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martes, 3 de febrero de 2026
TAMBIÉN QUERíAMOS SABER DE SEXO
sábado, 31 de enero de 2026
PRIMEROS PASOS
Arranco este año tras unos días relajantes y motivantes junto al mar, eso sí, con un premio añadido de un resfriado corto pero intenso, que ya ha pasado. Así que vuelvo y me encuentro de bruces con toda la agenda típica de los comienzos.
Reunión con mi asesor financiero: aunque esa materia ha sido la mía durante más de cuarenta años, que se dice pronto, hace ya algún tiempo decidí salirme del día a día, ya no leo ni estoy al tanto de todo lo que pasa minuto a minuto en el mundo y en sus mercados, y decidí delegar en un experto de mi banco que, más que asesorarme, va un paso más allá y me lleva mis temas como si fueran los suyos. A veces pienso que no me añade nada, aunque ya no esté yo en el rabioso día a día, los cimientos permanecen. Algunos compañeros se han cansado del asesor y han vuelto a retomar con sus propias manos sus asuntos. Y lo entiendo, la verdad es que yo tengo delegada digamos el 90 p.c. de mi cartera y me dejo para entretenerme el 10 p.c. Pues bien, casi siempre me van a mi mejor las cosas que a él. Pero, su compañía, remunerada, por supuesto, no la cambiaría por nada. No tengo la obligación de leerme todo todos los días, que, con Trump, además son todos los minutos, ni, lo más importante, cuando viene una tormenta sentir la soledad de la noche mientras le doy vueltas en la cabeza a mil preocupaciones. Ahora, duermo como un lirón, sabiendo que hay un equipo cuidando de mis cosas, aunque no sean el rayo de la guerra. Así que hablamos y planificamos un poco por encima el año financiero y fiscal y yo me quedo tranquilo con una sensación de orden, que ya sé, que es solo meter la cabeza debajo del ala de otro y dejarse llevar. Pero, eso es la vida. Alguien dijo que la vida es como un río y hay que saber fluir, dejarse llevar, digo yo una vez más, por ella. En fin, que según está el mundo, ¡que Dios nos coja confesados!, ¡Pero, en compañía!
Qué casualidad, me toca también hacer la revisión del coche y la ITV, ese otro compañero de viajes y de sueños. Así que también, tras hacerlo, me quedo tranquilo con su amistad y compañía un año más.
Repaso el calendario de revisiones médicas y las ordeno también. Cada vez es mayor el grosor de esta carpeta. Debe ir paralela al engorde del calendario, quiero decir del nuestro personal. Mi cumpleaños me acecha ya muy de cerca y me recuerda ciertas cosas. Los médicos me suelen decir a menudo: "No se preocupe, eso es cosa de la edad", que viene a ser lo mismo que: "Acostúmbrese, que no tiene remedio". Y uno va practicando la resignación y la paciencia, gimnasia que recomiendo a todos los compañeros de cordada de estas cumbres por las que transitamos ya, porque mayores dosis nos requerirán las circunstancias dentro de pocos años.
Así que puestos en orden, o eso quiero pensar, la salud y los dineros, me centro en los amores, ese tercer apoyo, o quizás el primero, en el que se asienta el trípode de nuestra existencia. No voy a hablar aquí de los amores sentimentales e íntimos, que se cuidan mejor al buen resguardo de las miradas ajenas, pero sí, por supuesto, este es un diario literario y personal, de mis amores vitales que son la literatura y el cine.
Tengo dos caballos literarios este año y no sé cuál montar primero. Una novela al año es una obligación que me he impuesto para no dejar que el tiempo se me escurra entre las manos y los años pasen y tenga la sensación de que no he aportado a ellos lo que sé hacer mejor, o eso dicen, que yo no estoy muy de acuerdo en ello. Me gusta empezar las novelas a finales de la primavera, donde me acopio de fuerza y de sensibilidad, de introspección y de calma, mientras riego y hablo con mis petunias que me conducen, o eso quisiera yo, por esa senda de arte y belleza que ellas tienen, de esa forma tan natural que a mí me conmueve. Pero, este año, tengo a mis flores de invierno, que lucen igual de bien al sol que bajo la nieve, así que dudo de si lanzarme ya, tengo las ideas bastante claras de lo que quiero hacer, o entregarme a un libro lúdico, personal y minoritario que será "Destellos", que pretende reunir literatura, cine y música en un ramillete que ojalá, fuera también de flores que conmovieran a todo el que se acerque a él.
Así que, lo dejo reposar, mientras dirijo los ojos al cine: el miércoles he quedado con mi productor habitual. Hablaremos de los proyectos que tiene él in mente, o de los que puede hacer, mejor dicho, en este mundo de subvenciones y trámites burocráticos que rodea al séptimo arte. Y pensaré si yo tengo cabida en alguno de ellos. No quiero dedicarle mucho tiempo al cine, dos o tres meses, como mucho. Al cine de otro quiero decir, me gustaría introducirme más en el universo de videoclips y cortos, producidos y editados artesanalmente por mí mismo. Ya veremos, cómo queda al final ese cocido.
Asi que, escribo estas líneas, que me sirven también para ordenarme yo a mí mismo, que no es poco, y las comparto con mis lectores y seguidores. Lo seguiré haciendo a medida que vayan madurando. Vuestros comentarios y críticas serán, como siempre, bien recibidas.
Comienza, de verdad, el 2026. ¡Vayamos a por él!
Con mis flores de invierno, al sol y bajo la nieve:
Esta última es conmovedora. Un ejemplo de lucha contra la adversidad! Vivan las flores!
jueves, 22 de enero de 2026
UN RAYO DE SOL EN UNA NOCHE DE INVIERNO
Acabas de volver de cenar en un restaurante del barrio. Llueve a mares, a cántaros. Llueve como antes de que se inventara el mundo. Llueve a placer. Llueve y llueve, como en tu novela El día que fuimos dioses. Llueve por doquier.
Hace una noche de invierno. La gente camina escondida bajo los paraguas. Las terrazas, vacías, con las sillas sin recoger. Los coches, faltos de empatía, no aminoran cuando te ven y te ponen perdido. Llueve y llueve sin perdón y sin descanso. Llueve porque le toca, y aquí paz y después gloria. Es inútil llorar bajo la lluvia, nadie te ve y, además, la lluvia se ríe de ti. Sí, una noche de invierno, brumosa y dura, como las de siempre.
Tú escribiste de una de estas noches:
UNA NOCHE DE INVIERNO
Llegas a casa aterido de frío. Y de soledad. Los amores, desperdigados y lejos. Tú sabes cuán lejos. Metes la llave en la cerradura. La puerta se abre. Y notas un calor extraño. De un hogar que creías marchito.
Pero todo funciona. Todo está en su sitio de nuevo. Ella ha vuelto. Hay un florero lleno de rosas en el salón y la calefacción puesta.
Te quitas el abrigo y dejas que escurra el paraguas. El loro en su jaula, con el silencio pétreo de la anochecida, te mira impertérrito. Y tú a él. Te gustaría saber qué ha pasado. Todo lo que él guarda en su memoria observadora y callada.
Antes de llegar al armario ves su nota. «He vuelto». «Eso ya lo sé», respondes en voz alta, como haría el loro, si hablara. Las preguntas sin embargo se quedan en tu interior. "¿Por qué?" "¿Dónde estás?". Y, sobre todo, «¿hasta cuándo?».
Entonces el pestillo vuelve a girar y aparece ella. Más hermosa que nunca. O tan hermosa como siempre, te corriges a continuación.
«Estás empapado», la escuchas. «Anda, ven».
El tiempo es una sucesión de estaciones. La abrazas mientras miras por el cristal cómo llueve en silencio. La vida es una sucesión de regresos. Y de despedidas. Mañana no hará sol. Y pasado mañana tampoco. Lo has consultado con tu móvil. Hace sólo unos pocos años todavía tendrías la incertidumbre de la sorpresa. Hoy hasta la lluvia y las nubes obedecen a la tecnología.
Hoy es una noche de invierno. Y ella duerme entre tus brazos. Mientras la lluvia musita su dulce melodía tras los cristales. Es verdad. Mañana no hará sol. Y tú no sabes lo que pasará mañana. Hay una nota en el aparador: «He vuelto», dice.
Pero no es la primera vez. Tampoco es la primera noche de este invierno.
En febrero llueve mucho. Y las parejas vuelven a su nido. Y encienden la calefacción.
Nadie entiende por qué se enfrían, se acatarran, los corazones. Y por qué, cuando el viento silba y se abren los paraguas, todo parece empezar de nuevo.
El invierno lo sabe bien y el loro mete su cabeza bajo el ala. Y se dispone a dormir.
Todo está en su sitio. Otra vez.
––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––
Si fuera posible
atravesar esta oscuridad.
Si fuera posible
huir de esta prisión,
escapar.
Romper estos lazos invisibles,
elevarme sobre la ciénaga,
poder volar.
Ir atrás en el tiempo,
si fuera posible,
volver a respirar.
Perderme entre la gente,
sin rastros del pasado,
vivir como un niño,
volver a empezar.
No me digas que sueñe,
que cree mundos nuevos,
que me vuelva a levantar.
Sólo quiero cerrar los ojos,
apagar la luz,
de este desván.
Solo quiero ser libre,
con otras cadenas,
en otro lugar.
Volver a ser cobarde.
Perder la cabeza de nuevo,
que sea otra vez lunes
…y escapar
Solo quiero eso,
escapar de aquí,
contigo,
huir los dos muy lejos
y buscar el mar.
domingo, 18 de enero de 2026
UN POCO DE HUMOR PARA PENSAR EN LOS PROYECTOS DE ESTE AÑO.
El viernes pasado dimos una cena de despedida a nuestro hijo Guillermo, que se acaba de ir a hacer las Américas a la Wharton de Filadelfia. Una reunión muy emotiva, donde él fue el protagonista, ocupando el sitio de presidencia de nuestra habitual mesa en nuestro restaurante fetiche para estas ocasiones. Para nosotros, un placer y un orgullo escucharlo, sus ideas y sus metas claras, y muy consciente del gran esfuerzo que le espera. ¡Animo, campeón, que lo celebraremos como se merece a la vuelta!
Luego, aprovechamos para que cada miembro de la familia nos contara lo que juzgara oportuno de sus proyectos para este año, lo cual se quedó allí, obviamente.
En mi caso, solo para mis lectores, comparto en este blog literario y personal mis propios deseos, al menos por unos días, eso sí con unas dosis de humor que espero acerquen más fácilmente a las musas hasta mi lado. Ahí va:
Dentro de mis proyectos, o sueños, o deseos íntimos están los viajes. Siempre he sentido pasión por ellos. Este año quisiera que fuera grande en eso. Quizás, porque uno se va haciendo ya un poco viejo y la pereza y "el qué se me ha perdido a mí allí" empiezan a llamar a su puerta. Y quiero rebelarme contra ello, ahora que todavía puedo. Espero convencer a mi wife, mucho menos apasionada que yo en este tema. La verdad es que tengo una autoconfiaza altísima en mis dotes de persuasión en esto. La autoconfianza se genera, como todo el mundo sabe, por la experiencia positiva en el pasado. A lo mejor, el mérito no es mío, sino de mi reina, que se deja convencer fácilmente. A ver si sigo conservando mis puntos de viaje con ella una vez más y podemos hacer un poco de lo que desearía. Como mi musa suele comentar, parece que digo las cosas en broma o por decir y luego se acaban cumpliendo. ¡Ojalá lo hagan una vez más! Hoy levanto mi copa y brindo por ello.
Y, lo más importante, que nuestro americano que, en estos momentos acaba de aterrizar en Filadelfia, culmine este viaje tan importante en su vida con éxito. ¡¡Eso, pienso yo también mirando al pasado, está asegurado!!
¡VAMOOOOOOOOS!
Hace tiempo escribí, para mi libro Mil palabras para la felicidad, este articulillo sobre los viajes. Ah, los viajes, los viajes... soñar con que tú y el mundo sois diferentes, quiero decir mejores, al menos por unos días... y que podéis seguir siéndolo a la vuelta...
LA ILUSIÓN DE LOS VIAJES







