domingo, 8 de febrero de 2026

ANDANDO FEBRERO

 



¡Cómo pasa el tiempo! Levanto mi cabeza un momento de la bicicleta mientras pedaleo y me doy cuenta de que ya está bien entrado este mes tan corto.

Pasó mi cumpleaños, entrañable como siempre, con mi hijo Guillermo conectado desde Filadelfia por vídeo, en el que recibí unos regalos muy especiales, se ve que mi familia me conoce bien: una copa para un buen vino, que no falte el chocolate, me encanta, y la música que me emociona como pocas otras cosas: entradas para ver el musical Los miserables con mi wife. Y otras cosas más intangibles que quedan en mi interior. Así que vamos con ganas a por este 2026, que ya está inscrito también en mi calendario particular.

Y vuelve el cine: tuve mi reunión con la productora habitual y hay dos proyectos en los que tengo mucho interés y voy a participar:
-un cortometraje para una fundación conocida de Madrid que apoya a las personas mayores. (Me pregunto si ya me incluyen a mí en este colectivo y por ello me involucran en él).
–Un documental de investigación sobre los problemas mentales de nuestro tiempo y sus posibles remedios, que servirá de base para una película sobre este tema.

Sí, regreso al cine. En un año ya cargado en exceso con dos proyectos literarios complejos que me van a exigir el do de pecho. Como digo, los hay que hemos nacido para pringar y, otros, que han nacido para holgar. En fin, y uno es feliz así. ¡Pues entonces, no te quejes, que diría el otro! Así, que ¡a trabajar!

Y esta tarde nos vamos a la agencia de viaje a ver si concretamos la visita a Filadelfia para ver a nuestro retoño. Un viaje en el horizonte me recarga las pilas y me llena de ilusión para continuar pedaleando en estos proyectos.

Para despedirme, os dejo con esta palabra: Sexalescencia. Que no tiene nada que ver con el sexo, ¿eh?, bueno, o sí, como todo. Sino con esta etapa que nos toca vivir a los de mi generación de sexagenarios. Pues bien, sexalescencia es la nueva denominación de esta etapa de los 60/70, que tiene que ver con la adolescencia, de ahí su nombre, ese tránsito entre la infancia y la juventud. A nosotros nos consideran ahora adolescentes también, porque transitamos desde la madurez a la vejez: muchos cambios físicos, hormonales, mentales, en fin, que Dios nos coja confesados. Yo, con lo que me quedo es con que hay que aprovechar el tiempo, que todo se acaba: en lo que va de año ya han caído cuatro personas de mi entorno y todas ellas en sus mediados setenta. Es decir, terminando su sexalescencia. Un aviso a los navegantes que surcamos esos cercanos mares.