viernes, 19 de junio de 2026

LA FUERZA DEL AGUA (PARA EL PROYECTO "DESTELLOS")

 Hoy viene a mi memoria un viaje familiar extraordinario que hicimos a Canadá hace unos años por estas mismas fechas que corremos ahora. Nuestro hijo estudiaba en la universidad de Cornell, cerca de Nueva York y de  la frontera con Canadá. Nueva York ya lo conocíamos todos, así que organizamos un tour por Canadá y, cómo no, lo primero que fuimos a visitar fueron las cataratas del Niágara.  Quedamos impresionados.

Hoy pienso en el agua y en la atracción que siempre ha ejercido sobre mí. Creo que sobre todos nosotros. Al fin y al cabo procedemos de ahí, de los océanos, empezamos como larvas acuáticas y luego alcanzamos la tierra firme.

Pasado mañana, cuando vuelva de ver a mis entrañables compañeros de internado de hace más de 50 años en Sigüenza, me voy al mar de Altea. Cada vez necesito más ir a ver el mar. No a bañarme en él, aunque lo haga, ni mucho menos hacer deporte sobre sus olas, que nunca practico. Sino solo mirarnos los dos. Hablar entre nosotros de nuestras cosas. Y volver renacido de nuevo a continuar el camino.

En las cataratas del Niágara, esa fuerza acuática de la naturaleza, nació el poema que adjunto. Y florecieron un ramillete de fotos de las que extraigo algunas.

LA FUERZA DEL AGUA


Hay una humedad extraña
Que huele a historia y a misterio
Antes de que llegues al valle

Un águila majestuosa
Observa impertérrita
El paso de los siglos
Colgada de una escarpia en el cielo

Hay una nube plena de brillos
Hecha de llovizna
Y, tal vez, de recuerdos
Y de acuoso
                destino

Y luego estás tú
Que acudes ilusionado
A la fuerza del agua
Que te atrae desde niño.

Llegas y el sol está declinando
Sobre esta maravilla de luz
De sonido,
De fuerza
Y de vida. 

Vives este momento único
Sabiendo ya que no volverás
Todo es un encuentro fugaz
Cosido a  una eterna despedida

Te abrazas a las personas que quieres
Mientras llega la noche
Y sientes cómo el agua
Inocente y sumisa
Cae hasta el abismo.

Niágara, Niágara…

Porque toda la vida
Que es y que fue
Viene del agua…







Mi musa al natural entre la natural belleza...



El agua, el agua, y su fascinación...

Recupero un video de aquella visita, en el que me veo emocionado y casi transfigurado. El agua y las flores son dos de las cosas que nos rodean que mí más me impresionan, me importan y me impactan. Desde siempre. Ahí va: https://www.youtube.com/watch?v=VqvieeDHPAA

Y esto me lleva a un destello, corto pero espléndido, de este paraje, uno de los más impresionantes que se pueden encontrar en la naturaleza de todo el mundo:

y si queréis un documental de prestigio, aquí lo tenéis: https://www.youtube.com/watch?v=rS5fa9iXw-0&t=2s

A mí el agua, que fue nuestro principio, me lleva también a pensar en nuestro final.


LA VIDA COMO DESPEDIDA

Te vas despidiendo en el espejo,
ese íntimo,  pero también objetivo, notario de tu vida,
de todo lo que tú fuiste,
y de todo lo que tú pudiste  llegar a ser.

La vida es solo un torrente de despedidas.
Y el agua que mueve tu noria
nunca descansa
en hacerte más y más viejo.

Y los demás solo son espectros, sombras
a los que el viento desfigura en tu retina
hasta hacértelos irreconocibles
Tiernos, pero irreales
en la velocidad  del tiempo
que los consume

Como a ti
Aunque no te des cuenta.

¿Dónde va a parar todo el dolor
que una vez sentiste por ellos,
por ti?

¿Dónde fue el amor
que doró de sol, por un momento,
este valle de ausencias y de tiempo que se agostó?

¿En qué depósito duermen todas tus esperanzas?
¿Y todos los recuerdos que dan vida  a un pasado
que se fue, sin decir nada?

Miras por la ventana,
de este tren que recorre llanuras verdes inmensas
del país de la hoja del arce,
que te lleva de punta a punta de este Canadá
brioso, luminoso, lleno de luz y de hierba y de agua,
al que en unos meses cubrirá la nieve y el hielo.

Y piensas en ti mismo
En tus horas que avanzan sobre los raíles
que serán luego solo escarcha.

La vida es una eterna despedida
Como las horas del reloj
que avanzan hacia su  adiós.

La vida es solo vivir
Instantes únicos
que no volverán.

Como este tren
que avanza a todo máquina.
Para una vez que llegue
volver otra vez.
Pero con otros pasajeros
que se harán
las mismas preguntas.


Mientras el sol dorará su pelo, su alma.
Hasta que  la nieve
lo cubra todo de  blancura.
De esa inocencia eterna

            del tiempo que no tiene fin.

Escrito en el tren Quebec-Ottawa.

Y entonces me acuerdo de lo que escribí en mi primera novela. "El día que fuimos dioses". Todo está en tu primer libro, dijo alguien que ahora no recuerdo.

En ella está esta historia. La de un hombre que se siente fracasado y quiere poner punto y final a su vida en el agua, tirándose desde la cubierta de un barco. 

Para que esta vuelva a poseerlo, lo limpie, lo repare y lo lleve hasta la eternidad, de donde venimos Y poder ayudar desde allí a sus seres queridos. 

Un amigo, el único que le queda, se lanza al agua a ayudarlo, sin que en la novela se exprese el final de ambos. De hecho él cree que es Fio Yaram otro hombre que se acaba de suicidar desde el mismo sitio. Ahí va este capítulo de "El día que fuimos dioses".

X X X I

En el principio nació la vida y con ella el tiempo. La vida no existe sin el tiempo y mucho menos el tiempo sin la vida. La vida y el tiempo crearon una casa, un humilde hormiguero, donde la hormiga pasa un tiempo, es decir una vida. En el jardín de la casa del tiempo y de la vida crece una extraña y misteriosa flor, el cuidarla y cultivarla es la única misión que tiene la hormiga. Cuando esa flor florece el tiempo y la vida no pasan y la hormiga piensa que su casa es el sitio más bonito del mundo. Cuando esa flor se agosta o se malcría o, simplemente, se muere, dicen que se muere el amor, pero al fin es el tiempo y la vida que terminan / aunque la vida y el tiempo continúen / recorriendo día a día su jardín / y llorando por todas sus esquinas.

Álvaro Artola se inclina sobre la balaustrada del Sea and Sky Dreamer y mira al mar.
—¿Por qué no aquí y ahora? Estas aguas fueron navegadas y dominadas durante muchos años por los venecianos. ¡Venecia! Ah, Venecia, Venecia... Anegada siempre en agua. La cuna del Renacimiento.
Se queda con esta última palabra que coincide con lo que él lleva dentro.
—Para que algo renazca primero tiene que morir y dónde mejor que en el mar, cuando empieza el día. El mar, que un día lejano nos alumbró, nos va recogiendo ahora, a todos sus hijos, que regresamos vencidos y, tal vez, fecundos. Como a Fio Yaram, como a mí mismo.
Abrázame, padre eterno / que ya no puedo con mi estrella. / Abrázame, padre bueno / y quítame el alma, que me pesa. / Déjame que repose, otra vez, en tu sueño. / Déjame que me duerma, otra vez, contento...

Entonces Álvaro cierra los ojos y se deja caer al vacío con los brazos abiertos, como un pájaro. Algún día fuimos aves o, solo peces voladores que, luego, más tarde, conquistaron la tierra firme.
Cuando entra en el agua, fría pero estimulante, siente que regresa a un mundo que ya conoce. Abre los ojos mientras desciende y la luz se va apagando lentamente, allá arriba. Pronto, en la oscuridad más absoluta, él se dormirá en el regazo marino para descansar de su intenso viaje. Luego, se irá deshilachando en pequeñas briznas de vida, cada vez más diminutas, hasta disolverse enteramente en la corriente de energía que navega entre las aguas.
—¿Recordará algún niño la luz de mi sonrisa / cuando me haya ido? / ¿O, tal vez, susurrará mi nombre la brisa / cuando mueva los geranios, hasta alcanzar tu oído? ¿Notará alguien en su corazón / como un latido extraño / un lejano eco / un poco de vacío? ...
Cuando por fin, reducido a casi nada, ascienda Álvaro de nuevo a la superficie, habrán pasado ya muchos años, solo unos pocos minutos marinos. Y, tal vez, diluido en unas nubecillas de vapor, será, entonces, arrastrado muy lejos por el viento. Quizá hasta las altas cumbres de la Sierra de Navacerrada, donde su familia suele esquiar en invierno.
—Eso es posible, ¿por qué no? Ver corretear, hecho nieve, a tus nietos y abrazarlos mientras resbalan en el blanco suelo.
O, tal vez, será empujado hacia oriente, en medio de las altas corrientes que chocan contra los Himalayas. Un poco más al sur los monzones riegan los valles del Yom y del Ping donde una joven huérfana, ingeniero agrónomo, de nombre Tashmina, quizá estudiará, con ahínco, cómo fertilizar más adecuadamente aquellas lejanas tierras.

Incluso le parece ver a través de la neblina de las aguas a Fio Yaram, a su querido Florián, que se acerca sonriente. Alguna vez pensó que todos los tailandeses parecen iguales pero eso debió ser, piensa ahora, hace muchísimo tiempo.
—Sí, es sin duda Fio Yaram, qué alegría.
Se detiene por un momento en su descenso y es entonces cuando siente el abrazo fuerte y fraternal de Fio y él definitivamente cierra los ojos y se abandona. Se deja anegar por el agua que tanto le fascina y abre todas sus puertas para que lo posea, lo purifique y, ya limpio, lo haga suyo para siempre...

Acaba de amanecer un nuevo día y las aguas de los mares se desperezan estirando sus olas y el sol empieza, otra vez, a mostrar su paleta de colores en un estremecedor silencio. Pero hoy es un día especial y la sirena del Sea and Sky Dreamer silba con toda su potencia mientras los limpiadores de cubierta, que han acudido a su trabajo, animan con grandes gritos a Lee Tao que acaba de lanzarse al rescate de su amigo Artola.

Algunos dicen que lo conseguirá, es un gran nadador. Allá abajo nada se oye, solo dos sombras abrazadas se mueven en el mar dormido, en la profundidad de las aguas.

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Nos vemos a la vuelta. Ahora tengo que meterme con diversos temas pendientes del documental que haremos después del verano. Me siento satisfecho porque ya cumplí con la agenda y tengo hecha la primera versión del guión. Así que me voy tranquilo de vacaciones. Que lo paséis bien.