Vuelvo a Madrid tras estos días junto al mar, misterioso y calmo este largo finde, y me meto de lleno en mis cuitas, muchas de ellas buscadas, y otras obligadas y soportadas porque no queda otra, claro.
Vamos a empezar con las buenas, por supuesto. Me escribe Amazon para decirme que mi libro Lejos del Sauce Curvo ha sido seleccionado para su colección de pago Prime Reading . Cuánto me alegra que esta novela que recoge las ganas de vivir, y aun de sobrevivir, de aquella generación que fuimos jóvenes durante la transición, pueda ser degustada por aquellos lectores más exigentes. Aquellos que quieren disfrutar con lo mejor de lo mejor.
Yo solo puedo decir que esta novela se llevó una buena parte de mí mismo, también de muchas de las personas que me rodearon entonces, cuando trasteábamos juntos por los acordes de nuestra corta vida y de nuestro recién estrenado corazón de adolescentes y jóvenes primerizos. Todo muy literaturizado y con nombres cambiados, por supuesto. Pero, en mi opinión, un buen fresco, un completo retablo de aquella época tan importante para nosotros, y para nuestro país, que nos tocó vivir. Lejos de donde habíamos nacido y cerca del mundo nuevo que entraba a marchas forzadas en nuestra mente y en una España que se abría al resto del mundo tras muchos años de aislamiento y de oscuridad.
El mundo del cine se acerca a mí de nuevo. Parece que habrá proyecto. Toco madera. Espero que en la reunión del próximo lunes sepa a qué atenerme.
Mi hijo, Guillermo, termina en estos días su MBA. Estamos cruzando los dedos porque se concrete la oferta verbal que le han hecho para trabajar en Londres los próximos tres años, en lo que a él más le gusta. Ojalá lo consiga y materialice este sueño que lleva persiguiendo desde hace unos años en el que le hemos acompañado y apoyado en todo lo que estaba en nuestra mano.
Y, luego, me esperan esas obligaciones de hacer la declaración de la renta y otros muchos temas administrativos, preparativos, operativos y la madre que los parió. En fin, no queda otra, como dije arriba.
Según termino este post, reparo en que en mi canal de you tube tengo mi primer videoclip que supera las 4000 visitas. Supongo que algo que ver tiene el que utilizo una música pegadiza de Enrique Iglesias, pero, en cualquier caso, para un youtuber como yo, que anda a pecho descubierto sin apoyo alguno, en las inmensas aguas de las redes universales, tiene mucho mérito convencer al algoritmo de You Tube de lo que lo muestre. O yo me lo doy a mí mismo, el mérito, digo. Y, si, además, es un vídeo sobre una novela mía: Regreso al Sauce al Sauce Curvo, protagonizado por mi chica, está justificadísima esta alegría que siento, claro.
Así que voy a ver si convenzo a mi wife, para irnos este verano, si es posible, tenemos la agenda superllena, a recrear este viaje por las Rías Bajas de Galicia, que hicimos hace 37 años, nada menos, cuando llevábamos apenas cuatro meses de casados. ¡Qué tiempos! Yo mismo, a veces, veo este vídeo, para llenarme mi interior, otra vez, de toda la luz e ilusión que desprende. ¡Bendita juventud! Que no desaparece, eso al menos creo yo, como todo lo que hemos vivido, sino que queda incorporado a nuestra experiencia vital para siempre. ¡Viva lo que una vez fuimos, porque eso conforma la mayor parte de lo que hoy día somos!
Unas fotos de Alicante:
Subida al faro del Albir en un atardecer bellísimo.
La Cala de Finestrat:


