viernes, 19 de junio de 2026

LA FUERZA DEL AGUA (PARA EL PROYECTO "DESTELLOS")

 Hoy viene a mi memoria un viaje familiar extraordinario que hicimos a Canadá hace unos años por estas mismas fechas que corremos ahora. Nuestro hijo estudiaba en la universidad de Cornell, cerca de Nueva York y de  la frontera con Canadá. Nueva York ya lo conocíamos todos, así que organizamos un tour por Canadá y, cómo no, lo primero que fuimos a visitar fueron las cataratas del Niágara.  Quedamos impresionados.

Hoy pienso en el agua y en la atracción que siempre ha ejercido sobre mí. Creo que sobre todos nosotros. Al fin y al cabo procedemos de ahí, de los océanos, empezamos como larvas acuáticas y luego alcanzamos la tierra firme.

Pasado mañana, cuando vuelva de ver a mis entrañables compañeros de internado de hace más de 50 años en Sigüenza, me voy al mar de Altea. Cada vez necesito más ir a ver el mar. No a bañarme en él, aunque lo haga, ni mucho menos hacer deporte sobre sus olas, que nunca practico. Sino solo mirarnos los dos. Hablar entre nosotros de nuestras cosas. Y volver renacido de nuevo a continuar el camino.

En las cataratas del Niágara, esa fuerza acuática de la naturaleza, nació el poema que adjunto. Y florecieron un ramillete de fotos de las que extraigo algunas.

LA FUERZA DEL AGUA


Hay una humedad extraña
Que huele a historia y a misterio
Antes de que llegues al valle

Un águila majestuosa
Observa impertérrita
El paso de los siglos
Colgada de una escarpia en el cielo

Hay una nube plena de brillos
Hecha de llovizna
Y, tal vez, de recuerdos
Y de acuoso
                destino

Y luego estás tú
Que acudes ilusionado
A la fuerza del agua
Que te atrae desde niño.

Llegas y el sol está declinando
Sobre esta maravilla de luz
De sonido,
De fuerza
Y de vida. 

Vives este momento único
Sabiendo ya que no volverás
Todo es un encuentro fugaz
Cosido a  una eterna despedida

Te abrazas a las personas que quieres
Mientras llega la noche
Y sientes cómo el agua
Inocente y sumisa
Cae hasta el abismo.

Niágara, Niágara…

Porque toda la vida
Que es y que fue
Viene del agua…







Mi musa al natural entre la natural belleza...



El agua, el agua, y su fascinación...

Recupero un video de aquella visita, en el que me veo emocionado y casi transfigurado. El agua y las flores son dos de las cosas que nos rodean que mí más me impresionan, me importan y me impactan. Desde siempre. Ahí va: https://www.youtube.com/watch?v=VqvieeDHPAA

Y esto me lleva a un destello, corto pero espléndido, de este paraje, uno de los más impresionantes que se pueden encontrar en la naturaleza de todo el mundo:

y si queréis un documental de prestigio, aquí lo tenéis: https://www.youtube.com/watch?v=rS5fa9iXw-0&t=2s

A mí el agua, que fue nuestro principio, me lleva también a pensar en nuestro final.


LA VIDA COMO DESPEDIDA

Te vas despidiendo en el espejo,
ese íntimo,  pero también objetivo, notario de tu vida,
de todo lo que tú fuiste,
y de todo lo que tú pudiste  llegar a ser.

La vida es solo un torrente de despedidas.
Y el agua que mueve tu noria
nunca descansa
en hacerte más y más viejo.

Y los demás solo son espectros, sombras
a los que el viento desfigura en tu retina
hasta hacértelos irreconocibles
Tiernos, pero irreales
en la velocidad  del tiempo
que los consume

Como a ti
Aunque no te des cuenta.

¿Dónde va a parar todo el dolor
que una vez sentiste por ellos,
por ti?

¿Dónde fue el amor
que doró de sol, por un momento,
este valle de ausencias y de tiempo que se agostó?

¿En qué depósito duermen todas tus esperanzas?
¿Y todos los recuerdos que dan vida  a un pasado
que se fue, sin decir nada?

Miras por la ventana,
de este tren que recorre llanuras verdes inmensas
del país de la hoja del arce,
que te lleva de punta a punta de este Canadá
brioso, luminoso, lleno de luz y de hierba y de agua,
al que en unos meses cubrirá la nieve y el hielo.

Y piensas en ti mismo
En tus horas que avanzan sobre los raíles
que serán luego solo escarcha.

La vida es una eterna despedida
Como las horas del reloj
que avanzan hacia su  adiós.

La vida es solo vivir
Instantes únicos
que no volverán.

Como este tren
que avanza a todo máquina.
Para una vez que llegue
volver otra vez.
Pero con otros pasajeros
que se harán
las mismas preguntas.


Mientras el sol dorará su pelo, su alma.
Hasta que  la nieve
lo cubra todo de  blancura.
De esa inocencia eterna

            del tiempo que no tiene fin.

Escrito en el tren Quebec-Ottawa.

Y entonces me acuerdo de lo que escribí en mi primera novela. "El día que fuimos dioses". Todo está en tu primer libro, dijo alguien que ahora no recuerdo.

En ella está esta historia. La de un hombre que se siente fracasado y quiere poner punto y final a su vida en el agua, tirándose desde la cubierta de un barco. 

Para que esta vuelva a poseerlo, lo limpie, lo repare y lo lleve hasta la eternidad, de donde venimos Y poder ayudar desde allí a sus seres queridos. 

Un amigo, el único que le queda, se lanza al agua a ayudarlo, sin que en la novela se exprese el final de ambos. De hecho él cree que es Fio Yaram otro hombre que se acaba de suicidar desde el mismo sitio. Ahí va este capítulo de "El día que fuimos dioses".

X X X I

En el principio nació la vida y con ella el tiempo. La vida no existe sin el tiempo y mucho menos el tiempo sin la vida. La vida y el tiempo crearon una casa, un humilde hormiguero, donde la hormiga pasa un tiempo, es decir una vida. En el jardín de la casa del tiempo y de la vida crece una extraña y misteriosa flor, el cuidarla y cultivarla es la única misión que tiene la hormiga. Cuando esa flor florece el tiempo y la vida no pasan y la hormiga piensa que su casa es el sitio más bonito del mundo. Cuando esa flor se agosta o se malcría o, simplemente, se muere, dicen que se muere el amor, pero al fin es el tiempo y la vida que terminan / aunque la vida y el tiempo continúen / recorriendo día a día su jardín / y llorando por todas sus esquinas.

Álvaro Artola se inclina sobre la balaustrada del Sea and Sky Dreamer y mira al mar.
—¿Por qué no aquí y ahora? Estas aguas fueron navegadas y dominadas durante muchos años por los venecianos. ¡Venecia! Ah, Venecia, Venecia... Anegada siempre en agua. La cuna del Renacimiento.
Se queda con esta última palabra que coincide con lo que él lleva dentro.
—Para que algo renazca primero tiene que morir y dónde mejor que en el mar, cuando empieza el día. El mar, que un día lejano nos alumbró, nos va recogiendo ahora, a todos sus hijos, que regresamos vencidos y, tal vez, fecundos. Como a Fio Yaram, como a mí mismo.
Abrázame, padre eterno / que ya no puedo con mi estrella. / Abrázame, padre bueno / y quítame el alma, que me pesa. / Déjame que repose, otra vez, en tu sueño. / Déjame que me duerma, otra vez, contento...

Entonces Álvaro cierra los ojos y se deja caer al vacío con los brazos abiertos, como un pájaro. Algún día fuimos aves o, solo peces voladores que, luego, más tarde, conquistaron la tierra firme.
Cuando entra en el agua, fría pero estimulante, siente que regresa a un mundo que ya conoce. Abre los ojos mientras desciende y la luz se va apagando lentamente, allá arriba. Pronto, en la oscuridad más absoluta, él se dormirá en el regazo marino para descansar de su intenso viaje. Luego, se irá deshilachando en pequeñas briznas de vida, cada vez más diminutas, hasta disolverse enteramente en la corriente de energía que navega entre las aguas.
—¿Recordará algún niño la luz de mi sonrisa / cuando me haya ido? / ¿O, tal vez, susurrará mi nombre la brisa / cuando mueva los geranios, hasta alcanzar tu oído? ¿Notará alguien en su corazón / como un latido extraño / un lejano eco / un poco de vacío? ...
Cuando por fin, reducido a casi nada, ascienda Álvaro de nuevo a la superficie, habrán pasado ya muchos años, solo unos pocos minutos marinos. Y, tal vez, diluido en unas nubecillas de vapor, será, entonces, arrastrado muy lejos por el viento. Quizá hasta las altas cumbres de la Sierra de Navacerrada, donde su familia suele esquiar en invierno.
—Eso es posible, ¿por qué no? Ver corretear, hecho nieve, a tus nietos y abrazarlos mientras resbalan en el blanco suelo.
O, tal vez, será empujado hacia oriente, en medio de las altas corrientes que chocan contra los Himalayas. Un poco más al sur los monzones riegan los valles del Yom y del Ping donde una joven huérfana, ingeniero agrónomo, de nombre Tashmina, quizá estudiará, con ahínco, cómo fertilizar más adecuadamente aquellas lejanas tierras.

Incluso le parece ver a través de la neblina de las aguas a Fio Yaram, a su querido Florián, que se acerca sonriente. Alguna vez pensó que todos los tailandeses parecen iguales pero eso debió ser, piensa ahora, hace muchísimo tiempo.
—Sí, es sin duda Fio Yaram, qué alegría.
Se detiene por un momento en su descenso y es entonces cuando siente el abrazo fuerte y fraternal de Fio y él definitivamente cierra los ojos y se abandona. Se deja anegar por el agua que tanto le fascina y abre todas sus puertas para que lo posea, lo purifique y, ya limpio, lo haga suyo para siempre...

Acaba de amanecer un nuevo día y las aguas de los mares se desperezan estirando sus olas y el sol empieza, otra vez, a mostrar su paleta de colores en un estremecedor silencio. Pero hoy es un día especial y la sirena del Sea and Sky Dreamer silba con toda su potencia mientras los limpiadores de cubierta, que han acudido a su trabajo, animan con grandes gritos a Lee Tao que acaba de lanzarse al rescate de su amigo Artola.

Algunos dicen que lo conseguirá, es un gran nadador. Allá abajo nada se oye, solo dos sombras abrazadas se mueven en el mar dormido, en la profundidad de las aguas.

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Nos vemos a la vuelta. Ahora tengo que meterme con diversos temas pendientes del documental que haremos después del verano. Me siento satisfecho porque ya cumplí con la agenda y tengo hecha la primera versión del guión. Así que me voy tranquilo de vacaciones. Que lo paséis bien.



sábado, 13 de junio de 2026

LEJOS DEL SAUCE CURVO.

 

Esta es una de mis novelas a la que yo tengo más cariño. Tal vez porque  a medida que vas cumpliendo años te gusta echar una mirada amorosa a tu pasado, una forma de echártela a ti mismo y poder continuar así el camino más ligero de equipaje.

Creo honestamente que es una de las mejores novelas para leer sobre la adolescencia y juventud en la España de los setenta y ochenta, particularmente de aquellos jóvenes provenientes del ámbito rural, cuyas familias emigraron a la gran ciudad buscando nuevos horizontes.

Así lo ha entendido Amazon, que la incluye por los próximos 3 meses en su selección Prime Reading,  su club de lectura más selecto. Así que animo al que no la haya leído a que se sumerja en aquel mundo de nuevo. Tal vez recuerde muchas cosas de antes y se comprenda a sí mismo un poco mejor ahora.

Próximamente también contará versión en inglés, el resto de sus compañeras de trilogía ya la tienen.


Ojalá "El Sauce Curvo" se convirtiera, modestamente, en una especie de Macondo literario. Me haría mucha ilusión, aunque será difícil, yo no escribo  pensando en grandes mayorías.

Lo que sí es ya una ilusión cumplida es ver  a la mayor parte de mis libros pasados al formato Audiolibro, tengo la inmensa suerte, como con la versión al inglés, de que Amazon se haya fijado en mí y haya seleccionado mi obra como avanzadilla de este servicio que, supongo, se abrirá a todos en el futuro.

Para los que hayan leído ya esta novela, y también para los que quieran acercarse a ella por primera vez, os dejo una muestra de "cómo suena" el arranque de "Lejos del Sauce Curvo". De momento, solo está a la venta en Amazon Estados Unidos, pero se puede descargar igualmente desde España yendo a amazon.com  Francisco Rodríguez Tejedor. Ahí va un recuerdo sonoro de toda aquella época.

MUESTRA AUDIOLIBRO "LEJOS DEL SAUCE CURVO"

martes, 9 de junio de 2026

NUEVA YORK, NUEVA YORK...

 

Vuelvo de un viaje reciente por la Costa Este americana. Nueva York no es la capital ni tiene los símbolos de poder de Washington, ni la elegancia ni la clase de Boston, ni siquiera el prestigio histórico de Filadelfia que también fue capital del país. Pero Nueva York es otra cosa. Es la ciudad con la que todos hemos soñado alguna vez.

Yo, cuando voy a verla, todavía encuentro los rincones que en la lejanía de mi país me hicieron soñar, como el de aquella película de Robert Redford y Barbra Streisand, “Tal como éramos”, en la esquina de Central Park y el Hotel Plaza.
https://www.youtube.com/watch?v=k2Fp5t75jTo

Y también me duelen, me siguen doliendo, sus carencias. Ya no es una mujer joven y las arrugas le pueblan el rostro por doquier: un ruido infernal, tráfico caótico, un metro desolador, un paisaje humano confuso e ingobernable… Hay chicas jóvenes más lozanas y atractivas hoy en día como Shanghái, Singapur o Dubái, que le han robado su estilo.

Aunque no su alma. Nueva York sigue palpitando en nuestros corazones. De sus ruinas sigue emergiendo todavía esa fragancia de libertad, de sueños y de futuro, esa ciudad donde todo puede ser posible. Nueva York, Nueva York…

Yo escribí una vez un relato ambientado en ella, recibió un premio y todo. El que tenga curiosidad, aquí:


ARRIBA, EN LAS MONTAÑAS

Cuando te vi por primera vez en mi Coffee Café, Hillary, lo supe, lo supe como tantas otras veces. Lo supe porque se me aceleró el corazón y me empezaron a temblar y a sudar las manos. Por eso me acerqué y te pregunté si te gustaba subir a las montañas. ¡Ah, las montañas! Pero a ti, Hillary, las montañas te daban igual, a ti lo que te gusta es escribir como yo lo hago, con esa mezcla de crueldad y lirismo que yo entiendo tan bien. Así que, por una vez, he hecho una excepción y no me arrepiento, ni me arrepentiré jamás.
He pedido dos días libres, como siempre, para que todo salga bien. Te recogeré en mi viejo Cadillac y cruzaremos por el puente de Brooklyn, mientras el agua del río nos mira tierna y azul. Te llevaré hasta el embarcadero y allá tomaremos el barco donde se suben las parejas de enamorados para ver cómo se pone el Sol por detrás de la Estatua de la Libertad, mientras se dicen al oído que se querrán siempre. Entonces, nos cogeremos de la mano y ya el día entero llevaremos con nosotros toda esa alegría con la que juegan los niños.
Pasearemos, casi de noche, por Central Park tropezándonos con las ardillas mientras nos besamos una y mil veces apoyándonos en los viejos troncos de los dormidos árboles. Tal vez cenemos allí mismo, en el Blue Ribbon, y nos leamos uno al otro, nuestros cuentos y nuestros relatos, a la luz temblorosa de las velas. Entonces me preguntarás, triste y dichosa, por qué todavía no escribes tan bien como yo. Y yo te susurraré, mientras te acaricio lentamente la rodilla por debajo del mantel:
—Ya lo harás, todavía no tienes el alma tan llena de amargura, tan llena de desesperanza. Porque escribir no es nada, sólo es, tal vez, dibujar las flores más hermosas, pintarlas con el dedo, mientras recorres con tu mano las aguas rizadas y temblorosas del mar, que se adormece cuando los atardeceres amarillos. ¡Ah, los atardeceres amarillos!, ¿te acuerdas?
Luego, cuando ya todo lo cubra una magia dulce y azul, te llevaré a mi casa y allí nos amaremos como quizá lo hacían las primeras parejas al comienzo de los tiempos, cuando se inventó el mundo y el tiempo era nuevo y no se gastaba jamás.
Entonces, sólo un momento después, mientras tú miras distraída por la ventana cómo las sombras de la noche y las luces de las farolas juegan con el rumor del viento y con las hojas de las acacias de mi calle, yo cogeré el cuchillo grande y, aunque se me parta el corazón, lo haré como tantas otras veces. Luego, te meteré en la bolsa de cuerpo entero, absolutamente desnuda y con la herida lavada y limpia, cerraré la cremallera y dormirás como una desmayada sirena unas horas en el fondo del congelador, rodeada de los peces de extraños mares, que tenemos abajo, en el restaurante.
Antes del amanecer, cogeremos de nuevo el viejo Cadillac y nos iremos juntos a las montañas más altas, las que están en Colorado. Y, a la sombra de la más imponente de ellas, la que llaman Elbert Mountain, pasaremos de nuevo la noche juntos en una pequeña cueva rocosa que hay en la ladera.
Yo encenderé el fuego y oiremos en silencio el chisporroteo de las llamas mientras el cansancio puede más que el dolor, que el frío helado y que el sufrimiento de mi alma.
Cuando llegue el nuevo día te sacaré de la bolsa y te buscaré tu sitio definitivo, aquél donde sólo llegue la luz de algunos rayos de Sol, los más débiles y temblorosos de la mañana. Los suficientes para que yo pueda verte, pero sin que a ti te hagan daño, ni puedan maliciar ni corromper jamás la belleza de muñeca helada que tú tienes. Allí estarás también con tus amigas del alma, Hillary, que también iban por el Coffee Café.
Con Lucy, ¿recuerdas?, que era mandona como pocas en la cama, pero tan tierna y juguetona que sus ojos se llenaban con la luz que tienen todos los espejos.
Y con Ann, a la que no olvido ni olvidaré jamás. Tenía ese cuerpo suave y profundo, que era igual que el mar de sus grandes ojos oscuros, bajo cuyas aguas duermen los peces con unos sueños dulces y amarillos.
Entonces yo os miraré de nuevo, mientras los cristales de escarcha de vuestros ojos me ofrecen, otra vez, la luz brillante de los momentos que vivimos juntos.
Y aquí arriba, en las montañas donde yo me subo, en esta cueva donde yo guardo los momentos que no olvidaré jamás, podré soñar de nuevo con vosotras, todas las veces que yo quiera, sin que el tiempo os lleve nunca de mi lado, ni pueda convertiros jamás en seres extraños.
Mientras, allá abajo, en el valle, caen unos copos de nieve grandes y misteriosos que lo cubren todo de una blancura tremenda, de una blancura eterna y llena de pureza, que a mí me hace llorar...
Sí, acabo de volver de una viaje por la Costa Este Americana y me acuerdo de este relato que yo escribí hace unos años, ambientado en Nueva York y en Colorado y que fue galardonado por el Grupo Literario Arrendajos con una noche de hotel y una cena maravillosa en el Eurostars Hotel de Toledo para mi wife y para mí.

Está dedicado a Hillary, a Lucy in the Sky with Diamons y a Ann Riverside, nombres ficticios bajo los que se escondían mis compañeros del banco: Félix, otro escritor como yo al que recojo en mi libro La pasión por escribir y dos compañeras: Lucía y Ana. Fuimos juntos varios años a un curso de inmersión en inglés que nuestra empresa hacía en un pueblecito junto a Ciudad Real, en el que estaba prohibido hablar en español. Lo pasábamos muy bien, teníamos hasta discoteca, y muchos juegos, uno era el Coffe Café, y ellos, además, tenían la paciencia de leerme y escucharme mis entonces primeros balbuceos literarios. Yo les escribí este relato para que nunca olvidaran todos aquellos buenos ratos que pasamos juntos.

ALGUNAS FOTOS DE MI RECIENTE VIAJE POR LA COSTA ESTE.

Por las calles de Nueva York.



Junto a la estatua de Lincoln en Washington.


Rezando ante la Bolsa de Nueva York para que nos dé muchas alegrías.



En los jardines que rodean la Casa Blanca:





En la Universidad de Harvard, en Boston, Massachusetts, junto a la estatua de su fundador.



Y en el literario puente de Brooklyn, citado también en mi relato:



     Y un destello visual que ciega mis ojos y enciende mis recuerdos. Ahí va: https://www.youtube.com/watch?v=AsDr5ITZtHE

Ah, Nueva York, Nueva York..., que nos va viviendo todas las veces que venimos a verla:

lunes, 1 de junio de 2026

COMIDA DE GRADUACIÓN.

 

     En España, casi todos los eventos importantes acaban en una comida.

     En este caso, no podía ser menos.  Todos juntos le deseamos a nuestra graduada todo lo mejor. ¡Viva nuestra Ali!

     Aquí va este videoclip de recuerdo. 

     https://youtu.be/OhONa2pj7Bc




domingo, 31 de mayo de 2026

VÍDEO GRADUACIÓN EN IE UNIVERSITY.

 


Por fin, pude sacar tiempo y hacer lo que me gusta, y más en este caso: transmitir en imágenes la emoción de los momentos vividos.

Fueron unos momentos hermosos, llenos de emoción, cariño y orgullo. Cuando algo cuesta, luego merece mucho más la pena. Como en este caso.

Enhorabuena, Ali. ¡Eres grande! ¡O, simplemente, THE BEST!

https://youtu.be/l8LHMJP3kaY

Ya solo me queda llevar a nuestra mente, y a nuestro corazón, la comida de celebración, ya con toda la familia: Guillermo y Sofía llegaron justo a ella. Buenos momentos también. 

Eso será para otro día. Espero que pronto.

Y ayer cerramos nuestro viaje a Londres. El día 2 nos espera otra graduación a lo grande en la London Business School. ¡Tenemos que ver a Guille, THE BEST!




viernes, 29 de mayo de 2026

LA COMUNIDAD (PARA EL PROYECTO "DESTELLOS")

 






Ayer estuve en El Sauce Curvo, segando y regando el césped, una excusa como otra cualquiera para acercarme al pueblo donde nací, respirar su aire, más puro que ninguno, y capturar ese sentido circular de la existencia que tanto impregna a los que vamos siendo ya un poco más que maduros. Mientras segaba, entró un primo mío unos años mayor que yo y le pedí que me comentara novedades del pueblo, no voy tanto como quisiera y a veces no estoy totalmente al día. Se rascó la cabeza buscando qué contarme y de repente vi cómo su cara se ponía triste: “Otro que ha caído, Paco, de mi misma edad. El Susi, ¿te acuerdas?”. Cómo no me iba a acordar, fue secretario del ayuntamiento durante muchísimos años.
Sin poderlo evitar, ambos hicimos un recuento de toda la gente de nuestra edad que ya no estaba con nosotros. Bueno, sí que estaba, pero en ese otro barrio del pueblo en el que, dentro de unos años, o, mañana mismo, ¿quién lo sabe?, acabaremos residiendo nosotros.
Y sentimos los dos, esa unión de las personas que caminan en la misma cordada y también, por supuesto, la de aquellos que nos precedieron por poco en completar el ciclo de la vida.
Llego a casa y me acuerdo de un artículo que escribí hace unos años, para un libro que todavía no he terminado, afortunadamente, que se llama: “Yo también me iré”. Ahí va.


LA COMUNIDAD:

Dicen que sentirte parte de un grupo, de una comunidad de personas afines, te reconforta sobremanera, te alivia la sensación de soledad, eleva tu autoestima y da un sentido más amplio a tu existencia, más allá de tus cuatro paredes interiores.
Yo, últimamente, y cada vez más, debe ser cuestión de los números del calendario, me siento parte de esa comunidad fraternal, de ese grupo tan frágil y especial de "homo sapiens" al que llamamos "humanidad".
Lo que ocurre es que últimamente para mí este grupo es más amplio de lo que era antes. Ahora incluyo en él también a los muertos, quizás porque, por cuestiones de calendario, como decía más arriba, me encuentro cada vez más próximo a ellos.
Ayer estuve en mi pueblo, El Sauce Curvo, me conmueve cuando llego al mismo y paso junto al cementerio, al lado de la carretera y al comienzo del casco urbano. Mis padres y mis abuelos están allí, pero también muchos de mis tíos, algún primo ya y mucha gente que yo conocí y traté en mi niñez y también más adelante. Sus tumbas y mausoleos son sus casas; los pasillos, las calles; y todo el camposanto un barrio más del pueblo. Forman parte de él, como forman parte de mi vida, igual que el resto de los vecinos que viven un poco más abajo, en casas más grandes y que están vivos.
Los saludo cuando paso, puedo hablar con ellos, construir fluidos diálogos entre nosotros, sentirlos, percibir sus vidas a través del recuerdo que ellas han dejado en mí. Exactamente igual que cuando saludo a alguien en la calle y le pregunto por su vida y me cuenta sus novedades.
Me siento cada vez más unido a los muertos. ¿Qué les separan de nosotros? Solo un poco de tiempo. Muy poco (comparado con la historia del mundo). En 25 años me reuniré con ellos, eso si la cosa va bien, si no, antes. Es como si se hubieran ido de viaje, o hubieran cogido unas vacaciones. En nada volveremos a estar juntos de nuevo, no porque ellos vuelvan a donde nosotros estamos, sino porque nosotros iremos a verlos.
Nosotros, los vivos, somos unos pocos, comparados con todos los muertos que en la historia han sido. La muerte es el estado mayoritario de nuestra comunidad, del grupo de los homo sapiens, pero también de otros grupos parecidos al nuestro como los animales y las plantas que también ocupan su sitio en nuestro recuerdo. Puedo sentir el palpitar de los corderos domésticos, de los gatos, de los perros que latían junto a mi niñez, también el olor de los ciruelos, de los manzanos, de los rosales, de la lavanda... todo eso que murió, pero que formaba parte de mí.
Me alegro de ser parte de esa comunidad global, que incluye también a los muertos. Visto así, me enriquece mucho más, me reconforta, me tranquiliza, me acompaña, sé cuál es mi destino en no muchos años: visitar su barrio, su casa, descansar en la pradera, recuperar todo lo que perdí, que formó parte de mi vida en algún momento, completarme, ayudar desde allí a los vivos con la impronta de nuestro recuerdo, como ellos me están ayudando ahora a mí mismo, esperarlos con los brazos abiertos cuando les toque también a ellos el dulce tránsito.
Por eso envejecer no es el tranco final que te prepara para desaparecer, sino justamente aquel que te conduce al principio de la vida plena y duradera, con todos los que vivieron y con todo lo que antes vivió en ti.
Me gusta eso que tienen los pueblos de reflejar en su micromundo el mundo global. El mundo completo. Ver las dos comunidades de vivos y muertos, los dos barrios colindantes que forman parte de un solo caserío. "Se fue para el otro barrio", dice el dicho popular. Y así es. En El Sauce Curvo, solo subir una pequeña cuesta y ya estás en el distrito de al lado.
En aquel donde solo tienes sobre ti el cielo azul de día y el universo estrellado de noche. Y todo ese mundo de recuerdos que fuiste acumulando mientras viviste es, entonces, la totalidad de tu esencia. Formas parte armónica de la comunidad de la vida, rodeado de la compañía de todo lo que una vez vivió, mientras esperas que se reintegren en él todos los que dejaste en el otro barrio. Ese en el que solo empleas 90 años, ¡en el mejor de los casos!, frente a toda la eternidad.
¡Cuánto me reconforta ser miembro de esta comunidad de la vida!
Deberíamos ir más a menudo a los pueblos, para no olvidar estas cosas tan sencillas, tan hondas y tan importantes, que a veces nos tapa, con su neblina, el ajetreo de la gran ciudad o, lo que es peor, la depresiva inercia nuestra de amargarnos en exceso porque el calendario siga engrosando nuestros ya abultados números.

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Y llego a casa, rescato este artículo y me acuerdo entonces de este “destello” maravilloso, una de las canciones más bellas jamás escrita. Y no lo digo yo, sino la prestigiosa revista “Rolling Stone”. Ahí va: “Tears in Heaven” (Lágrimas en el cielo), del maestro, uno de los mejores guitarristas de la música moderna, Eric Clapton.
https://www.youtube.com/watch?v=b_z5nj0At1Y

Sí, el cielo es ese otro barrio con el que soñamos, donde se acabarán nuestras penas y nos encontraremos con todos nuestros seres queridos. Un día llegó Eric Clapton a su casa en Nueva York, y la encontró llena de policías, también había una ambulancia con la sirena puesta. Se acercó y no lo podía creer. Su hijo, Conor, de cuatro añitos, se acababa de caer, accidentalmente, desde el piso 53 del rascacielos donde vivía con sus padres.
La asistenta estaba haciendo limpieza y abrió un ventanal. Conor estaba jugando a esconderse en diversos sitios de la casa y, corriendo, tropezó y acabó cayendo por el vano.
Sí, el cielo fue el refugio de Eric Clapton para digerir aquella tragedia, para encontrar un sentido a la existencia. El maestro Ghandi nos dejó dicho: “Si no hubiera otra vida, esta solo sería una broma cruel”. Yo creo en ella. A veces me llaman iluso, a mí me da igual. El que la haya o no, no depende de mí. Pero, sí, la ilusión que te llena de esperanza el pecho para continuar dando pasos hacia el abismo. Con el anhelo pintado en tus ojos por volver a ver a todos aquellos que un día compartieron su vida con nosotros.



martes, 26 de mayo de 2026

GRADUACIÓN

 





Alegría y buenos momentos en la graduación de nuestra hija en el IE University de su Executive MBA, tras 18 meses de arduo esfuerzo y dedicación, compatibilizándolo con su trabajo. ¡Enhorabuena, campeona, y a continuar!



A ver si hoy o mañana puedo editar un vídeo con los mejores momentos de este día tan entrañable.