martes, 26 de mayo de 2026

GRADUACIÓN

 





Alegría y buenos momentos en la graduación de nuestra hija en el IE University de su Executive MBA, tras 18 meses de arduo esfuerzo y dedicación, compatibilizándolo con su trabajo. ¡Enhorabuena, campeona, y a continuar!



A ver si hoy o mañana puedo editar un vídeo con los mejores momentos de este día tan entrañable.

lunes, 25 de mayo de 2026

TIEMPO DE PETUNIAS

 




Llegamos al corazón de mayo y el buen clima, y el calor, se apodera de nuestro entorno.  Sí, es el tiempo de las petunias, el tiempo de hablar con la belleza, ya he dicho más de una vez que, para mí, no hay obra de arte que iguale a una simple y sencilla flor que crece al lado de los caminos. O en las macetas de mi terraza, claro. Por eso las pongo. Por eso, y porque me sirven de estimulante, de compañía, de jugosa conversación interior y silenciosa para el acto de la creación literaria.

Este está siendo un año disperso. En el que toco muchas cosas y no termino ninguna. Ya no es como antes, cuando llegaban estas fechas hacía vida de monje. Inmerso y concentrado en mi creación literaria. Ahora, pasa la vida a mi alrededor, la observo, y la huelo intensamente, como si fuera una flor. Debe ser, simplemente, que el impulso vital a esta edad que uno  ya va teniendo, le urge a aprovechar el tiempo en vivir, y no solamente en soñar, en imaginar otros mundos para el cómplice lector.

Hago un resumen de tareas pendientes: tengo que terminar, si o sí, entre hoy y mañana  la primera versión del guión de nuestro documental. Los chicos en prácticas me ayudan con sus ideas, con su cartelería, confeccionado los primeros presupuestos económicos  y diseñando el primer borrador del plan de rodaje y de la puesta en escena. Pero, el guión es cosa mía, aunque también hay una chica que me ayuda. ¡Me pongo las pilas ya! Tenemos para completar la producción hasta final de año, pero si no empezamos vendrán los nervios.

Mi novela "Sole" duerme en el sueño de los justos. Espero que mis petunias del alma me lleven otra vez junto a ella. Y lo mismo digo de las correcciones que tengo pendientes sobre la novela que escribí el pasado año: no me queda otra que terminarlas entre esta y la próxima semana.



Mi hijo y su prometida han estado en España diez días y han acaparado toda nuestra atención. Hoy se han marchado a Londres, el duro y competitivo trabajo les espera, sobre todo a Guillermo que arrancará en unos días. 

Nuestra hija, Alicia, se ha graduado en el Executive MBA del IE Universitiy. La hemos estado acompañando, felicitando, ¡y celebrando! todos con ella, como se merece. Ya tenemos los billetes sacados para primeros de julio para asistir en Londres a la graduación de Guillermo en la LBS. 

Tengo también pendiente el tema del Museo del Recuerdo en El Sauce Curvo, ya tengo el espacio y las estanterías, me falta dotarlo de contenido. Pero, estoy tan liado que no sé cuándo le podré meter mano. Me gustaría también pasar unos días en mi refugio de Alicante, cada día los aprecio más. Y también nuestra tradicional semana en el Sur, en la frontera entre Málaga y Cádiz, que me llena de tantas fragancias. También me encantaría pasar una semana en las Rías Bajas, si es que el calendario me lo permite.

Amén de varios videoclips pendientes, terminar la edición en inglés de algunos libros que me faltan. Me dice Amazon que también habrá pronto traducción al francés para nosotros, el grupo Beta, que nos han elegido para pioneros de esta internacionalización de nuestras obras. Tengo que actualizar mi web, escribir sobre las ciudades de la Coste Este Americana continuar con "Destellos". En fin..., lo dejo porque me estreso, y no merece la pena.

El videoclip "Cuando me enamoro" sigue ascendiendo en el número de visitas, a pesar de que le han metido publicidad, entre uno y dos anuncios previos. Hay que tener realmente interés para esperar y verlo. Debe andar ya cerca de las 5600, que no está nada mal para un youtuber aficionado y escalando cada día nuevas posiciones. ¡Viva por él! ¡Se lo merece! ¡Y su protagonista, más!


En fin, no me entretengo más. Que lo paséis bien y a cuidarse. ¡Yo, a trabajar!


jueves, 21 de mayo de 2026

NIÑA EN LA PLAYA (PARA EL PROYECTO "DESTELLOS")



Acabo de ver “Las gratitudes”, basada en la novela de Delphine de Vigan, en el teatro de La abadía. Y no dejo de pensar en las pocas veces que nos sentimos afortunados, agradecidos a la vida. Agradecidos a todas las personas que nos han querido y nos quieren. Agradecidos a la vida y todo lo que nos ofrece. Sí, gracias a la vida, como dice la famosa canción de Mercedes Sosa.

A veces una persona mayor, en sus últimos días, como en esta obra, o alguien a quien la vida ha repartido unas cartas difíciles es capaz de sentir ese agradecimiento íntimo y vital por el solo hecho de vivir. Y esta actitud es contagiosa. A mí me contagia. Y me estimula, cuando la percibo. Me hace apartar los ojos de mi ombligo y mirar el mundo, y sentirme parte de él, una estrella diminuta en la belleza infinita, inconmensurable del universo.

Y me acuerdo, entonces, de un amigo escritor como yo, que es ciego, pero no de nacimiento, sino que fue perdiendo vista paulatinamente, que es mucho peor, hasta perderla toda cuando tenía poco más de veinte años. No podría yo imaginarme sin mis ojos. Antes preferiría que me cortaran una mano, o las dos, o ambas piernas, o quedar inmóvil y paralizado para siempre. Todo, antes que perder mis ojos. Mi conexión con el mundo.

Hace algún tiempo yo escribí algo para él. Ahí va.



NIÑA EN LA PLAYA

La niña se llama Celia. Hoy ha ido a la playa de la Malvarrosa como todos los domingos por la mañana, después de misa.
Mientras su madre va a hacer la comida la manda a ella a la playa. Para que juegue y, sobre todo, se haga cargo y cuide de sus tres hermanos pequeños.
Se lo pasan muy bien en la playa los cuatro jugando a saltar sobre las olas, sobre todo cuando hace algo de viento como hoy.
El sol reverbera sobre el mar, que es una paleta de azules y verdes entre turquesa y añil. Y, en las crestas de las olas, el sol saca unos remolinos dorados entre la espuma y las salpicaduras y las piernas de sus tres hermanos pequeños que saltan sobre las acometidas del agua.
El pequeñín se agarra de la mano a uno de sus hermanos, mientras éste, el más alto de ellos, desde el agua llama a su hermana Celia y la invita a que se meta con ellos.



Celia pasea por la playa. Lleva un vestido blanco ribeteado en mangas y cuello con una orla roja. Y el cabello rubio al viento haciendo juego con la luz de las olas.
Hoy no se ha metido en el mar con sus hermanos. Ni lo hará. Pasea silenciosa y concentrada por la arena, mientras mira de reojo que nada les pase.
Hoy le ha contado a su madre lo que se descubrió anoche. Ya sabe que habrá algunos días todos los meses que no podrá jugar como una niña con sus hermanos y las olas.
Tal vez por eso le cruza una apariencia por el rostro que no llega a ser tristeza. Sino una inquietud esperanzada y recóndita que la llena de futuro. Y, también, ay, de una ligera nostalgia que sus hermanos no comprenden y, tal vez por eso, no paran de llamarla, mientras juegan con esa luz, que ella tanto ama.


La “Niña en la playa”, de Joaquín Sorolla, se subastó recientemente en Londres por 1 millón de euros.
Y yo escribo hoy estas líneas a petición de mi buen amigo Jesús Alberto Gil Pardo, escritor donde los haya e invidente, que me pide hoy en Facebook que le recuerde cómo eran los colores que él tras 30 años de ceguera teme olvidar. Apoyándome en algún cuadro de alguno de sus pintores favoritos. Espero que haya acertado, Alberto, y, aunque desconozco si la historia que está en el cuadro ocurrió como yo la cuento, los dos sabemos que donde no llega la vista, siempre llegará la imaginación. Un fuerte abrazo.

Sí, ser ciego puede ser terrible, aunque algunos, admirables, saben encontrar todavía la belleza de la vida. Están agradecidos a ella.

Me acuerdo entonces de este “Destello”, que explica muy bien lo que es sentirse ciego, en una documental premiadísimo que narra la historia del escritor John Hull, quien, tras perder la vista en 1983, documentó sus experiencias en unas cintas de audio: CONTEMPLACIÓN, se llamó en español. Este es el book trailer: https://youtu.be/O4e7O6h4V1k?is=yHG1AtAa0eniWgTO. Y este es el documental completo: https://youtu.be/Ah3qQOfGtNA?is=P5oPCdRBcZIwwHqx., que dura hora y media. Una versión más corta en inglés, con posibilidad de ponerle subtítulos en español (configuración-cc-subtítulos-traducción automática-español) de 12 minutos, es muy representativa del total.


Yo escribí, para mi libro “Los mejores 101 momentos de amor”, la historia de mi amigo Alberto, y de mi amiga Elena, ambos invidentes. Elena trabajaba en mi banco. Yo la conocí cuando me llamó para felicitarme por mi nombramiento como “Embajador del BBVA”, por mi larga trayectoria en la empresa y, sobre todo, por haber escrito mi novela “El día que fuimos dioses”.
“Un placer conocerte –me dijo–, yo también soy embajadora”.
“Igualmente–le contesté–¿por qué te han nombrado a ti?"
“Soy ciega, trabajo de telefonista, seguro que te he cogido alguna llamada alguna vez”.
Me quedé impactado. Y más cuando la conocí. Mis méritos me parecían nimios.
Ella me presentó a Alberto, entonces Responsable de Bibliotecas de la ONCE.
Yo escribí para ellos, y para mí, para todos los lectores, su bella historia:


HUELLAS DE LUZ

Ella nació en un pueblecito de Toledo, donde sus padres, maestro y ama de casa, la bautizaron con el bello nombre de Elena. Aunque ellos probablemente no lo supieran, Elena significa en griego: «brillante como el Sol». Pero los ojos de la niña Elena no brillaban como los de los demás niños. Eran ojos apagados, cargados de miopía y escasos de luz. Elena lo que más recuerda de cuando era niña, en Toledo y luego en Cuenca donde a su padre lo destinaron de maestro, eran los muñecos de nieve. Hacerlos con sus padres y hermanos y, luego, verlos al sol, cómo brillaban. Hasta que iban perdiendo sus contornos y entonces se derretían y se convertían en agua que huía por los sumideros. Como cuando ella se duchaba.

Aquel día, que ella no ha olvidado ni olvidará jamás, después de ducharse se secó el pelo delante del espejo. El vaho no la dejaba ver bien, todo le resultaba muy confuso. Hasta que limpió con la toalla la pátina de humedad y entonces se vio en el cristal con toda la nitidez con que ella podía. Observó su ojo derecho, entre morado y púrpura, que parecía como el de un boxeador maltratado.

Sus padres acabaron llevándola al doctor Barraquer, en Barcelona, la eminencia española de los problemas de la vista. No había nada que hacer. Ya se sabe, desprendimiento de retina, ceguera total en ese ojo. Tenía once años y aquel mismo día a España, curiosamente, se le ofrecía la oportunidad de encender la luz de la libertad, tras cuarenta años de dictadura.
Pero para la niña Elena los siguientes años no serían propicios para la libertad y el desarrollo personal sino todo lo contrario. Su ojo izquierdo también se iba debilitando. Su sitio en la escuela era estar pegadita a la pizarra, para poder distinguir los exponentes. Y en el patio, ella intuía que ninguna chica quería jugar, pero lo hacían, a regañadientes, porque ella era la hija del maestro. Así que no le llamaban cuatro ojos, no, pero seguro que cuchicheaban a sus espaldas.

Cada vez tenía que echarse más gotas. Los chicos le preguntaban a menudo qué tal. Pero luego en la discoteca ella quedaba en un rincón o sentada en una silla toda la noche.

No sabría decir cuándo se quedó totalmente a oscuras. Su ojo izquierdo fue languideciendo como un candil sin brea. Hasta que al final se apagó la luz totalmente. En cierto modo fue una liberación. Por el reconocimiento y la asunción definitiva que había que hacer de su problema.

Y ahí tuvo un poquito de suerte. O sus padres atinaron con la decisión. Con el cariño la habían arropado siempre. De las dos posibles soluciones: mantenerla con ellos en el pueblo y quedar a su completo cuidado o afiliarla a la ONCE, eligieron la segunda. Y ahí empezó una segunda vida para Elena, casi ya con veinte años.

Entras en un mundo de sensaciones nuevas y aprendes a suplir la falta de un sentido, tal vez el más importante, con otros. Oyes los espacios. Aquí el hueco de una puerta, ahí el vano de una ventana, la brisa del viento que cambia bajo un puente, o el murmullo de las hojas que te explica el día de hoy. Y practicas la amistad de ese amigo, pintado de blanco, que deberás tener siempre al lado. Hasta que os conocéis a fondo.

Cuando ya tienes confianza te atreves a salir con él a la calle. Elena reservó ese momento para un terreno que conocía. Y una noche les dijo a sus padres en el pueblo. «Yo voy a por la botella del vino». Y, decidida cogió su bastón blanco. «¡Vamos, amigo!».

El amigo no le falló, fue la lluvia reciente la que hizo que resbalara y se rasgara el codo. Y se quebrara también, un poco, la confianza que había vendido a sus padres. Supo entonces que empezaba una batalla que no terminará nunca: la de demostrar que puede manejarse sola, que puede hacer vida como los demás, que puede ofrecer, orgullosa, su valía a quienes tanto le han ayudado, a quienes tanto debe. A pesar de las dificultades, a pesar de los retrocesos.

A aquellos que le dieron la vida, que dedican todos sus desvelos a su Elenita, les querría decir muy alto una sola cosa: que ha merecido la pena. Y que sigue mereciéndola, cada día. Porque cada día les sorprende y se fija metas un poco más ambiciosas.

Por ello se hizo telefonista en la ONCE. Por ello consiguió, luego, entrar en el BBVA y ser la imagen sonora del Banco cuando llamas. Y lo debe hacer tan bien que, recientemente, ha sido nombrada, nada más y nada menos, que Embajadora destacada del BBVA. Por ello quiso hacerse también universitaria y sacar una carrera estudiando lo que más le gusta: Pedagogía. Nada fácil, pero lo consiguió. Tardó entre unas cosas y otras casi diez años. A veces tenía que dejarlo hasta que hubiera disponibles libros de texto en braille. Y ha conseguido convivir, como una más, con la gente que ve, tener buenos amigos en el mundo de la luz y en el de la oscuridad.

Le gustaría hacer tantas cosas. Recuperar aquel tiempo perdido y gris de su adolescencia, sentirse útil. Ayudar. Devolver a otros toda la ayuda que ella ha recibido. Tal vez por ello participa con una energía sin igual en tareas de voluntariado. Quisiera que los niños que nacen hoy con dificultades puedan vivir mejor que vivió ella.

Dentro de unos años se prejubilará, pero no se piensa quedar en casa. Hará otra carrera, trabajará en una ONG. Sólo una sombra cruza por su rostro: sus padres, con los que vive, comienzan a ser mayores, pero no contempla ni por asomo el momento del adiós. Querría devolverles tanto.

Elena y la pasión por vivir. La pasión por la familia. Elena y la pasión por los amigos, por viajar. Recuerda la primera vez que viajó sola. Fue en un autobús en Valencia y nunca llegó a su destino. Salió de su casa y su hermana se la encontró de vuelta de nuevo cuando subió en la parada de su calle. Era el autobús circular y Elena no había decidido todavía dónde bajarse. Hoy conoce medio mundo y te puede describir perfectamente a qué huelen Las Hoces del Duratón o las calles de Cracovia.

Yo cuando veo a Elena, me parece una persona muy valiosa. Que brilla tanto como su nombre dice. Como el Sol. Y, por un momento, los que estamos a su lado, podemos reparar en la luz, como antes no lo habíamos hecho jamás y vernos, a nosotros mismos, como un universo iluminado y brillante lleno de infinitas posibilidades.

Él fue a nacer en un pueblo del Moncayo soriano, hace 46 años, donde le bautizaron con un nombre muy bonito, que proviene del alemán Adalbreicht, o Adalberto, y que, de forma contraída se convierte en Alberto: «El que brilla por su nobleza».

Pero, aparte del nombre, pocas cosas bonitas traía el pequeño Alberto. Para empezar, nació con seis dedos, un defecto que puede producirse en pueblos pequeños, como los castellanos, donde el matrimonio se establece a veces con parientes próximos. Pero esa rareza no era lo relevante, hoy sólo quedan las cicatrices. Otro gen más importante nació dañado: y las células de la retina no se regenerarían e irían muriendo paulatinamente.

Al añito, más o menos, sus padres se empezaron a dar cuenta. El niño era más torpe que otros al agarrar las cosas, o se chocaba continuamente con los objetos. Particularmente de noche, o con poca luz, donde la visión en estos casos es muy escasa.

Empezó entonces un peregrinaje por los médicos de los contornos. Y por los curanderos. Cualquier persona que pudiera darles algo de luz, nunca mejor dicho, y que alumbrara las apagadas pupilas de su retoño era buscado, per-seguido con ahínco por sus padres, que sacaban el dinero de donde podían. Cuando Alberto tenía dos años más o menos, acudieron a Barcelona y el doctor Barraquer les explicó lo que iría pasando.

Alberto recuerda su infancia de forma bipolar. A un lado el amor incondicional de sus padres y hermano y al otro, la marginación, unas veces larvada y otras directa que sufría sobre todo por el resto de los niños. En los pueblos hay que ser avispado, buscarse bien y rápido la vida. Y al que se queda atrás, pues que se lo lleve la corriente. Alberto no podía jugar por la noche y llevaba unas horribles gafas. A veces los niños no le esperaban y Alberto se quedaba solo, caminando al oscurecer, o lloviendo, cuando volvía de la escuela.

Así que Alberto leía. Y también quería ser misionero. Por esa cosa tan curiosa de querer dar ayuda el que lo necesita tanto.

Sus padres lo enviaron a un colegio religioso a los doce años. Pero sólo logró estar allí uno: los sacerdotes de verdad no quisieron que continuara, porque no podía hacer vida comunitaria. Lo que sí hacía era leer continuamente. Leía tanto que una vez le tapiaron de libros sus compañeros por todos los lados, sin que se diera cuenta.

Alberto recuerda todos aquellos años como de una dureza extrema: cada año veía un poco menos y cada año se sentía más marginado. Recuerda las fiestas de su pueblo, llenas de música y alegría donde él acababa siempre en un rincón llorando.

Y en aquellos momentos de dolor, de frustración, de angustia y de impotencia, Alberto sólo hacía que repetir una y otra vez el mismo juramento: «Seré algo en la vida. Y, entonces, recordará toda esta gente quién estuvo una vez a su lado, aunque solo». Pero, paralelamente, él siempre guardaría también cariño hacia ellos.

Por ello arremetió como un toro contra la carrera que siempre quiso hacer: estudió Geografía e Historia, con el fin de hacerse arqueólogo, con tal intensidad que acabó perdiendo la poca vista que le quedaba. Tiene libros quemados a la luz del flexo que se lo recuerdan.

Y lo consiguió. Era un universitario. Era una forma de resarcirse de todos los ratos de soledad, andando a trompicones, abandonado por sus compañeros en el camino de la escuela. O viendo cómo lloraban sus padres cuando tuvo que abandonar el colegio de religiosos, o no le aceptaban en alguna excursión. Él era un problema. Y causaba dolor y llanto a los que más quería.

Él les compensaría con creces, a sus padres, en forma de orgullo por todo lo que ellos habían pasado. Claro que lo haría: sería el único propósito de toda su vida. Su única pasión.

Pero, ahora estaba ciego. E ingresó en la ONCE. Para él fue una liberación. Había tocado fondo, así que sólo habría una cosa ya: remontar. Allí le enseñaron a no sentirse un inútil. Y él aprendió que, si otros lo hacían, si eran capaces de desenvolverse por su cuenta, él también lo haría.

Pero es muy duro el bastón. Y, además, es para siempre. Alberto no ve nada. Pero todavía puede sentir la claridad. Y recordar cómo eran los colores. Aunque de alguno no se recuerda: como el color pistacho. Sí, fue muy duro la primera vez que salió a la calle con su bastón.

Fue en Zaragoza. Sentía el estruendo de los coches cada vez más cerca, como si se fueran a abalanzar sobre él en la acera. Así que pegaba su espalda a la pared y se quedaba petrificado, tanteando con su bastón, solo, indefenso y a oscuras. Aunque él no lo sabía un monitor iba detrás.

Pero en la ONCE, dada su preparación universitaria rápidamente lo pusieron delante. Con 24 años le nombraron Jefe Administrativo en Lérida, con ciegos, videntes y secretaria a su cargo. Las pasó canutas, dice, para enfrentarse a todo ello, un chico de pueblo como él, sin experiencia. A veces se pasaba metido todo el fin de semana en la habitación del hostal, armándose de valor para la semana siguiente. Ése fue sólo el principio, luego vino una carrera dilatada, siempre en la ONCE: Coordinador provincial de Servicios Sociales, Director, Jefe de Recursos Humanos, moviéndose siempre de un lugar a otro. Hasta que hace poco encontró el sitio que estaba buscando inconscientemente desde siempre: Técnico de Biblioteca en Madrid, con la misión de acercar la cultura a las personas invidentes.

Y en este entorno de cultura y de sosiego ha desarrollado la que, sin duda, es su vocación más profunda. Aquella que nació en sus ratos de soledad, cuando le tapiaban de libros. Tras sus muchas lecturas le ha llegado el momento de escribir.

Después de practicar en su blog literario, en estos días ha publicado su primer libro. ¿Quisieran saber ustedes cómo se llama? Pues miren el título de esta historia y lo sabrán.

Elena y Alberto. Dos huellas de luz. Dos personas enormes hechas a sí mismas. Yo me alegro mucho de haberlas conocido. Y les agradezco de corazón haberme permitido conocer algo de sus vidas y milagros, nunca mejor dicho.

Sus vidas dejarán huella. Como las de tantos otros que se enfrentan a condiciones adversas y tienen el coraje de superarlas. Porque tienen la pasión por vivir, por ayudar tanto como les han ayudado.

Yo he visto sus huellas llenas de luz, de esfuerzo, de constancia, de valor. Y eso hace que me sienta bien, mejor, que afronte también, con energía, con decisión, mis propios retos. Y eso es dejar huella. Ser marcas brillantes en el sendero, por donde todos transitamos, antorchas que llevan los mejores, los que están acostumbrados a no derrumbarse, ni atemorizarse, ante tanta oscuridad.

jueves, 14 de mayo de 2026

PARA NUESTRO MBA MAN

 

¡Feliz cumple, Guille! ¡Y muchas enhorabuenas!

Han sido dos años de intensos esfuerzos en Londres y en Filadelfia. Bueno, más de dos, si tenemos en cuenta la preparación para el GMAT, cuya nota te abría las puertas a entrar en el selecto club de la LBS. ¡Pero ya lo tienes! Ya eres un MBA MAN por dos de las más prestigiosas universidades del mundo: la London Business School y la Wharton de Pennsilvania.

¿Te acuerdas en las Navidades del 23, cuando en nuestro refugio de Alicante te recordábamos de forma cariñosa tus objetivos escribiéndolos en el cristal de nuestro coche para que no se te olvidaran?



Aquello que parecía tan difícil y tan lejano en esos momentos ya lo has conseguido. Sabemos que no ha sido fácil, por ello el mérito es mucho mayor. ¡Estamos tan orgullosos de ti!

Hay un club numeroso de frustrados del MBA, hablan de un 40%. Son todos aquellos que después de pelear duro por conseguir este prestigioso título, solo logran encontrar una salida profesional que no compensa totalmente el ingente esfuerzo mental y monetario que supone. Logran una mejora, pero insuficiente.

Ha sido este un año muy duro  para ti. Lo sabemos. Inmerso en muchos procesos de selección. Con el alma en vilo y viviendo un tobogán de emociones que te alejaban y te acercaban por momentos a tu meta dorada.

¡Al final ha sido sí! ¡Y posiblemente en el mejor sitio de todos! Allí te conocen y te aprecian, y te han ofrecido unas condiciones fabulosas. Serán muy exigentes, ya lo sabes, tendrás que trabajar muy duro. Pero te vemos muy ilusionado, lleno de fuerza y autoconfianza para alcanzar en unos años tu sueño de volver a España por la puerta grande.

Fue un placer visitarte el verano pasado en Londres. Posar contigo delante de la London Business School. Y luego que nos mostraras dónde querías trabajar cuando acabaras. Allí hiciste las prácticas de verano y han ido a buscarte ahora cuando has terminado tus estudios. Me alegro de esta foto que nos hicimos mamá y yo frente a las oficinas de F. Capital Group. Ha sido toda una premonición.




 Así que llega tu cumpleaños y puedes sentirte muy satisfecho. ¡Felices 29!

Y acometer tu nuevo año lleno de proyectos, expectativas y ganas de labrarte un brillante futuro.

Mañana mismo sacamos los billetes para asistir a tu graduación el próximo 22 de julio. Con esas imágenes me gustaría cerrar un videoclip que sabes llevo tiempo pensando en regalarte. 

Sería la continuación de este entrañable que te hice de tus comienzos, en el que ya apuntabas a altos horizontes.


Hemos tenido la suerte de poder celebrar contigo tu cumpleaños en Madrid. Fuimos a un restaurante nuevo, el nuestro estaba cerrado y nos encontramos con esta pequeña y entrañable sorpresa que te dejo de recuerdo. https://youtu.be/-m40XKh8Q6U

Te dejo también esta nueva portada que seguro que te gusta, de aquel proyecto en el que tú ya mostrabas las inquietudes que te han llevado hasta aquí.




¿Recuerdas aquellos momentos de tus primeros sueños?




Nosotros te seguiremos apoyando para que sigas persiguiéndolos y, a ser posible, cumpliéndolos.... ¡Y recuerda que, por si acaso, tu madre siempre estará detrás de ti!



¡Enhorabuena, campeón!



domingo, 10 de mayo de 2026

LITERATURA Y VIDA

 

Debe ser la edad, pero algo está cambiando en mí. Cada vez me contengo más en mis impulsos literarios, sobre todo cuando la vida que pasa a mi alrededor me reclama. Ya no hay conflicto de interés. La vida, primero, y aquí paz y después gloria.

Así que todos estos días en los que he hecho mutis por el foro se debe a que he estado en otros sitios. Por ejemplo, con mi hijo Guillermo, que pasa unos días con nosotros tras terminar su MBA en Wharton. Es todo un campeón, me alegro por él y me llena de orgullo. El otro día firmó su contrato de trabajo con una firma importante de private equity en Londres. Lo que a él le gusta. Un contrato fijo y de asociado. Su MBA y sus esfuerzos, suyos, y nuestros, han merecido la pena. El salto que buscaba en su vida profesional lo ha dado y de qué manera. Tiene el gran reto de volver a España, quiere hacerlo en unos tres años, sin perder demasiado valor, en  nuestro país, no se valora, valga la redundancia, a los jóvenes muy bien preparados y así nos va, y aun peor nos irá en el futuro si las cosas no cambian.

El proyecto de cine lo tenemos ya muy claro, pero ahora hay que ver cómo se le pone el cascabel al gato, quiere decirse cómo se financia. El martes tenemos una reunión clave y el miércoles, si ha sido exitosa, iré a conocer al equipo que me ayudará en el rodaje,  montaje, producción, etc.  Chicos y chicas muy jóvenes  con los que espero hacer un buen equipo, yo pongo la experiencia, la poca que tengo quiero decir, y ellos sus conocimientos, que tampoco son muchos, pero sí su vivacidad, su ilusión y sus ganas de aprender. Con estos mimbres, espero hacer algo sugerente y estimulante. Ya veremos.

Quiero hacer también un artículo por cada una de las cuatro ciudades de la Costa Este Americana que visitamos. Solo tengo hecho el de Washington, que ya he dado a conocer en algunas redes como mascarón de proa de mi proyecto de libro "Destellos".  Aquí, abajo, frente al Obelisco de Washington.



Estoy revisando a fondo mi catálogo de libros, sobre todo sus portadas, que hay que renovar y también mínimamente la estrategia de marketing para poder competir con los actores, presentadores y famosillos, que son los preferidos por las editoriales porque ya son conocidos, aunque algunos de ellos escriban de puta pena.

Aquí, una muestra de algunos de ellos:





La verdad es que es un trabajo arduo. Tengo una veintena de títulos (incluyendo recopilaciones), dos ediciones: en digital y en papel con cubiertas y lomo, y dos idiomas por el momento (español e inglés). Pero estoy quedando relativamente satisfecho. Espero que os gusten.

Voy a revisar así mismo la novela que escribí el pasado año. La he vuelto a releer y la distancia me ha puesto en la palma de la mano muchas mejoras que voy a acometer cuando pueda. Espero que antes de que acabe el mes, si el cine no me aprieta demasiado.

Y, también en cuanto pueda, retomaré mi novela "Sole, de soledad" de la que llegué a un treinta por ciento aprox,  pero, hace ya tanto tiempo, que me costará meterme de nuevo en su mundo. Pero, quédate tranquila, Sole, que no te voy a abandonar.

Y dos alegrías: mi vídeo en Youtube, CUANDO ME ENAMORO, tráiler de presentación de mi novela REGRESO AL SAUCE CURVO, va por las 5100 reproducciones, a cincuenta por día o dos por hora, lo cual no está nada mal para este youtuber aficionado que va por el mundo a pecho descubierto, eso sí con la luminosidad y belleza de mi chica por delante que casa a la perfección con el éxito de Enrique Iglesias y Juan Luis Guerra del mismo nombre. Y, la segunda, que no sé por qué, y sin comerlo ni beberlo, todos los días en Estados Unidos se lee algún libro mío en inglés, particularmente THE DONOR (El donante). Pues, muchas gracias a los algoritmos de Youtube y Amazon, por elegir estas obras mías para mostrárselas a sus usuarios. Espero mantener el ritmo y no defraudar, sino ir cogiendo cada vez más vuelo. ¡Y eso que yo no soy un autor que me considere comercial!

Espero también no tardar demasiado en volver por aquí. Pasadlo bien, y no soltéis el paraguas por el momento. Nos queremos olvidar del famoso refrán "Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo",  y la lluvia no deja de recordárnoslo un día sí y el otro también.



lunes, 27 de abril de 2026

UN PRECIOSO DÍA DE PRIMAVERA DE HACE UN AÑO.

 



Parece que fue ayer. Porque siempre estará muy cerca de nuestros corazones. Pero, ha pasado ya un año. Hoy llegamos a vuestro primer aniversario. Cuántos recuerdos, cuántas emociones y, sobre todo, cuánto futuro.

Sí, alzo aquí mi copa y brindo por vuestro futuro. Porque sigáis creciendo y creciendo como pareja. Porque sigáis ayudándoos y comprendiéndoos. Porque viváis vuestro amor cada día un poco más. ¡Porque seáis inmensamente felices! ¡Brindo, brindamos toda la familia por ello, de corazón!




Aquí van unos pequeños recuerdos de aquel hermoso día.

EL VIDEOCLIP: "AMOR Y ALEGRÍA UN 26 DE ABRIL": https://www.youtube.com/watch?v=EnwHqTOSUwg

Algunas fotos:










Hoy, Ali,  te volvemos a desear, QUE SE CUMPLAN TUS SUEÑOS: https://www.youtube.com/watch?v=Odmi8bXXbSQ


Recuerdo que cuando faltaban unas semanas para tu boda, te pregunté: "Ali, dime lo que quieres que haga ese día, si quieres que salga a leer, o que diga algunas palabras, o lo que tú quieras". "Papá, me contestaste, tú no tienes que hacer nada, solo estar siempre cerca de mí, a mi lado". Nunca olvidaré cuando bajamos del coche y entramos los dos juntos a la iglesia cogidos del brazo y ese vals lleno de emoción que me recordó algún otro de cuando tú eras muy, muy, pequeña.

VIDEOCLIP: SE CASA MI NIÑA: https://www.youtube.com/watch?v=dsKq1jsB0HI









Y esa sorpresa inmensa que nos diste. Lo mantenías tan en secreto que hasta los fotógrafos no reaccionaron a tiempo y solo Guille pudo grabar la estrofa final.  Los últimos versos de aquella  nana que te cantábamos mamá y yo para que te durmieras en aquella casa donde naciste que ahora es la vuestra. 

"Yo tengo una niña / y la quiero tanto / quiero todo lo bueno / y nada de lo malo".

Fue suficiente, toda la letra la llevamos en nuestro corazón:

Yo tengo una niña 

que se llama Alicia 

y es tan bonita 

que cuando la miras

las penas quita.


     Yo tengo una niña

que se llama Alicia

y es tan rubita

que es mismamente

una margarita


     (Estribillo)  Yo tengo una niña

¡y la quiero tanto!

quiero todo lo bueno

y nada de lo malo.


VIDEOCLIP NANA DE ALI A LA SALIDA DE LA IGLESIA: https://www.youtube.com/watch?v=t1gLIa5BPik





Ha sido este un año  donde la tristeza también nos ha golpeado. Donde alguien, muy próximo a vosotros, a nosotros, nos ha dejado. Pero, siempre lo sentiremos muy cerca y nos volveremos a ver todos de nuevo, cuando nuestro paso por aquí se acabe. Así que la tristeza hay que llenarla también de esperanza. Descanse en paz, nunca lo olvidaremos.






martes, 21 de abril de 2026

RELATO EN AMÉRICA

 

ARRIBA, EN LAS MONTAÑAS

Cuando te vi por primera vez en mi Coffee Café, Hillary, lo supe, lo supe como tantas otras veces. Lo supe porque se me aceleró el corazón y me empezaron a temblar y a sudar las manos. Por eso me acerqué y te pregunté si te gustaba subir a las montañas. ¡Ah, las montañas! Pero a ti, Hillary, las montañas te daban igual, a ti lo que te gusta es escribir como yo lo hago, con esa mezcla de crueldad y lirismo que yo entiendo tan bien. Así que, por una vez, he hecho una excepción y no me arrepiento, ni me arrepentiré jamás.
He pedido dos días libres, como siempre, para que todo salga bien. Te recogeré en mi viejo Cadillac y cruzaremos por el puente de Brooklyn, mientras el agua del río nos mira tierna y azul. Te llevaré hasta el embarcadero y allá tomaremos el barco donde se suben las parejas de enamorados para ver cómo se pone el Sol por detrás de la Estatua de la Libertad, mientras se dicen al oído que se querrán siempre. Entonces, nos cogeremos de la mano y ya el día entero llevaremos con nosotros toda esa alegría con la que juegan los niños.
Pasearemos, casi de noche, por Central Park tropezándonos con las ardillas mientras nos besamos una y mil veces apoyándonos en los viejos troncos de los dormidos árboles. Tal vez cenemos allí mismo, en el Blue Ribbon, y nos leamos uno al otro, nuestros cuentos y nuestros relatos, a la luz temblorosa de las velas. Entonces me preguntarás, triste y dichosa, por qué todavía no escribes tan bien como yo. Y yo te susurraré, mientras te acaricio lentamente la rodilla por debajo del mantel:
—Ya lo harás, todavía no tienes el alma tan llena de amargura, tan llena de desesperanza. Porque escribir no es nada, sólo es, tal vez, dibujar las flores más hermosas, pintarlas con el dedo, mientras recorres con tu mano las aguas rizadas y temblorosas del mar, que se adormece cuando los atardeceres amarillos. ¡Ah, los atardeceres amarillos!, ¿te acuerdas?
Luego, cuando ya todo lo cubra una magia dulce y azul, te llevaré a mi casa y allí nos amaremos como quizá lo hacían las primeras parejas al comienzo de los tiempos, cuando se inventó el mundo y el tiempo era nuevo y no se gastaba jamás.
Entonces, sólo un momento después, mientras tú miras distraída por la ventana cómo las sombras de la noche y las luces de las farolas juegan con el rumor del viento y con las hojas de las acacias de mi calle, yo cogeré el cuchillo grande y, aunque se me parta el corazón, lo haré como tantas otras veces. Luego, te meteré en la bolsa de cuerpo entero, absolutamente desnuda y con la herida lavada y limpia, cerraré la cremallera y dormirás como una desmayada sirena unas horas en el fondo del congelador, rodeada de los peces de extraños mares, que tenemos abajo, en el restaurante.
Antes del amanecer, cogeremos de nuevo el viejo Cadillac y nos iremos juntos a las montañas más altas, las que están en Colorado. Y, a la sombra de la más imponente de ellas, la que llaman Elbert Mountain, pasaremos de nuevo la noche juntos en una pequeña cueva rocosa que hay en la ladera.
Yo encenderé el fuego y oiremos en silencio el chisporroteo de las llamas mientras el cansancio puede más que el dolor, que el frío helado y que el sufrimiento de mi alma.
Cuando llegue el nuevo día te sacaré de la bolsa y te buscaré tu sitio definitivo, aquél donde sólo llegue la luz de algunos rayos de Sol, los más débiles y temblorosos de la mañana. Los suficientes para que yo pueda verte, pero sin que a ti te hagan daño, ni puedan maliciar ni corromper jamás la belleza de muñeca helada que tú tienes. Allí estarás también con tus amigas del alma, Hillary, que también iban por el Coffee Café.
Con Lucy, ¿recuerdas?, que era mandona como pocas en la cama, pero tan tierna y juguetona que sus ojos se llenaban con la luz que tienen todos los espejos.
Y con Ann, a la que no olvido ni olvidaré jamás. Tenía ese cuerpo suave y profundo, que era igual que el mar de sus grandes ojos oscuros, bajo cuyas aguas duermen los peces con unos sueños dulces y amarillos.
Entonces yo os miraré de nuevo, mientras los cristales de escarcha de vuestros ojos me ofrecen, otra vez, la luz brillante de los momentos que vivimos juntos.
Y aquí arriba, en las montañas donde yo me subo, en esta cueva donde yo guardo los momentos que no olvidaré jamás, podré soñar de nuevo con vosotras, todas las veces que yo quiera, sin que el tiempo os lleve nunca de mi lado, ni pueda convertiros jamás en seres extraños.
Mientras, allá abajo, en el valle, caen unos copos de nieve grandes y misteriosos que lo cubren todo de una blancura tremenda, de una blancura eterna y llena de pureza, que a mí me hace llorar...
Acabo de volver de una viaje por la Costa Este Americana y me he acordado de este relato que yo escribí hace unos años, ambientado en Nueva York y en Colorado y que fue galardonado por el Grupo Literario Arrendajos con una noche de hotel y una cena maravillosa en el Eurostars Hotel de Toledo para mi wife y para mí.

Está dedicado a Hillary, a Lucy in the Sky with Diamons y a Ann Riverside, nombres ficticios bajo los que se escondían mis compañeros del banco: Félix, otro escritor como yo al que recojo en mi libro La pasión por escribir y dos compañeras: Lucía y Ana. Fuimos juntos varios años a un curso de inmersión en inglés que nuestra empresa hacía en un pueblecito junto a Ciudad Real, en el que estaba prohibido hablar en español. Lo pasábamos muy bien, teníamos hasta discoteca, y muchos juegos, uno era el Coffe Café, y ellos, además, tenían la paciencia de leerme y escucharme mis entonces primeros balbuceos literarios. Yo les escribí este relato para que nunca olvidaran todos aquellos buenos ratos que pasamos juntos.

ALGUNAS FOTOS DE MI RECIENTE VIAJE POR LA COSTA ESTE.

Por las calles de Nueva York.



Junto a la estatua de Lincoln en Washington.


Rezando ante la Bolsa de Nueva York para que nos dé muchas alegrías.



En los jardines que rodean la Casa Blanca:





En la Universidad de Harvard, en Boston, Massachusetts, junto a la estatua de su fundador.



Y en el literario puente de Brooklyn, citado también en mi relato: