jueves, 16 de febrero de 2017

LA LLAVE



LA LLAVE  

El hombre toca el timbre, no sabe por qué. Si esta mañana se dejó las llaves dentro.
Se ha dado cuenta tras palparse los bolsillos.
Y toca, se dice, sin saber por qué: vive solo.

Pero alguien abre.
-¿Qué quiere?
Es un chica jove y guapa. Rubia y minifaldera.
-¿Cómo que qué quiero? Es mi casa.
-Pues entre, no se quede ahí.





Y él entró.
Han pasado quince días y todavía no ha salido.
Tampoco quiere ir al cofrecito donde guarda las llaves.
Por si acaso.




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martes, 14 de febrero de 2017

APUESTA POR MÍ



APUESTA POR MÍ 
Como lo hacen las olas con su playa.
Que se citan un millón de veces cada día.
En encuentros de calma y espuma.
En susurros de brisa y de sal.
O gobernando como pueden las tormentas.
En las noches frías.
Cuando sólo se oye el vendaval.
Apuesta por mí.
Como lo hacen las plantas.
Que no eligen más que un sitio para vivir.
A la sombra y el sol.
Bajo la lluvia y sin humedad.
Apuesta por mí.
Como lo hacen los pájaros con el viento.
Que los lleva y los trae por el mundo.
Viéndolo todo más pequeño.
Apuesta por mí.
Como lo hace la noche por el día.
Que se dan la mano.
Una y mil veces más.
Uno al lado del otro.
Hasta que se acabe el mundo
Y más allá.
Hoy, día de San Valentin, precisamente, mi agente me comunica que Audiolibro, la firma más importante de libros grabados en voz, desea adquirir la exclusiva mundial del mío: "Los mejores 101 momentos de amor", al que pertenece este poema. Me parece bien que determinados textos se escuchen, tanto o más que se lean. 
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jueves, 9 de febrero de 2017

EL CLAXON.




Un coche aparcado en una carretera solitaria. Una noche lluviosa y alucinante. Un hombre atrapado en su interior. Sin poder salir del auto, por mucho que lo intenta.  Mientras que los recuerdos de una vida de pesadilla llegan a su mente. Y le impelen a escapar de allí. A arreglar tantas cosas destrozadas. Pero él solo puede tocar el claxon. Una y otra vez.

Algunas personas se acercan a la llamada. Gente extraña que le hará vivir una pesadilla de nuevo. Pero también alguien dulce, inocente…

EL CLAXON, un thriller psicológico trepidante, sorprendente y original, que se mueve apasionadamente en la delgadísima línea que separa la vida y la muerte, la cordura y la locura, el amor y el perdón.




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sábado, 4 de febrero de 2017

MUCHAS GRACIAS



MUCHAS GRACIAS AMIGOS

Hoy he recordado de golpe aquella frase que dijo un día Ed Cunningham: “Amigos son aquellos extraños seres que nos preguntan cómo estamos y se esperan a oír la contestación”



Así que, muchas gracias por acordaros de mí en el día de mi cumple, tanto a los amigos personales, como a los virtuales. Y muy agradecido también por compartir algunos momentos, reales o literarios, conmigo durante el pasado año. Aunque dejamos los mejores, como no podía ser menos, para el siguiente, que empieza justamente hoy.
Besos y abrazos.

FRANCISCO RODRÍGUEZ TEJEDOR
www.franciscorodrigueztejedor.com


A los varios centenares de personas que me han felicitado en las redes sociales o en el blog.

domingo, 29 de enero de 2017

ALGARABÍA FEMENINA





Llega a mis manos, en uno de  estos días tristones de este invierno, un libro que es justamente lo contrario a este tiempo plomizo y frío.  Como corresponde a  su título: “Algarabía”, su portada representa un bullicio, un guirigay, un completo alboroto  de pájaros revoleteando alrededor del árbol acogedor donde, probablemente, duermen por las noches.

Lo publica la editorial “Perro Malo” y lo han escrito nada menos que media docena de escritoras, cada cual más distinta de la otra, que se embarcan en esta, su primera aventura literaria, compartiendo nave, brújula y destino, aunque, eso sí, empuñando cada una, y para bien, su propio remo.

A mí me gusta mucho leer literatura de mujeres. Que siempre tiene otra textura, otro discurrir, menos directo que el masculino, más sinuoso e irracional, o ilógico, más emotivo, con una paleta de colores más variada y con unos recovecos, profundos y enigmáticos, que horadan la superficie aparentemente tranquila con la que se envuelven.

Apunten sus nombres, porque las veremos en el futuro, ya solas, cruzando sus personales mares. Y, mientras tanto, disfruten de este caleidoscopio de mundos femeninos, densos, llenos de matices y secretos, de alegrías y tristezas, que parecen, en sus manos, en sus plumas literarias,  más, o menos, quién sabe, solo diferentes.

Bienvenido este libro, bienvenida esta sonora “Algarabía”, que llena esta tarde triste de enero, de un gorjeo  de pájaros, que anticipa la explosión de la primavera. Porque en la primavera nace de nuevo la vida, o se renueva o, qué se yo, solo se reviste  otra vez de organza, y de espuma, para que sigamos caminando, transitando por su misterio. Y por su esperanza.

Sí, la vida y lo femenino, que vienen a ser, en el fondo,  lo mismo. Una invitación a adentrarnos en sus vericuetos, en sus matices y secretos. Pero con otra mirada, con otra sensibilidad, con otra cercanía.



 Y eso lo consiguen, de sobra, estas autoras que abren sus textos al mundo lector, con la emoción temblorosa de la primera vez, pero con la calidad acrisolada ya en sus mundos literarios interiores, en los que han experimentado cada una en silencio y a solas el discurrir de su pluma.

Así que, además de darles la más cálida bienvenida, querría decirles: ¡Gracias!, a este puñado de escritoras, que han juntado en un solo volumen todas esas vivencias que a los demás nos enriquecen.

Y nos hacen, no solo más sabios, sino también más sensibles. Y quizá, por ello, más ricos,  más buenos. Más valiosos.


“Algarabía”, ha sido escrito por: Raquel Benito, Herminda Cubilla, Belén García, Teresa Ruano, Marta Torres y Flavia Totoro.

Escrito para el blog de www.franciscorodrigueztejedor.com y redes sociales.

jueves, 26 de enero de 2017

LA RIADA DEL AMOR





          


Amar y ganar es lo mejor. Amar y perder es lo segundo mejor.
Willliam Makepeace.

I

LLUEVE sobre Singapur, sí, llueve en los confines de la Malaysia, llueve con la fuerza de las mareas, de los espíritus de los ancestros milenarios, llueve con el poder recurrente de la naturaleza, del dios de la lluvia que gobierna los cielos y los mares, los ríos y las profundidades de las encharcadas cuevas. Llueve a manos llenas, desgarrándose los odres de las nubes, llueve en tromba, en avalancha, tejiéndose una densa cortina de lluvia y de vapor húmedo y sofocante, que lo llena todo de vaho. Llueve como se tiene que llover, como si se acabara el mundo, reblandeciéndose y desmoronándose todo en pedazos, hasta que no quede nada, de tanto llover y llover.
Llueve sobre el Boat Qway, llueve sobre sus puentes, sobre el White Brigde y sobre el Black Bridge también, que son como inmóviles, atónitas gacelas enormes, llueve sobre los rascacielos, sobre su alma de cristal y acero, que se derrama en lágrimas abundantes que desdibujan sus contornos, llueve sobre el verde de los parques, sobre el casino y sobre la noria gigante de Mun-Tao, llueve sobre los perros y las cucarachas, sobre los pájaros de colores, llueve también sobre ti. Llueve aunque te cubras, llueve aunque te escondas, llueve y llueve sobre todo lo creado y sobre todo lo por venir, llueve simplemente como siempre, como toda la vida, llueve hasta que se harte de llover y llover.

Llueve sobre las calles, sobre las aceras y las avenidas, llueve sobre los adoquines, sobre las obras y las alcantarillas, un filipino mugriento y reseco repara el pavimento, se llama Marcos Filippo, aunque casi nadie sabe su nombre, es más fácil llamarle:
—¡Eh, tú, filipino! —o también—, ¡ven aquí, filipino de mierda!



Marcos Filippo se sienta un minuto en el bordillo para tomar un bocado y beber algo. Cuando los cielos se abren y comienza la lluvia torrencial está tan cansado, tan abatido, pero no solo hoy, sino desde toda la vida, que ni se levanta siquiera, observando cómo la lluvia le destroza en un momento el bocadillo. Entonces se pone en pie y, con aire majestuoso, se quita la camisa mientras las chicas de elegantes trajes de chaqueta del distrito financiero corren bajo sus paraguas a los soportales de la plaza. Y se mantiene así, erguido, enhiesto como un mástil, en la desierta calle, mientras el agua, tibia, le baja en placenteros chorros por la cara, por el pecho y por la espalda, y los pies, que son como gastadas garras, se hunden dos palmos en el agua que corre, calle abajo, a reunirse con el mar.



Llueve dentro de las casas, de los hoteles, de los hospitales, de los corazones, es la estación de las lluvias, llueve por doquier, y, aunque no llueva, también llueve, porque el alma, sin consuelo, tiene ganas de llover y llover.
—Yo te di todo mi amor, pero para ti no ha sido bastante. Te di toda mi ilusión, toda mi inocencia, me abrí sin esclusas, me ofrecí sin resistencia alguna, sino con hambre de fusionarme en ti, de darte todo lo que soy, pero para ti no fue suficiente —musita quedamente un muchacho larguirucho que camina empapado de lluvia y de sentimiento por el parque.
Llueve y llueve sobre el parque de Saint Andrew’s Church donde los árboles rinden sus brazos, vencidos y abatidos, bebiéndose por todas las hojas su derrota.
—Yo sin ti no soy nada —susurra Chow, que así se llama el muchacho—, yo después de ti no sé ni lo que soy, solo quiero desangrarme dulcemente como un obediente corderillo ofrecido en sacrificio de nuestro amor.
Llueve sin misericordia sobre esa joven cabeza adolescente, sobre ese muchacho sin paraguas ni cobijo alguno, llueve sobre sus rasgos todavía sin perfilar, llueve con indiferencia sobre el boceto de su cuerpo que camina errabundo bajo el agua, llueve sobre él como sobre cualquier árbol anónimo del parque, brumoso y verde, llueve sin piedad. Llueve sobre las lágrimas, que brotan de las cuevas profundas del sentimiento a la llamada del señor del agua, llorar caminando bajo la lluvia es un acto inútil, nadie, ni tú mismo te das cuenta, llorar bajo la lluvia es como llover sobre mojado, llorar bajo la lluvia es como doblar tu dolor.

—A mí no me importa el dolor, es más, prefiero que todo se llene de dolor, se inunde de dolor en una gran riada, a mí me gusta que llueva y llueva, sin perdón y sin descanso, con persistencia, con monotonía, hasta que se ablande el duro corazón de la persona amada, a mí me gusta que llueva y llueva y, si es preciso, que llueva sin fin.

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