miércoles, 26 de abril de 2017

SOÑADORES



SOÑADORES:

Nuestro libro Soñadores avanza a buen ritmo. Esta mañana estuvimos en mi tierra,mi hijo Guillermo y yo, entrevistando a ANTONIO HERRERA CASADO, médico, profesor, cronista provincial, académico, periodista y editor que ha realizado el gran sueño de recorrerse y conocer como la palma de su mano toda la provincia e investigar la historia, el arte y la cultura de nuestra tierra y volcarla en 80 libros escritos de su mano y cerca de seiscientos que ha editado de otros autores todos ellos relacionados con Guadalajara .

Una obra ingente de investigación y divulgación que quedará para siempre. Sus paisanos le reconocieron por ello como hijo predilecto de Castilla y la Mancha. Un gran sueño en el que todavía trabaja. Y un nuevo capítulo que formará parte de nuestro libro SOÑADORES: "El hombre que amaba a su tierra".




domingo, 23 de abril de 2017

DÍA DEL LIBRO



DÍA DEL LIBRO 
Leer es la mejor forma de soñar. Y de viajar. Y la más barata. Porque soñar es cambiar de realidad, que es lo que hacemos cuando viajamos o, cuando sentados tranquilamente en nuestro sillón preferido, leemos y nos sumergimos en ese mundo nuevo que nos ofrecen los libros.
Yo, claro es, soy un amante de los libros. Apasionado, celoso, acaparador. Me gustaría leerme todos los libros del mundo. Vivir todas esas vidas. Experimentar todas las emocionas que contienen sus páginas. Soñar con todos los universos que envuelven sus metáforas. Recorrerme el mundo, sin cansarme, ni aburrirme jamás.
Porque a mí, desde niño, me enseñaron a soñar con los libros. A buscarlos, a hojearlos, a olerlos, a adivinarlos. Y luego a vivirlos. A tope. Y a recordarlos siempre, después.
Visitemos, pues, el rincón de los sueños. En los domésticos anaqueles de las casetas y de las librerías, aparentemente dormidas, duermen tantas páginas que esperan una caricia nuestra para despertar y mostrarnos todo lo que esconden, remover nuestras conciencias, o hacernos más sabios, o más buenos, o más curiosos, siempre más cultos, más felices.

Yo hoy pasaré parte del día escribiendo para el libro SOÑADORES, concretamente la reciente entrevista que le hicimos al CEO de WALLAPOP, el siempre interesante, MIGUEL VICENTE.

Y también preparando el mes de mayo, donde tendré no sólo un día, sino todo un mes en ese gran escaparate que es AMAZON, como uno de los autores recomendados del mes, para mi novela EL CLAXON  y también para toda mi obra: 

miércoles, 12 de abril de 2017

UNA BUENA FORMA DE EMPEZAR EL DÍA





         En la mañana, alegre y sola
que se pinta en mi ventana
da comienzo el nuevo día,
con leve rumor de ola.






     Ya olvidé,
¡aunque quién sabe!
los tristes sueños
la oscuridad lenta
la noche larga
eterna y fría.

    Mira,
cómo se me restaña el alma
de aquel dolor
de aquella intensa
agonía.

     Solo con esperar tus besos
que duermen, ausentes
por las esquinas.

    Dime dónde te escondes
muchacha de misteriosa
sonrisa.

     Dime que sueñas conmigo
¿Es que no me ves solo,
a la deriva?

    Llámame por mi nombre
muchacha
y yo iré alegre
a tu encuentro
estrenando el día.

De "El día que fuimos dioses"

Échale un vistazo gratuito en : https://leer.amazon.es/kp/embed?asin=B01KFSNOF4&preview=newtab&linkCode=kpe&ref_=cm_sw_r_kb_dp_IUv7ybZ9XEQY2



domingo, 2 de abril de 2017

UNA LARGA Y CÁLIDA NOCHE EN BANGKOK




La noche de Bangkok es una noche alegre, es una noche cálida y húmeda. Fernando, ya en la calle, pasea la noche de Bangkok con Thea y Rea de su cintura. En algún momento se para y besa en la boca a Thea, luego gira su cabeza y se encuentra con los labios envolventes de Rea. Aunque ellas no lo saben, Thea y Rea son dos diosas antiguas, de cuando se creó el mundo. Thea y Rea eran dos hermanas hijas de Gea, la tierra y de Urano, el cielo, de donde nacieron todos los dioses. Fernando camina abrazado a sus diosas y se siente como un semental divino. A veces se tropiezan en la acera con un indigente tirado en un rincón, o con un par de niños medio desnudos, dormidos con su carita mirando hacia la Luna, entonces Fernando es cuando besa a Thea o a Rea y acelera el paso.
La calle está llena de discotecas y también de antros infames, donde unas jovencitas echan bolas por la vagina mientras los turistas les lanzan unos dólares, antros inmundos, con trastiendas donde se compran culos de niños vírgenes de siete, ocho, doce años, para romperlos de un puntazo, mientras los abrazan contra el suelo, los sujetan con fuertes manos embutidas en guantes de látex, para no contaminarse, mientras el aire mudo se va cargando de tanta indignidad y vergüenza.
Fernando se entristece levemente, acaba de dar veinte dólares a una madre harapienta con un niño de pecho en brazos y otros dos dormidos en el triste suelo, quiere seguir estando loco, loco, loco.
     Están cruzando sobre un pequeño puente, abajo las aguas silenciosas son testigos del paso lento de la noche. Se abrazan los tres en el centro del puente y Fernando se siente niño de golpe, se baja la cremallera y orina alto y fuerte sobre el pequeño canal. Al final todas las aguas son una y más pronto que tarde se juntan. Thea y Rea se aculan, se bajan sus diminutas bragas y sacando sus traseros blancos entre los barrotes se unen a la fiesta. Está bien escupir al cielo por un momento, olvidarse de las miserias, de las podredumbres, de las limitaciones que aherrojan al hombre. El hombre, que debió ser dios un día, vive ahora desterrado, encadenado a su reloj que marca sin descanso el tictac que le acerca a la muerte. A veces la mejor forma de olvidarse de la muerte, o de las imperfecciones y sufrimientos de este valle de lágrimas, es hacerle un corte de mangas a las leyes implacables que nos sujetan, que nos ahorman y que acabarán llevándonos al matadero.

Yo quiero volverme loco, loco, loco / niña cuando tú me miras me enloqueces / me enloqueces cuando bailas / me enloqueces con tu cuerpo / que es como un pozo sin fondo donde yo me hundo / me hundo hasta el final/ hasta volverme loco, loco, loco.
—¡Chicas, tengo una cama, ancha, de matrimonio, quiero decir para tres!
Luego cruzan riendo el puente y en la otra calle paran un taxi. Se montan los tres juntos cogidos de la mano y sin volver la cabeza atrás sienten que todavía queda noche, porque la noche es larga y cálida, cálida y húmeda, aquí en Bangkok.

Fragmento de la nueva edición de "El día que fuimos dioses", leer un fragmento mayor gratuitamente en: