martes, 17 de marzo de 2026

LA PRIMAVERA YA ESTÁ AQUÍ.

 

Vuelvo de mi café de los martes Arturo Soria arriba. Sobre mí, un cielo límpido y azul. Caminamos juntos dos amigos y compañeros de hace muchos años. Me pregunta por mi nueva novela y le cuento lo que he escrito, lo que vislumbro más adelante, que no es todo. Mañana iremos los dos a una presentación de un libro de una poetisa emergente.

Unas chicas muy jóvenes cruzan el semáforo, los jerséis a la cintura, van chupando un helado y riendo, doradas por el sol. Las miramos y nos sonreímos a la vez. Poesía de mujer, cielo azul, chicas jóvenes que abandonan el jersey, pájaros alegres trinando su amor y esa luz poderosa, por fin, que es una bendición.

Sí, la primavera ha llegado. Otro año más. 

–No nos quedan tantas, Paco. Hay que aprovecharlas.

Llego a casa y hago una búsqueda rápida de otras primaveras literarias.


Y DE NUEVO LA PRIMAVERA.

Otro año vuelve a alumbrar por estas fechas el sol. Con esos bríos. Con esa potencia renovada que solo la da la primavera que ya llama a la puerta.

Como ese fogonazo de blancura. Como ese brochazo que pinta tu corazón de una claridad tan poderosa, tan definitiva, como exhibe, orgulloso, ufano, el almendro, mostrando esas galas nupciales, que son un canto a la vida que ya se prepara.
Otro año más.

Como dentro de ti. También nace imparable ese nuevo brote. Ese nuevo esqueje que espera vestirse de organza, y de espuma. Un año más.
Preparándose para ofrecer algo nuevo. A los demás. Al mundo entero. Quizá solo a ti mismo.

Pintando estos instantes luminosos que entran por la ventana con una luz esplendorosa, esperanzada, ilusionante.
Porque la naturaleza se prepara también para esa eclosión de vida, de amor. Para ese milagro renovado de volver a empezar.

Y tú, escéptico y malherido, tras este largo y duro invierno y, también aterido y marchito, enterrado bajo los cascotes de tantas crisis.levantas un párpado, arqueas una ceja, te yergues un momento, tras mirar por la ventana, y te vistes de blanco como el orgulloso almendro.

A lo mejor solo son los mismos descosidos y desgastados andrajos con los que te has arrastrado en estos meses de penumbras y de zozobras.

Solo que hoy los dora otra luz. Los baña otro horizonte.

Y tú te miras de igual a igual con el almendro. Como si ante un fiel espejo te observaras.

Es la primavera que llega
Con su imparable embrujo.
Es la primavera que incendia cuanto toca.
Y nadie puede esconderse de ella.


Y recuerdas el destello de esa bellísima canción de los Beatles que habla de ello: HERE COME THE SUN

https://www.dailymotion.com/video/x9hj7t0

Dice así: "...Niña, han sido largos, fríos y solitarios inviernos / Niña, se siente comom si hubiean pasado años desde que estuvo aquí / Aquí viene el sol / Aquí viene el sol / Y yo digo: todo está bien / Nuñam las sonrisas regresan a las caras..."


UNA MAÑANA DE PRIMAVERA

De repente: una mañana. Tal vez ha sido por el tradicional cambio de hora. O, quién sabe por qué. Descorres el visillo que inaugura el mundo y un torrente de luz alumbra, por primera vez, esas cavernas interiores en las que has hibernado en los últimos meses.

Te preparas un café y sales a la terraza. Hay un colegio en frente y un griterío de niños reviste de una alegría inocente, extraña, imparable a los rayos de sol, que te parecen más brillantes que nunca. Dos brochazos de una blancura reluciente, desafiadora, llena de íntimo orgullo, parecen salirse del cuadro e inundan tu retina. Son esa pareja de almendros, que exhiben sus galas de fiesta que dormían en el armario. ateridas de frío y que, hoy, visten de organza, y de espuma, esa esquina del jardín.

Hay dos adolescentes que se besan al sol apoyados en la verja con los ojos cerrados. Y algo en ti, también se emociona y te conmueve: Será el milagro de la primavera. Será ese pálpito que todavía late abriéndose paso, un año más, entre tanta frustración y desesperanza. Será esa savia nueva o, al menos, renovada, que cura las heridas del cansancio, y de la desazón. Será esa nueva oportunidad que nos da la vida de participar en ese coro que llena de estruendo, y de color, la naturaleza, que nos rodea.

Un pajarillo se posa por un momento en la balaustrada y nuestras miradas se cruzan fugazmente. Luego, lleno de vivacidad, de gracia, de hermosura, en un escorzo velocísimo se lanza al espacio y me invita, o eso creo yo, a que me deje caer también al vacío, sin frenos y sin paracaídas, para columpiarnos los dos en ese rayo de sol que cruza el aire esta mañana y la llena de la pureza de cuando éramos niños.





Y qué mejor que respirar esta primavera que está llegando con este destello de música:


LAS CUATRO ESTACIONES DE VIVALDI: https://www.youtube.com/watch?v=qJLwgiulD0A