El escritor acaba de venir de una visita a la Fundación Alicia y Guillermo. La semana que viene ruedan con él de director de martes a jueves allí y en sus alrededores. Está asistiendo a la mayor parte de sus actividades para que le conozcan y explicarles brevemente lo que van a hacer.
Hay un taller que se llama "Canciones del recuerdo", desde que lo vio en la programación le interesó. La música y su atracción, que tan bien conoce.
Tienen un profesor, un voluntario, también mayor, pero energético, Adolfo. Nada más conocer al escritor le suelta:
–Aquí donde me ves, voy a llegar a los 120 años.
–¿Cómo? –acierta a responder el escritor, que no está ni siquiera recuperado todavía de la ITV que acaban de hacerle a su viejo y vivido corazón
–Pues vente a mi otra clase de "Revertir el envejecimiento" –le dice– Allí doy las claves de todo.
Al escritor, Adolfo le cae bien. Sabe que viene con su guitarra desde lejos, enlatado en el metro:
–Voy a tener que dejar mi guitarra aquí y no quisiera porque a ver qué hago yo sin ella, pero cualquier día nos espachurran a lo dos en esos vagones que van como cuando éramos jóvenes, en los setenta.
Una vez en clase, acaricia los acordes, una docena de personas mayores rodeándole en círculo y el escritor deseando que comience este rito de la música.
–Vamos a empezar con esa que conocéis todos. ¿Os acordáis de Antonio Machín, verdad? Sí, esa, una de las más famosas: "Angelitos negros".
Y el grupo de alumnos, con su edad a cuestas, se entonan y, mirando la letra en el móvil, parece otro coro de angelitos más, o así los quiere ver el escritor, que hasta se anima, la verdad es que siempre le gustó cantar, a unir su voz a las suyas.
Esa comunión de voces, esa comunión de recuerdos, el padre del escritor, al que también le gustaba cantar, la entonaba mientras iba segando una mano en la mies y la otra en la hoz bajo un sol abrasador, es lo que más conmueve al escritor.
–Yo con la música hago sicología con mis alumnos –le había dicho Adolfo.
Cuando termina la canción, Adolfo pregunta qué les sugiere este tema a sus alumnos: la discriminación a los negros, las políticas antiinmigrantes, el acoso y el bulliyng, van desgranando uno a uno, la verdad es que el poder evocador de la música es inmenso.
Luego se arranca con "A mi manera" que popularizó, sobre todo, Frank Sinatra.
–Es una canción de despedida –les explica Adolfo–. Un resumen de la vida que ha vivido uno. Frank estaba enfermo y la cantaba con todo sentimiento. ¿Vosotros ya pensáis que habéis vivido vuestra vida?
–¡Nooooo! –gritan a coro las viejitas, no hay ni un solo hombre. Bueno, está el escritor que no es propiamente del grupo, pero grita con más fuerza si cabe esa negativa en redondo al fin de la vida.
El escritor sale de allí citándose con esas canciones del recuerdo la próxima semana, pero ya en plan profesional, con todo el equipo.
–¡Dios mío, les vamos a invadir como a los de Ceuta! –piensa para sí el escritor imaginando los cables, las luces, las cámaras, las pértigas y cinco tíos por allí pululando por todos los sitios y cambiándolo todo de lugar.
Sí, el poder de la música. El escritor lo conoce bien. Él, por las mañanas, cuando se afeita no pone la radio, sino una selección de canciones al azar. Le estimulan, le alzan la moral, le hacen más sensible al mundo, a lo que le rodea.
Ha escuchado muchísima música en su vida. Pero, le pasa igual que con la literatura, que ha leído también mucho, pero sin orden ni concierto. Y, en el fondo, lo prefiere así, es como si tú pretendieras ordenar el tiempo y las estaciones y el día que va a hacer hoy, qué aburrimiento. Él prefiere la improvisación, la sorpresa, ver qué tecla de tu interior toca ese piano que suena hoy.
Ayer, de casualidad como digo, él escuchó una canción que hablaba de todo lo que él acaba de pasar. Este hermosísimo tema recoge los pensamientos de un hombre profundamente enamorado de su esposa. Piensa que puede morir mañana. Y no le importa hacerlo, si es mirándose a los ojos y cogido de su mano. La esperará en la otra vida para seguir allí tan enamorados o más que en esta.
"Si todo se acaba". Sí, todo se acabará un día. El escritor le pone unas imágenes a esta hermosa canción, cuya letra bien pudiera haberla escrito él mismo hace tres semanas.
Ahí va: SI TODO SE ACABA: https://www.youtube.com/watch?v=NmTBLJ0m6s8
Y la incluye donde debe estar. En el destello llamado: GRACIAS A LA VIDA: https://eldiaquefuimosdioses.blogspot.com/2026/09/gracias-la-vida-para-el-proyecto.html

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