viernes, 17 de febrero de 2012

EL FINAL DEL SENTIMIENTO



Tal vez solo quede de nosotros lo que un día hicimos. Por nosotros mismos. Y por los que quisimos. La obra de nuestros desvelos. Aunque hayan sido surcos en el mar. O renglones escritos en la mente de quien nunca recuerda. Qué más da: Todas las vidas se pierden como agua entre las manos.
Pero nuestro exhalado aliento perdurará en el aire que ahora otros respiran. Y el sentimiento, que un día llenó nuestro pecho, hará brotar ese puñado de margaritas, a las que no lograrán aprisionar los mármoles, ni las fechas caducas, de las lápidas que enmarcaron nuestro tiempo.
Francisco Rodríguez Tejedor/www.eldiaquefuimosdioses.blogspot.com

sábado, 7 de enero de 2012

FELIZ AÑO NUEVO.


   Feliz Año Nuevo.


   Como otras muchas noches, se levantó y fue al cuarto de baño. Cuando terminó, se levantó de la taza y, por un fugaz instante, se miró en el espejo. Se dio un susto de muerte. No era él. O no era como él se recordaba.
   ¿Y cómo era él? Estaba aturdido. No podía pensar.
   Regresó a la habitación. Allí había una persona en su cama. No podía ser él. El dormía solo.
   De repente se despertó. O, tal vez, solo lo soñó: Le gustaría ser diferente, cambiar. Con el año nuevo.


martes, 27 de diciembre de 2011

EL BLOGUERO INVISIBLE



EL BLOGUERO INVISIBLE.

Queridos amigos:

Kayena, desde su blog http://kayenalibros.blogspot.com/ ha tenido la feliz
 idea de fomentar esta iniciativa. Se trata de que un bloguero se convierta en
 amigo invisible regalando para Reyes uno de sus libros favoritos a otro blo-
guero que le corresponderá por sorteo y viceversa.

Creo que es una muy bonita iniciativa para fomentar la cultura y también
para incentivar la ilusión de estos días.

Yo me estoy sumando, encantado, a la misma y os invito, si también os hace
 ilusión, a participar.


Un abrazo para todos.

martes, 20 de diciembre de 2011

MIS LIBROS PREFERIDOS: "FOTOS DE UN ADIOS" de MARIA NARRO.






FOTOS DE UN ADIOS. De  María Narro.

Hoy he leído en el periódico los resultados de una encuesta que han hecho en los EEUU. Querían saber las  profesiones que producen más felicidad.  Y una de las primeras es, a lo que parece,  el oficio de escribir. La cuarta, concretamente. Tras sacerdote, bombero y fisioterapeuta. Entre cientos de ellas.
Pero yo ya lo sabía. A pesar de lo poco que se gana, como también se dice en este mismo informe. Solo hay un placer equiparable a escribir un buen libro: tener la oportunidad de leerlo.
“Fotos de un adiós” es un libro entrañable, conmovedor, emocionante.  Un libro que te llena de alegría por dentro, pleno de vida, también de sufrimiento.
Yo no sabía lo que era la Ataxia de Friedrich, ese señor que según cuenta María Narro fue a cenar una noche a su casa y ya no se marchó jamás.  En Wikipedia se dice lo siguiente: Es una enfermedad neurodegenerativa que provoca en los afectados, de manera imparable, una pérdida de muchas de las funciones necesarias para una autonomía personal y, en un tiempo más o menos corto, se ven obligados a utilizar una silla de ruedas…
El señor Friedrich no se da a conocer  inmediatamente. Antes, de una forma larvada y sibilina va haciendo su trabajo de demolición. Cuando eres un niño y, de repente, no puedes correr como los otros, ni coger bien la pelota, te asaltan preguntas por las noches, sobre por qué eres diferente, singular, más torpe y descoordinado. Y fallas también en los estudios y aparecen los primeros síntomas que alertan a tus padres de que algo pasa.
María Narro relata la aparición de su enfermedad cuando era una niña alegre, divertida, que le encantaba bailar. Y luego, todo el proceso, doloroso, lleno de renuncias, de culpas, de miedos, de inseguridades, hasta que se atreve a mirar de frente al Sr. Friedrich. Todo el mundo, cuando la adolescencia avanza y el velo de la inocencia de la niñez va cayendo, se reconoce a sí mismo. Toma consciencia de las cartas que le han tocado en el juego de la vida. Y cuando son todo bastos, y más bastos, y siempre serán bastos, puede ser un momento aterrador: Por qué yo, qué he hecho para merecer esto, qué sentido tiene la vida…
María Narro lo cuenta todo con una naturalidad y espontaneidad que te llega al alma. Para ser escritor hacen falta dos cosas: Tener algo que decir y decirlo de una manera especial, diferente.  Y María Narro es una escritora, como la copa de un pino. No es fácil, no tiene que serlo, narrar una historia personal de este calibre, “esparcir las prendas de nuestro amor sobre la mesa”, que decía Serrat a otros efectos. Porque yo no encuentro culpa, ni rencor, ni moralina en su mensaje. Esto no quiere decir que no haya momentos en la vida de May, la protagonista, de todo esto. Claro que sí. Pero en el discurso general de la autora predomina una exposición de los momentos vitales, de las emociones, de los sentimientos que embargan a  la protagonista y que permiten al lector vivir de alguna manera también él esa  vida. Porque leer un libro es vivir otras vidas. Y disfrutar y sufrir y aprender de ellas.
Y el lector se va empapando entonces, poco a poco, de la lluvia que llueve en la tierra del Sr. Friedrich.  De la llovizna constante que te va calando los huesos, de la neblina que te va nublando la mente, doblegándote tus fuerzas, sacándote de la calle, para llevarte a un aislado rincón y fijarte con sus grilletes contra la pared.
Y si te atreves a hacerle frente al Sr. Friedrich, entonces deberás prepárate para una lucha sin cuartel, para no renunciar a nada de lo que tienes, de lo que conservas, salvo que ya no puedas más. Y esto último tal vez te lo tengan que decir otros.

Por eso “Fotos de un adiós” es un libro que te llena de alegría, de valentía y de comprensión hacia el ser humano.

Porque todos tenemos, sufrimos, padecemos una ataxia, la ataxia de la muerte que, al final, nos ganará a todos la batalla. Pero ese no es el tema. Esa es la cosa más segura y cierta que hay en este mundo. Lo importante es lo que hacemos en el medio. Lo importante es la vida, cómo nos enfrentamos a ella, cómo le sacamos el jugo, cómo jugamos las cartas que nos ha tocado a cada uno jugar. Porque los resultados, como en la parábola de los talentos, deberán ir proporcionados a los medios de que dispusimos.
Por eso María Narro le puso a su libro este bello título de “Fotos de un adiós”. Todos nos despediremos al final. Y quedarán nuestras fotos.  Aquí las hay muy variadas, como en el álbum de cada cual, pero  en terreno difícil, cuando logran sobrevivir, dicen que se crían las flores más hermosas de todas.

Respecto a la manera de decir, yo creo que María es una escritora inteligente, sensible, detallista, ocurrente, con unos diálogos chispeantes y chisposos. Que conoce bien las emociones del ser humano donde, además, las mujeres, por lo general, suelen llegar más lejos. A mí la parte del libro que más me gusta es la relativa al noviazgo de la pareja. Ahí, creo yo, que es donde se cruzan el futuro, la ilusión, el compromiso, con  la verdad desnuda de la enfermedad,  y sus devastadores efectos, que es el núcleo de esta historia.  Una historia de superación.

Pero el libro es muchas cosas más. Hay relatos, poesía, lirismo, viñetas históricas  por las que sigues la época en que se desarrolla  la acción, reivindicaciones y llamadas de atención sobre un mundo construido sin tener en cuenta a los minusválidos, historias paralelas de otras personas, amigos y conocidos de la protagonista, muchas de ellas llenas de enjundia. Creo que es el primer libro de María Narro. Y en esto se nota. Como yo también me lo noto en el mío. Quieres poner tanto en él, tantas cosas diferentes que has remansado durante tanto tiempo
que, a lo mejor, distraes la atención de algún lector, aunque no haya sido mi caso.

Y también me gusta mucho esa parte final donde la protagonista encuentra en la comunicación y en el arte ese plus, esa forma excelsa de aportar ella a los demás
con las armas en las que se siente fuerte. Tal vez este primer libro fue un primer paso, fundamental, en esa dirección. En la de ser escritora.

Y el humor, socarrón, ingenioso, vitalista que inunda todos los rincones de este texto.

Cuando María me envió su libro ya me lo advirtió: Es una edición descuidada, donde el editor se ha tomado muy pocas molestias en hacer su trabajo.  Es verdad, aunque no empañe en absoluto la calidad de estas “Fotos”, la belleza de este jardín.

Tal vez mereciera la pena una  nueva edición revisada de este fantástico libro. Ya sé que en este oficio, tanto María como yo lo sabemos,  las cosas no son fáciles, ni mucho menos rápidas y todo lleva su tiempo. Hay que insistir y no desanimarse jamás.  Pelearse tanto casi como con el Sr. Friedrich. Hay que llenarse de paciencia y de tesón, cualidades que yo creo que a María Narro no le faltan, y mucho menos empuje, y que forman parte, en mi opinión, del maravilloso oficio de escribidor.
Y toda la suerte del mundo, que te mereces, y que te desea tu compañero en estas lides, paisano y  amigo.

Francisco Rodríguez Tejedor

viernes, 25 de noviembre de 2011

MARIA NARRO: LA FUERZA DE ESCRIBIR



"Al encontrarme esta mañana con el resguardo del contrato de edición de "Las palabras del viento" sobre mi escritorio las lágrimas han empezado a echar carreras...¡ha sido tan duro! ¡Ha costado tanto!"
A María yo la conocí en Facebook.  Me interesé por ella porque era escritora. Como yo. Y de mi misma tierra, de la Alcarria. Su madre y mi madre habían nacido a 5 kilómetros de distancia. En dos diminutos pueblos castellanos, donde solo existe el aire y una paz que, cuando la encuentras, no olvidarás jamás.
Hace unas semanas cuando la Librería Lua de Guadalajara y yo anunciamos en Facebook la firma de ejemplares de mi novela, María me escribió: Iré, seguro, voy en silla de ruedas, ¿sabes?
Y fue.
     María es una mujer bellísima. Yo estoy leyendo ahora su primera novela "Las fotos de un adiós". Una novela sobre la enfermedad: "...tengo problemas auditivos.Veo cine y televisión subtitulada, no puedo entender una conversación sin ver la boca de quien habla. Ni radio ni teléfono. Lo último que escuché y entendí -oír es otra cosa - en la radio fue el asesinato de Miguel Angel Blanco"
Hoy cuando he leído su mensaje, me ha inundado una ola de alegría.  Menos que la que sentirá ella. Porque el nacimiento de un libro es un acontecimiento sin igual. ¡Y hoy cuesta tanto alumbrarlo! Yo sé algo de la pelea buscando editor...! Pero nunca olvidaré el olor de la primera vez que lo hojeé y la sensación de que, una vez nacido, nunca morirá.
Vida eterna a "Las palabras del viento",  que nacerá el próximo día 23 de abril, el Día Internacional del Libro, aquel día en que murieron los dos genios más grandes que ha dado la literatura universal: Cervantes y Shakespeare. María titula su blog "Shakespeare y yo". Ese día se unirán ambos. Y yo levantaré mi copa por ellos. Como por todos aquellos que se atreven a materializar la ilusión de escribir, de contar, de dar vida a otros personajes que están al otro lado del espejo de nosotros mismos, para entretener o emocionar o simplemente mostrar a otros el misterio insondable de vivir. ¡Bravo María, ardo en deseos de tener tu novela entre mis manos!

sábado, 12 de noviembre de 2011

ANTONIO HERRERA CASADO. RESEÑA SOBRE "EL DIA QUE FUIMOS DIOSES"

     Antonio Herrera Casado es una institución en La Alcarria y en Castilla-La Mancha donde, recientemente, ha sido nombrado Hijo Predilecto. Tiene a sus espaldas una obra ingente donde explora, disecciona, analiza toda la historia, el costumbrismo, el patrimonio artístico y cultural de toda La Alcarria en sus diferentes pueblos.  Es también un referente cultural en la región.Hoy, con motivo de la firma de mi novela en la Librería Lua de Guadalajara he tenido la oportunidad de conocerlo y agradecerle la lectura de mi novela.  Precisamente en el día de hoy ha publicado una reseña sobre ella que, por su interés, reflejo a continuación. Animo al resto de los contertulios y visitantes de este blog a contrastar sus puntos de vista con esta reseña.



Viajes por el Mundo



La primera novela de un alcarreño


El sabado 12 de Noviembre, a media mañana, Rodríguez Tejedor firmará ejemplares de su primera novela “El Día que fuimos dioses” en la Librería LUA de Guadalajara. Sigue aquí su blog.
Acabamos de leer la primera novela de Francisco Rodríguez Tejedor, titulada “El día que fuimos dioses” y que ha editado “Alhulia” como número 112 de su Colección “Crisálida Narrativa”. Rodríguez Tejedor es un autor alcarreño, nacido en Sacecorbo en 1957, y ya curtido en los campos de la literatura tras muchos escritos de prosa y poesía. La novela, así, de entrada, es un monumento a la literatura, a las palabras medidas y conscientes, al orden lógico de las cosas, a los personajes ficticios y reales a un tiempo. Es un libro maduro porque se ha escrito a lo largo de mucho tiempo, se le ha repasado una y otra vez, se cimenta sobre otros versos y se ayuda de un gran literato, de Antonio Machado, que bulle en el fondo de toda la obra.
Aunque el autor alcarreño que hoy descubrimos tiene todavía mucho camino por recorrer, muchas cosas nuevas con que sorprendernos, la obra con que aparece en el mundo de las letras es muy valiosa, tiene sustento, es sólida. Quizás le sobran algunas páginas de excesivo lirismo, cuando los protagonistas ejercen sus soliloquios en torno a algunas ideas centrales, que se ve son las que al autor preocupan de verdad (como a muchos humanos que ejercitan el don del pensamiento) y que vienen a ser estos: el amor, los recuerdos, la preocupación por el tiempo que se va, etc.
La trama es buena, consistente: quizás se espera muy al final para darnos las visiones definitivas de las causas de tantos interrogantes. Pero eso es lógico: no nos va a servir la solución del enigma al principio. Quizás lo más bonito, literariamente hablando, de este “El Día que fuimos dioses” sea el recorrido que los protagonistas hacen por la España machadiana, desde Sevilla, a Collioure, pasando por Soria y Segovia. Es una especie de viaje literario, de perfecta ruta poética la que se entrecruza con las historias de los personajes.
Sorprendente, de verdad, la solución que se da a la trayectoria de dos personajes masculinos que centran la novela. Tiernos los trayectos de los personajes femeninos. Quizás falten aquí (es una manía de lector, supongo que habrá otras perspectivas) personajes de cuerpo entero, identificables en cualquier aspecto de su vida. O sea, protagonistas definidos humanamente. Pero repito: para ser la primera novela del autor, hay que aplaudirla porque lo merece, leerla con parsimonia, porque todo tiene su razón, y saborear el gran sentido literario del autor, que impregna cada página. Una apuesta magnífica que se ancla en el mundo literario de la Alcarria de la mano de un paisano.

AHC

martes, 1 de noviembre de 2011

PRIMERO DE NOVIEMBRE.




      Hubo un tiempo, de niño, en que a Fernando le daban mucho miedo los muertos, el que se moría se iba a un sitio muy lejano y definitivo, un sitio oculto desde el que los muertos  miraban a los vivos y por ello resultaban tan misteriosos y asustadores para él, pero ahora sabe que no es verdad, la vida y la muerte son la misma cosa, y los muertos no se van sino que se quedan con nosotros. Los muertos nos rodean por doquier, porque hay muchos más muertos que vivos, muchos miles de millones más de muertos que de vivos desde que el mundo es mundo. Nos rodean con todas las cosas que dejaron, con sus libros, con sus películas, con sus casas, con  sus puentes, con sus árboles, con sus recuerdos y  con sus obras  en general. Nos rodean, en definitiva, con lo que fueron el fruto  de sus quehaceres y desvelos.

     Y luego estamos nosotros, los vivos, ¿qué somos los vivos si no el fruto más preciado, el más querido de los muertos?  Nos trajeron a este mundo, nos dejaron sus genes, sus recuerdos, sus abrazos y nos influenciaron lo más que pudieron. Sí, los muertos no se van a ningún sitio sino que permanecen con y dentro de nosotros.

     Los millones y millones, miles de millones, de cadáveres que en el mundo ha habido forman el humus, la arenilla que pisamos cuando caminamos.  Cuando el viento sopla  y  levanta el polvo son nuestros antepasados los que se levantan . Y cuando respiramos, los inhalamos y se instalan de nuevo dentro de nosotros. Por eso la vida y la muerte son la misma cosa, como el día y la noche, uno es la continuación del otro, nada más, y cuando el uno termina empieza el otro y luego al revés. Por eso Fernando ha elegido esta noche, sin proponérselo, esta película que se titula, Lo Que El viento Se Llevó y que debería tener una segunda parte, Y Luego Nos Trajo. Porque nosotros solo somos el sitio donde alguna vez se refluye el viento, el viento nos rodea, el viento nos posee, el viento nos da la vida y también nos la quita, el viento que, de repente, en un ráfaga luminosa, nos trae a veces el amor...

    Fernando acaba poniéndose muy triste. De vez en cuando le ocurre que se siente inerme, minúsculo, incapaz de entender el sentido de la existencia y entonces es cuando abre el armario y se viste con una pantalón vaquero negro muy ajustado y una camisa de un color rojo intenso, rojo pasión, se perfuma bien  y sale a la calle.  Es verdad, lo que tiene Amsterdam es que es una ciudad vieja pero con el alma joven, en Amsterdam hay un desorden aparente y la ciudad está llena de bicicletas donde las muchachas vuelan con su melena al viento. Fernando sortea  los canales y se dirige a la Plaza Damm. En una curva una muchacha casi lo arrolla con su bicicleta, cuando ambos se recomponen se cruzan sus miradas y Fernando le dice, ¿me acompañas a alquilar una ?, entonces la muchacha le sonríe y le contesta, sí, si me llevas tú con ésta en el sillín.

      Sí, es verdad, Amsterdam es una ciudad con muchachas rubias y esbeltas y a Fernando siempre se le dieron bien las mujeres, cada día mejor. Un poco más tarde se adentran los dos en un frondoso parque que hay enfrente del embarcadero y del casino. Se van alumbrando con los faros de sus bicicletas y Fernando se siente entonces seguro. El viento sopla suavemente con un rumor de siglos y Fernando lo respira lentamente, profundamente, mientras sigue la estela de esa melena rubia  que es como una ondulante vela en el océano de la noche.

De la novela "El día que fuimos dioses". Pág 316