiempo de la búsqueda de un sentido a la vida antes de que esta se acabe.
Yo escribí una novela a la que tengo un cariño inmenso sobre el VERANO Y EL OTOÑO DE LA VIDA. Un día realicé un videoclip presentándola. Está dedicado a la persona que me la inspiró. Y a todos los compañeros de cordada que transitamos por estas mismas cumbres de la vida.


AH, EL VERANO DE LA VIDA. TODAVÍA LO RECUERDO. Ahí va: https://www.youtube.com/watch?v=zFtLLvoWfiA


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Sí, este año me fui a ver el mar para curarme las heridas. Una, muy profunda. Justo el sábado pasado me acerqué a Sigüenza. A pasar nuestra tradicional jornada de compañerismo y de amistad con aquellos niños del internado de la Safa con los que pasé seis intensos años y que hoy son, somos ya, unos viejos, aunque todavía jóvenes, nos creemos.
Todo fue bien, como siempre. Un placer volver a ver a tanta gente entrañable. En mi pandilla del internado, ya adolescentes, éramos seis. Llevamos acudiendo a estas jornadas desde que se convocaron hace quince años, cuatro de nosotros. Otro acudió la primera vez y luego ya no ha vuelto. Cada uno gestiona el pasado de una manera diferente. Siempre vamos los mismos, un treinta por ciento aproximadamente, el resto se alejó por las cañerías de la vida y vive por otros derroteros.
Me impactó muchísimo cuando me lo dijeron. Nuestro sexto compañero de pandilla nunca asistió. La primera vez le llamamos, pero se mostró muy distante, como si aquella época de nuestra niñez y adolescencia hubiera ocurrido en otra vida ya muy lejana para él.
A mí me visitó una vez, de jóvenes, durante las fiestas de El Sauce Curvo. Apareció de repente con unos amigos. Estaba alegre, ocurrente y vivaz como siempre. Cantamos y bebimos como entonces de chavales. Lo pasamos bien, era un chico muy alegre y muy sociable. Luego ya no supe más de él.
Ni sabré.
    Nos dejó hace un par de años. No me lo podía creer cuando me lo dijeron. En mi mente solo era todavía un chaval lleno de vida.
    Me acuerdo cuando nos íbamos a tumbarnos al lado del río más allá del paseo de las Cruces. Y divagábamos y nos vacilábamos unos a otros practicando el juego de la vida. O íbamos a entretenernos a los billares y a los futbolines enfrente del Mesón, con nuestro cigarrillo entre los labios, jugando a hacer posturas varoniles y decididas. O nos íbamos a jugar a las cartas a las tabernas del barrio medieval, cerca del castillo. Allí, lo que más hacíamos era beber de unos porrones de vino que nos servían. Las cartas nos importaban un pimiento. Solo elevábamos nuestra autoestima cantando y contando chistes, para luego enfrentarnos a aquellas seguntinas enhiestas y orgullosas que paseaban por la alameda. Él era el más lanzado de nosotros.
    Como ahora, que se ha adelantado un poco. Sí, siempre fue un poco por delante. Y nosotros le seguíamos.
    Recupero dos fotos, en la alameda precisamente, las únicas que tenemos juntos la pandilla. Me sigue llegando su vivacidad, su alegría, su atrevimiento. La vida nos va recogiendo ya uno a uno.
    Tú siempre fuiste de los primeros. Gracias, como entonces, compañero del alma, por abrir la puerta y enseñarnos el camino.
    Yo quiero compartir una última canción contigo. Una que nos ponían mucho los domingos por la mañana para levantarnos, el único día que no teníamos que estudiar. Debíamos tener catorce o quince años. No sabíamos una palabra de inglés pero la tarareábamos como podíamos y, sobre todo, nos imaginábamos ese verano que llegaría pronto, en el que podríamos hacer tantas cosas que allí, dentro de aquellos muros, y con aquellas seguntinas tan creídas, nos era imposible.
    Es una canción marchosa, alegre y un poco gamberra. Me hubiera gustado otra vez beber y cantarla contigo.
    Ahí va: In the summertime: https://www.youtube.com/watch?v=yG0oBPtyNb0





viernes, 19 de junio de 2026

NIÁGARA: LA FUERZA DEL AGUA (PARA EL PROYECTO "DESTELLOS")

 Hoy viene a mi memoria un viaje familiar extraordinario que hicimos a Canadá hace unos años por estas mismas fechas que corremos ahora. Nuestro hijo estudiaba en la universidad de Cornell, cerca de Nueva York y de  la frontera con Canadá. Nueva York ya lo conocíamos todos, así que organizamos un tour por Canadá y, cómo no, lo primero que fuimos a visitar fueron las cataratas del Niágara.  Quedamos impresionados.

Hoy pienso en el agua y en la atracción que siempre ha ejercido sobre mí. Creo que sobre todos nosotros. Al fin y al cabo procedemos de ahí, de los océanos, empezamos como larvas acuáticas y luego alcanzamos la tierra firme.

Pasado mañana, cuando vuelva de ver a mis entrañables compañeros de internado de hace más de 50 años en Sigüenza, me voy al mar de Altea. Cada vez necesito más ir a ver el mar. No a bañarme en él, aunque lo haga, ni mucho menos hacer deporte sobre sus olas, que nunca practico. Sino solo mirarnos los dos. Hablar entre nosotros de nuestras cosas. Y volver renacido de nuevo a continuar el camino.

En las cataratas del Niágara, esa fuerza acuática de la naturaleza, nació el poema que adjunto. Y florecieron un ramillete de fotos de las que extraigo algunas.

LA FUERZA DEL AGUA


Hay una humedad extraña
Que huele a historia y a misterio
Antes de que llegues al valle

Un águila majestuosa
Observa impertérrita
El paso de los siglos
Colgada de una escarpia en el cielo

Hay una nube plena de brillos
Hecha de llovizna
Y, tal vez, de recuerdos
Y de acuoso
                destino

Y luego estás tú
Que acudes ilusionado
A la fuerza del agua
Que te atrae desde niño.

Llegas y el sol está declinando
Sobre esta maravilla de luz
De sonido,
De fuerza
Y de vida. 

Vives este momento único
Sabiendo ya que no volverás
Todo es un encuentro fugaz
Cosido a  una eterna despedida

Te abrazas a las personas que quieres
Mientras llega la noche
Y sientes cómo el agua
Inocente y sumisa
Cae hasta el abismo.

Niágara, Niágara…

Porque toda la vida
Que es y que fue
Viene del agua…







Mi musa al natural entre la natural belleza...



El agua, el agua, y su fascinación...

Recupero un video de aquella visita, en el que me veo emocionado y casi transfigurado. El agua y las flores son dos de las cosas que nos rodean que mí más me impresionan, me importan y me impactan. Desde siempre. Ahí va: https://www.youtube.com/watch?v=VqvieeDHPAA

Y esto me lleva a un destello, corto pero espléndido, de este paraje, uno de los más impresionantes que se pueden encontrar en la naturaleza de todo el mundo:

y si queréis un documental de prestigio, aquí lo tenéis: https://www.youtube.com/watch?v=rS5fa9iXw-0&t=2s

A mí el agua, que fue nuestro principio, me lleva también a pensar en nuestro final.


LA VIDA COMO DESPEDIDA

Te vas despidiendo en el espejo,
ese íntimo,  pero también objetivo, notario de tu vida,
de todo lo que tú fuiste,
y de todo lo que tú pudiste  llegar a ser.

La vida es solo un torrente de despedidas.
Y el agua que mueve tu noria
nunca descansa
en hacerte más y más viejo.

Y los demás solo son espectros, sombras
a los que el viento desfigura en tu retina
hasta hacértelos irreconocibles
Tiernos, pero irreales
en la velocidad  del tiempo
que los consume

Como a ti
Aunque no te des cuenta.

¿Dónde va a parar todo el dolor
que una vez sentiste por ellos,
por ti?

¿Dónde fue el amor
que doró de sol, por un momento,
este valle de ausencias y de tiempo que se agostó?

¿En qué depósito duermen todas tus esperanzas?
¿Y todos los recuerdos que dan vida  a un pasado
que se fue, sin decir nada?

Miras por la ventana,
de este tren que recorre llanuras verdes inmensas
del país de la hoja del arce,
que te lleva de punta a punta de este Canadá
brioso, luminoso, lleno de luz y de hierba y de agua,
al que en unos meses cubrirá la nieve y el hielo.

Y piensas en ti mismo
En tus horas que avanzan sobre los raíles
que serán luego solo escarcha.

La vida es una eterna despedida
Como las horas del reloj
que avanzan hacia su  adiós.

La vida es solo vivir
Instantes únicos
que no volverán.

Como este tren
que avanza a todo máquina.
Para una vez que llegue
volver otra vez.
Pero con otros pasajeros
que se harán
las mismas preguntas.


Mientras el sol dorará su pelo, su alma.
Hasta que  la nieve
lo cubra todo de  blancura.
De esa inocencia eterna

            del tiempo que no tiene fin.

Escrito en el tren Quebec-Ottawa.

Y entonces me acuerdo de lo que escribí en mi primera novela. "El día que fuimos dioses". Todo está en tu primer libro, dijo alguien que ahora no recuerdo.

En ella está esta historia. La de un hombre que se siente fracasado y quiere poner punto y final a su vida en el agua, tirándose desde la cubierta de un barco. 

Para que esta vuelva a poseerlo, lo limpie, lo repare y lo lleve hasta la eternidad, de donde venimos Y poder ayudar desde allí a sus seres queridos. 

Un amigo, el único que le queda, se lanza al agua a ayudarlo, sin que en la novela se exprese el final de ambos. De hecho él cree que es Fio Yaram otro hombre que se acaba de suicidar desde el mismo sitio. Ahí va este capítulo de "El día que fuimos dioses".

X X X I

En el principio nació la vida y con ella el tiempo. La vida no existe sin el tiempo y mucho menos el tiempo sin la vida. La vida y el tiempo crearon una casa, un humilde hormiguero, donde la hormiga pasa un tiempo, es decir una vida. En el jardín de la casa del tiempo y de la vida crece una extraña y misteriosa flor, el cuidarla y cultivarla es la única misión que tiene la hormiga. Cuando esa flor florece el tiempo y la vida no pasan y la hormiga piensa que su casa es el sitio más bonito del mundo. Cuando esa flor se agosta o se malcría o, simplemente, se muere, dicen que se muere el amor, pero al fin es el tiempo y la vida que terminan / aunque la vida y el tiempo continúen / recorriendo día a día su jardín / y llorando por todas sus esquinas.

Álvaro Artola se inclina sobre la balaustrada del Sea and Sky Dreamer y mira al mar.
—¿Por qué no aquí y ahora? Estas aguas fueron navegadas y dominadas durante muchos años por los venecianos. ¡Venecia! Ah, Venecia, Venecia... Anegada siempre en agua. La cuna del Renacimiento.
Se queda con esta última palabra que coincide con lo que él lleva dentro.
—Para que algo renazca primero tiene que morir y dónde mejor que en el mar, cuando empieza el día. El mar, que un día lejano nos alumbró, nos va recogiendo ahora, a todos sus hijos, que regresamos vencidos y, tal vez, fecundos. Como a Fio Yaram, como a mí mismo.
Abrázame, padre eterno / que ya no puedo con mi estrella. / Abrázame, padre bueno / y quítame el alma, que me pesa. / Déjame que repose, otra vez, en tu sueño. / Déjame que me duerma, otra vez, contento...

Entonces Álvaro cierra los ojos y se deja caer al vacío con los brazos abiertos, como un pájaro. Algún día fuimos aves o, solo peces voladores que, luego, más tarde, conquistaron la tierra firme.
Cuando entra en el agua, fría pero estimulante, siente que regresa a un mundo que ya conoce. Abre los ojos mientras desciende y la luz se va apagando lentamente, allá arriba. Pronto, en la oscuridad más absoluta, él se dormirá en el regazo marino para descansar de su intenso viaje. Luego, se irá deshilachando en pequeñas briznas de vida, cada vez más diminutas, hasta disolverse enteramente en la corriente de energía que navega entre las aguas.
—¿Recordará algún niño la luz de mi sonrisa / cuando me haya ido? / ¿O, tal vez, susurrará mi nombre la brisa / cuando mueva los geranios, hasta alcanzar tu oído? ¿Notará alguien en su corazón / como un latido extraño / un lejano eco / un poco de vacío? ...
Cuando por fin, reducido a casi nada, ascienda Álvaro de nuevo a la superficie, habrán pasado ya muchos años, solo unos pocos minutos marinos. Y, tal vez, diluido en unas nubecillas de vapor, será, entonces, arrastrado muy lejos por el viento. Quizá hasta las altas cumbres de la Sierra de Navacerrada, donde su familia suele esquiar en invierno.
—Eso es posible, ¿por qué no? Ver corretear, hecho nieve, a tus nietos y abrazarlos mientras resbalan en el blanco suelo.
O, tal vez, será empujado hacia oriente, en medio de las altas corrientes que chocan contra los Himalayas. Un poco más al sur los monzones riegan los valles del Yom y del Ping donde una joven huérfana, ingeniero agrónomo, de nombre Tashmina, quizá estudiará, con ahínco, cómo fertilizar más adecuadamente aquellas lejanas tierras.

Incluso le parece ver a través de la neblina de las aguas a Fio Yaram, a su querido Florián, que se acerca sonriente. Alguna vez pensó que todos los tailandeses parecen iguales pero eso debió ser, piensa ahora, hace muchísimo tiempo.
—Sí, es sin duda Fio Yaram, qué alegría.
Se detiene por un momento en su descenso y es entonces cuando siente el abrazo fuerte y fraternal de Fio y él definitivamente cierra los ojos y se abandona. Se deja anegar por el agua que tanto le fascina y abre todas sus puertas para que lo posea, lo purifique y, ya limpio, lo haga suyo para siempre...

Acaba de amanecer un nuevo día y las aguas de los mares se desperezan estirando sus olas y el sol empieza, otra vez, a mostrar su paleta de colores en un estremecedor silencio. Pero hoy es un día especial y la sirena del Sea and Sky Dreamer silba con toda su potencia mientras los limpiadores de cubierta, que han acudido a su trabajo, animan con grandes gritos a Lee Tao que acaba de lanzarse al rescate de su amigo Artola.

Algunos dicen que lo conseguirá, es un gran nadador. Allá abajo nada se oye, solo dos sombras abrazadas se mueven en el mar dormido, en la profundidad de las aguas.

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Nos vemos a la vuelta. Ahora tengo que meterme con diversos temas pendientes del documental que haremos después del verano. Me siento satisfecho porque ya cumplí con la agenda y tengo hecha la primera versión del guión. Así que me voy tranquilo de vacaciones. Que lo paséis bien.



sábado, 13 de junio de 2026

LEJOS DEL SAUCE CURVO.

 

Esta es una de mis novelas a la que yo tengo más cariño. Tal vez porque  a medida que vas cumpliendo años te gusta echar una mirada amorosa a tu pasado, una forma de echártela a ti mismo y poder continuar así el camino más ligero de equipaje.

Creo honestamente que es una de las mejores novelas para leer sobre la adolescencia y juventud en la España de los setenta y ochenta, particularmente de aquellos jóvenes provenientes del ámbito rural, cuyas familias emigraron a la gran ciudad buscando nuevos horizontes.

Así lo ha entendido Amazon, que la incluye por los próximos 3 meses en su selección Prime Reading,  su club de lectura más selecto. Así que animo al que no la haya leído a que se sumerja en aquel mundo de nuevo. Tal vez recuerde muchas cosas de antes y se comprenda a sí mismo un poco mejor ahora.

Próximamente también contará versión en inglés, el resto de sus compañeras de trilogía ya la tienen.


Ojalá "El Sauce Curvo" se convirtiera, modestamente, en una especie de Macondo literario. Me haría mucha ilusión, aunque será difícil, yo no escribo  pensando en grandes mayorías.

Lo que sí es ya una ilusión cumplida es ver  a la mayor parte de mis libros pasados al formato Audiolibro, tengo la inmensa suerte, como con la versión al inglés, de que Amazon se haya fijado en mí y haya seleccionado mi obra como avanzadilla de este servicio que, supongo, se abrirá a todos en el futuro.

Para los que hayan leído ya esta novela, y también para los que quieran acercarse a ella por primera vez, os dejo una muestra de "cómo suena" el arranque de "Lejos del Sauce Curvo". De momento, solo está a la venta en Amazon Estados Unidos, pero se puede descargar igualmente desde España yendo a amazon.com  Francisco Rodríguez Tejedor. Ahí va un recuerdo sonoro de toda aquella época.

MUESTRA AUDIOLIBRO "LEJOS DEL SAUCE CURVO"

martes, 9 de junio de 2026

NUEVA YORK, NUEVA YORK...

 

Vuelvo de un viaje reciente por la Costa Este americana. Nueva York no es la capital ni tiene los símbolos de poder de Washington, ni la elegancia ni la clase de Boston, ni siquiera el prestigio histórico de Filadelfia que también fue capital del país. Pero Nueva York es otra cosa. Es la ciudad con la que todos hemos soñado alguna vez.

Yo, cuando voy a verla, todavía encuentro los rincones que en la lejanía de mi país me hicieron soñar, como el de aquella película de Robert Redford y Barbra Streisand, “Tal como éramos”, en la esquina de Central Park y el Hotel Plaza.
https://www.youtube.com/watch?v=k2Fp5t75jTo

Y también me duelen, me siguen doliendo, sus carencias. Ya no es una mujer joven y las arrugas le pueblan el rostro por doquier: un ruido infernal, tráfico caótico, un metro desolador, un paisaje humano confuso e ingobernable… Hay chicas jóvenes más lozanas y atractivas hoy en día como Shanghái, Singapur o Dubái, que le han robado su estilo.

Aunque no su alma. Nueva York sigue palpitando en nuestros corazones. De sus ruinas sigue emergiendo todavía esa fragancia de libertad, de sueños y de futuro, esa ciudad donde todo puede ser posible. Nueva York, Nueva York…

Yo escribí una vez un relato ambientado en ella, recibió un premio y todo. El que tenga curiosidad, aquí:


ARRIBA, EN LAS MONTAÑAS

Cuando te vi por primera vez en mi Coffee Café, Hillary, lo supe, lo supe como tantas otras veces. Lo supe porque se me aceleró el corazón y me empezaron a temblar y a sudar las manos. Por eso me acerqué y te pregunté si te gustaba subir a las montañas. ¡Ah, las montañas! Pero a ti, Hillary, las montañas te daban igual, a ti lo que te gusta es escribir como yo lo hago, con esa mezcla de crueldad y lirismo que yo entiendo tan bien. Así que, por una vez, he hecho una excepción y no me arrepiento, ni me arrepentiré jamás.
He pedido dos días libres, como siempre, para que todo salga bien. Te recogeré en mi viejo Cadillac y cruzaremos por el puente de Brooklyn, mientras el agua del río nos mira tierna y azul. Te llevaré hasta el embarcadero y allá tomaremos el barco donde se suben las parejas de enamorados para ver cómo se pone el Sol por detrás de la Estatua de la Libertad, mientras se dicen al oído que se querrán siempre. Entonces, nos cogeremos de la mano y ya el día entero llevaremos con nosotros toda esa alegría con la que juegan los niños.
Pasearemos, casi de noche, por Central Park tropezándonos con las ardillas mientras nos besamos una y mil veces apoyándonos en los viejos troncos de los dormidos árboles. Tal vez cenemos allí mismo, en el Blue Ribbon, y nos leamos uno al otro, nuestros cuentos y nuestros relatos, a la luz temblorosa de las velas. Entonces me preguntarás, triste y dichosa, por qué todavía no escribes tan bien como yo. Y yo te susurraré, mientras te acaricio lentamente la rodilla por debajo del mantel:
—Ya lo harás, todavía no tienes el alma tan llena de amargura, tan llena de desesperanza. Porque escribir no es nada, sólo es, tal vez, dibujar las flores más hermosas, pintarlas con el dedo, mientras recorres con tu mano las aguas rizadas y temblorosas del mar, que se adormece cuando los atardeceres amarillos. ¡Ah, los atardeceres amarillos!, ¿te acuerdas?
Luego, cuando ya todo lo cubra una magia dulce y azul, te llevaré a mi casa y allí nos amaremos como quizá lo hacían las primeras parejas al comienzo de los tiempos, cuando se inventó el mundo y el tiempo era nuevo y no se gastaba jamás.
Entonces, sólo un momento después, mientras tú miras distraída por la ventana cómo las sombras de la noche y las luces de las farolas juegan con el rumor del viento y con las hojas de las acacias de mi calle, yo cogeré el cuchillo grande y, aunque se me parta el corazón, lo haré como tantas otras veces. Luego, te meteré en la bolsa de cuerpo entero, absolutamente desnuda y con la herida lavada y limpia, cerraré la cremallera y dormirás como una desmayada sirena unas horas en el fondo del congelador, rodeada de los peces de extraños mares, que tenemos abajo, en el restaurante.
Antes del amanecer, cogeremos de nuevo el viejo Cadillac y nos iremos juntos a las montañas más altas, las que están en Colorado. Y, a la sombra de la más imponente de ellas, la que llaman Elbert Mountain, pasaremos de nuevo la noche juntos en una pequeña cueva rocosa que hay en la ladera.
Yo encenderé el fuego y oiremos en silencio el chisporroteo de las llamas mientras el cansancio puede más que el dolor, que el frío helado y que el sufrimiento de mi alma.
Cuando llegue el nuevo día te sacaré de la bolsa y te buscaré tu sitio definitivo, aquél donde sólo llegue la luz de algunos rayos de Sol, los más débiles y temblorosos de la mañana. Los suficientes para que yo pueda verte, pero sin que a ti te hagan daño, ni puedan maliciar ni corromper jamás la belleza de muñeca helada que tú tienes. Allí estarás también con tus amigas del alma, Hillary, que también iban por el Coffee Café.
Con Lucy, ¿recuerdas?, que era mandona como pocas en la cama, pero tan tierna y juguetona que sus ojos se llenaban con la luz que tienen todos los espejos.
Y con Ann, a la que no olvido ni olvidaré jamás. Tenía ese cuerpo suave y profundo, que era igual que el mar de sus grandes ojos oscuros, bajo cuyas aguas duermen los peces con unos sueños dulces y amarillos.
Entonces yo os miraré de nuevo, mientras los cristales de escarcha de vuestros ojos me ofrecen, otra vez, la luz brillante de los momentos que vivimos juntos.
Y aquí arriba, en las montañas donde yo me subo, en esta cueva donde yo guardo los momentos que no olvidaré jamás, podré soñar de nuevo con vosotras, todas las veces que yo quiera, sin que el tiempo os lleve nunca de mi lado, ni pueda convertiros jamás en seres extraños.
Mientras, allá abajo, en el valle, caen unos copos de nieve grandes y misteriosos que lo cubren todo de una blancura tremenda, de una blancura eterna y llena de pureza, que a mí me hace llorar...
Sí, acabo de volver de una viaje por la Costa Este Americana y me acuerdo de este relato que yo escribí hace unos años, ambientado en Nueva York y en Colorado y que fue galardonado por el Grupo Literario Arrendajos con una noche de hotel y una cena maravillosa en el Eurostars Hotel de Toledo para mi wife y para mí.

Está dedicado a Hillary, a Lucy in the Sky with Diamons y a Ann Riverside, nombres ficticios bajo los que se escondían mis compañeros del banco: Félix, otro escritor como yo al que recojo en mi libro La pasión por escribir y dos compañeras: Lucía y Ana. Fuimos juntos varios años a un curso de inmersión en inglés que nuestra empresa hacía en un pueblecito junto a Ciudad Real, en el que estaba prohibido hablar en español. Lo pasábamos muy bien, teníamos hasta discoteca, y muchos juegos, uno era el Coffe Café, y ellos, además, tenían la paciencia de leerme y escucharme mis entonces primeros balbuceos literarios. Yo les escribí este relato para que nunca olvidaran todos aquellos buenos ratos que pasamos juntos.

ALGUNAS FOTOS DE MI RECIENTE VIAJE POR LA COSTA ESTE.

Por las calles de Nueva York.



Junto a la estatua de Lincoln en Washington.


Rezando ante la Bolsa de Nueva York para que nos dé muchas alegrías.



En los jardines que rodean la Casa Blanca:





En la Universidad de Harvard, en Boston, Massachusetts, junto a la estatua de su fundador.



Y en el literario puente de Brooklyn, citado también en mi relato:



     Y un destello visual que ciega mis ojos y enciende mis recuerdos. Ahí va: https://www.youtube.com/watch?v=AsDr5ITZtHE

Ah, Nueva York, Nueva York..., que nos va viviendo todas las veces que venimos a verla:

lunes, 1 de junio de 2026

COMIDA DE GRADUACIÓN.

 

     En España, casi todos los eventos importantes acaban en una comida.

     En este caso, no podía ser menos.  Todos juntos le deseamos a nuestra graduada todo lo mejor. ¡Viva nuestra Ali!

     Aquí va este videoclip de recuerdo. 

     https://youtu.be/OhONa2pj7Bc




domingo, 31 de mayo de 2026

VÍDEO GRADUACIÓN EN IE UNIVERSITY.

 


Por fin, pude sacar tiempo y hacer lo que me gusta, y más en este caso: transmitir en imágenes la emoción de los momentos vividos.

Fueron unos momentos hermosos, llenos de emoción, cariño y orgullo. Cuando algo cuesta, luego merece mucho más la pena. Como en este caso.

Enhorabuena, Ali. ¡Eres grande! ¡O, simplemente, THE BEST!

https://youtu.be/l8LHMJP3kaY

Ya solo me queda llevar a nuestra mente, y a nuestro corazón, la comida de celebración, ya con toda la familia: Guillermo y Sofía llegaron justo a ella. Buenos momentos también. 

Eso será para otro día. Espero que pronto.

Y ayer cerramos nuestro viaje a Londres. El día 2 nos espera otra graduación a lo grande en la London Business School. ¡Tenemos que ver a Guille, THE BEST!