martes, 30 de diciembre de 2025

FLORES DE INVIERNO. MI RESUMEN DEL AÑO.


Los Años Nuevos siempre presuponen una voluntad de cambio, de mejora, de superación sobre los años que acaban de terminar. Sin olvidar que lo más importante es vivirlos, experimentar sus alegrías y tristezas, subir a sus colinas y bajar a sus valles, vivirlos, como digo, que es mucho más importante que existir en ellos.

No es un secreto, he escrito varias veces de ello, que a mí me encanta la parte más bella de las plantas, ya de mayor le pregunté a una abuela, que me cuidaba en El Sauce Curvo de niño cuando no estaba mi madre, que cómo era yo de pequeño. “Te chiflaban las flores”, me dijo. Cuando llega la primavera, siempre planto petunias y begonias en una terraza grande que tengo. Para mí una flor es la mayor obra de arte que conozco. Y el arte es belleza y trascendencia, que son las únicas emociones que conmueven de verdad a nuestra alma.

Yo las riego, hablo con ellas y, sobre todo, las miro. ¿Hay algún sitio mejor dónde mirar? Cuando estoy inmerso en el proceso de creación literaria es cuando más las siento cerca. Y combato así la soledad introspectiva a la que te lleva tu empeño de sacar de ti lo mejor de lo que llevas dentro.

Pienso que ser capaz de ver algo bello entre la podredumbre y la fealdad que a veces nos rodea en el exterior o dentro de nosotros mismos es como resolver el intríngulis del misterio de la vida. Pedalear cuesta abajo y con el viento a favor no tiene mérito, ascender por la serpenteante carretera que se pierde buscando lo alto de la colina, con el viento en contra y lloviendo a mares es otro cantar.

Mi padre, una de las personas más sabias que he conocido, y que mejor me conocía, valga la redundancia, me decía en mis malos días: “¡Paco, eres encantador casi siempre y da gusto estar contigo, pero cuando se te cruza el cable, se te cruza, en esos momentos, como ahora, no conoces ni a Dios!”.

Tengo un mal perder o simplemente me agarra la tormenta, el pesimismo o el lado oscuro de la vida, qué sé yo, no muy a menudo pero, sí de tarde en tarde. Luego, me arrepiento, aunque me cuesta muchísimo pedir perdón, compenso y reparo, eso sí, a mi manera y con creces los destrozos causados. ¡Como para ver la belleza de las flores, si es que las hubiera, en esos momentos!

Pero, ¡también las hay! Este año, por vez primera, he plantado unos cyclámenes y unas prímulas en mi terraza en pleno invierno, hace exactamente un par de días. Me conmueven hasta las lágrimas sus pétalos enhiestos, de unos colores brillantes que emocionan, cuando cae la tarde y bajan las temperaturas casi a cero. En esos malos momentos, cuando todo tiembla de frío y se te encoge el alma, ellas se revisten de mayor alegría, de mejor humor si cabe y me recuerdan que es posible la belleza, el buen corazón y los buenos sentimientos en los momentos aciagos donde todo parece irse a pique.

¡Benditas sean estas flores de invierno! ¡Y esos corazones que aguantan firmes en medio de la tempestad! Hago un resumen de este año y veo muchísimas flores en su estación, pero no soy capaz de ver tantas en invierno, que cuenta con muchos días y varios meses.

Por ello, me alegro sobremanera de poder observar mientras escribo en mi despacho esa alegría que desprenden mis nuevas vecinas. ¡Va por ellas! ¡Y va por mí! ¡Gracias 2025, por enseñarme tanto!







P.D. Repaso mi canal de you tube y observo cuáles han sido los vídeos más vistos, con más de 2000 visitas cada uno en 2025, en realidad en los seis últimos meses. No está mal: mi pueblo (y su trilogía) y mi chica brillan en ellos, esas flores que están en mi corazón durante todo el año.
https://youtu.be/zgDVnjYkWt8
https://youtu.be/zFtLLvoWfiA

¡Que paséis una gran noche y encaréis el nuevo año con la fuerza, la belleza y la ilusión de los cyclámenes y de las prímulas! ¡Porque así sea!

FOTO: con mi hijo, que tuvo el detalle de acompañarme en la plantación de las flores de invierno. Solo se ve una pequeña parte de todas ellas.


jueves, 25 de diciembre de 2025

UN AÑO MUY ESPECIAL ( y V)

 

MIS DOS GRANDES AMORES

Se termina el año y quiero dar homenaje un año más a los dos grandes amores que mueven mi existencia: mi chica y la literatura.

Aunque llevamos casi cuarenta años juntos, yo le digo a menudo que somos unos recién casados, llevamos solo año y medio, según certificaría el Registro de Las Vegas. Y tenemos que comportarnos como tales. Sí, yo creo que hacemos una buena pareja, yo siempre en las nubes, literaturizándolo todo, (aunque, eso sí, tengo también una vertiente realista, profesional y previsora al máximo) y ella, una mujer pragmática y pegada al día a día, aunque con una sonrisa atemporal y sugestiva y un carácter hecho a medida para la compañía. ¡Esa suerte que tengo!

Yo he escrito mucho de su sonrisa, para el público y solo para ella, que es lo que más me cautivó cuando la conocí. Solo puedo decir que el encantamiento continúa. Es una fuente de paz y buenos sentimientos inagotable, un barco en el que yo me monto y hasta las aguas más turbulentas se me hacen calmas en él. ¡Qué sería de mí si un día la perdiera!

Este año, de una forma imprevista y espontánea, surgió este videoclip que resume muy bien lo que quiero decir.
https://youtu.be/NeFRk5QYSY4

Vuelvo a ver estas imágenes y me llevan a lo que escribí un día:

“Sí, he escrito muchas veces sobre tu sonrisa y tu alegría. Para el público y también para ti. Pongo aquí, casi de memoria, algunos versos:

Yo me cuelgo de tu sonrisa / que es como una luna / que se columpia en el firmamento / luminosa, / eterna y, / sobre todo, / indefensa.

Porque tu sonrisa / no tiene barreras, / ni escudos, / ni empalizadas.

Solo es una invitación continua / a que me adentre / en tu corazón.



Tu alegría.

Me conquista tu alegría, / cómo chispean tus ojos / cuando nos miramos.

Esa luz que traspasa / mis pupilas / al verte / y me llena / de una dicha tan grande / como un día de sol.

Tu alegría es cálida / estimulante. / Igual que tu sonrisa / que es como una mañana de domingo / que nunca se termina.

Me enamoro cuando hablas, / sin parar, / como trinan los pájaros, plenos de alegría en primavera / de las cosas que pasan / en el mundo / o / a ti y a mí.

Tu alegría me enchufa / al lado bueno / de la vida, / ella es la corriente / que ilumina mis días / y dora / de luz / las inciertas esquinas / de la calle.

Sí, me conquista / tu alegría / esa suerte de tenerla / a mi lado.

Sé que es / un regalo / de oro / del dios / de la vida.


Sí, pienso, mientras edito, lo mejor que sé, las imágenes de nuestra historia, que tu sonrisa quiere decir: “me gusta, quiero agradarte”. Y que tu alegría significa: “si me tratas bien, te daré ese tesoro que yo solo tengo, mi íntima alegría”.

Y pienso también en la cara oculta de tu luna, que tan bien conozco, y que me gusta, y me atrae, tanto como la lucida. Esos días vulnerables, necesitados, pesimistas, que solo son el necesario reverso a tu alegría. Esos días donde se necesita mucha paciencia, mucho temple, para llevarte otra vez a la cumbre donde habitas. Los conozco bien, mi madre era también así. “Cada día me doy más cuenta de lo que me parezco a tu madre, yo diría que en un noventa por cien, por lo menos”. A lo mejor sois así todas las mujeres.

Tu vida, mi vida… Hoy me llenan por dentro estos recuerdos. Me reconforta tu sonrisa. Tu alegría. El poderlas vivir a tu lado. Como entonces, cuando éramos tan jóvenes y apostábamos por conseguir lo que hoy tenemos y que no quiero perder nunca. ¡Siempre contigo!”

Y qué decir de la literatura. Hace unos años publiqué un libro que se llama: “Literatura, vida mía”. Su sonrisa y la literatura son los faros que guían mi despertar todos los días. La literatura es el antídoto que yo uso para no contaminarme de lo peor de este mundo, de lo peor de mí mismo. Porque la literatura me hace inocente, niño, y me llena de futuro, de un futuro tan claro y estimulante como yo quiera. Y de unos amigos tan entrañables, tan fieles, que la soledad de este mundo no llega ni a rozarme. Sí, yo doy vida a mis personajes para que nunca me abandonen, en todos ellos hay algo de mí, y, cuando yo muera, no me iré del todo, eso, iluso de mí, es lo que pienso. Sí, todo escritor que se precie sueña con esa pequeña semilla que, tal vez, algún lector ha incorporado siquiera por unos momentos a su corazón y que, ojalá, algo de ella permanezca para siempre en él.

Este año he escrito un libro sobre mujeres. Una novela unida al mundo de la película "Hoy es todavía". Aprendí mucho de ellas en las reuniones de guión. Como cuando coescribí con mi chica "El donante" tras participar en el guión de "Aquí y ahora, vida". Esa película que recibió el Premio Platino Educa a la Solidaridad por el Círculo de Escritores Cinematográficos de España en 2023. He quedado satisfecho, ahora la tiene mi agente, me dirá en breve el camino que recorrerá. He comenzado a escribir un libro que me ilusiona mucho: "Destellos", palabras e imágenes en un cóctel que espero explore el mundo de la sensibilidad de estos dos sentidos tan importantes para cada uno de nosotros.

Y la vida pasa. Otro año más. Cada vez transcurren más rápido, yo lucho por detenerlos, por repasar a cámara lenta algunos de sus momentos, como hago ahora, para que no se pierdan del todo en la centrifugadora implacable del tiempo. Me voy satisfecho de este año, tampoco quiero pensar ahora en lo que me falta o en lo que me salió mal. Recuerdo mis deseos de cumpleaños, casi al principio del año, y me doy por muy contento. Ojalá todos los años terminaran igual de bien. Casi me da miedo decirlo, en esta vida la felicidad aletea solo en un instante. Y, por h o por b, nos acaba dejando solos en cualquier esquina. Disfrutemos, pues, el momento, me digo y, en unos días, esbozaré mis planes para el próximo año.

Así me veía yo a principios de febrero, en mi cumpleaños, recupero aquel vídeo para este diario literario y personal. Muy feliz, aunque un poco tocado. Se me nota en la cara y en la voz. No sabía yo que aquel malestar incipiente desembocaría en una neumonía de aúpa. Doy por bueno aquel precio que tuve que pagar por disfrutar el resto del año de salud, alegría y amor suficientes para rematarlo en estas fechas con tan buen sabor de boca. Ahí va:

https://youtu.be/SX7YY-RT-Ow

miércoles, 24 de diciembre de 2025

UN AÑO MUY ESPECIAL (IV)... ¡Y FELIZ NAVIDAD!

 


Se cumple ahora año y medio desde que nuestro hijo se fue a vivir a Londres. A hacer un MBA, como paso previo para intentar convertirse en un financiero de pro en la city financiera de Europa por excelencia, y una de las más importantes del mundo: Londres.

Una gran alegría y un orgullo muy grandes por ver su ambición, su esfuerzo compitiendo con los mejores, su resistencia y su visión. Que compensan, y mucho, a la nostalgia de cuando estaba más cerca y podíamos tocarlo todos los días.

Y otra alegría inmensa: la de los días inesperados en que nos sorprende con una visita, o la de estas vacaciones navideñas en que lo disfrutamos a tope exprimiendo cada momento que podemos vivirlo juntos.

Yo le hice un vídeo homenaje a su voluntad y a su ambición cuando se fue, quizás todo estaba ya en sus raíces. Ahora le estoy preparando otro para cuando termine. En enero se va a Wharton (Philadelphia-USA) a especializarse en Private Equity en esa universidad, la más prestigiosa del mundo en finanzas. Y, luego, el reto de encontrar un trabajo acorde a sus méritos y esfuerzo, que compense todo este largo viaje de dos años de preparación.

Ahí va aquel videoclip entrañable. ¡Brindo por el siguiente, donde recoja todo lo que ha estado sembrando!




Llega el día de Nochebuena. ¡Tan especial! ¡Único en el año!

Recupero lo que una vez escribí:

NOCHE DE PAZ 

El día y la noche son como el corazón del hombre, que ofrece a veces la luminosidad de sus buenos deseos y, otras, los momentos tenebrosos de destrucción y dolor. Pero, por una vez, la noche se llenará del resplandor de las estrellas de los hombres de buena voluntad, que hoy seremos todos Y solo habrá luz y alegría en las pupilas de los niños que la vivirán por primera vez. Y también en todos aquellos que alguna vez fuimos niños.

Yo os deseo una Noche de Paz. Porque la literatura nos hace niños de nuevo, soñando e imaginando mundos inocentes donde nadie muere de verdad y donde nosotros sólo somos los magos de las palabras, que crean la fugaz ilusión de poder vivir otras vidas y otros mundos, donde solo hay días luminosos y una sola noche como ésta.



Y en Navidad, son típicos los regalos. Aquí va uno para los amantes de la lectura en papel: www.franciscorodrigueztejedor.com

lunes, 22 de diciembre de 2025

UN AÑO MUY ESPECIAL (III)

 

Tras los nervios de los días previos, llegó el momento. Ya solo recuerdo la emoción inmensa, el amor y la alegría que respiramos aquel 26 de abril que ya siempre quedará en nuestra memoria. Sentimientos compartidos con las familias y amigos de ambos. ¡Alicia y Rubén, que seáis inmensamente felices!

Ahí va, para este diario literario y personal. este recuerdo imborrable de aquel día, las imágenes más importantes, las de dentro de la iglesia, quedan como es lógico para nosotros.

https://youtu.be/EnwHqTOSUwg

viernes, 19 de diciembre de 2025

UN AÑO MUY ESPECIAL (II)

 

Sigo recordando los momentos luminosos de este año que ya se nos va de entre las manos como el agua de una cesta. Pero, se quedan en nuestra retina, en nuestro corazón, formando parte intrínseca de lo que somos, de lo que vamos siendo según el tiempo nos va cincelando, como un escultor amoroso a su obra.


18 de mayo.

TODOS LOS BESOS

Todas las emociones. El tiempo, las estaciones, solo son una suma de emociones, de momentos pegados a los sentidos, alguien dijo, ahora no me acuerdo quién, que los sentidos son las ventanas del alma. Y el alma es esa incandescencia, ese rescoldo íntimo, que da calor, luz y energía a todo lo que somos.

Todos los besos. Besos de luz, de música, en la caída de la tarde. Hace tres semanas se casó mi hija. A ciento cincuenta metros de nuestra casa. La casó el mismo cura que a sus padres y ella llevaba la misma diadema de flores que su madre. El tiempo pasa pero no se va. Se queda prendido en las emociones de una tarde.

Hoy vuelve mi hija de viaje de novios y he querido regalarle a ella y a su marido este manojillo de imágenes, de luces, de besos y de emociones, de cuando salieron de la iglesia.  Han sido, no sé, seis o siete móviles diferentes, cuyos dueños han sido tan amables de enviarme las imágenes que grabaron de forma espontánea.  Mezclarlo todo ha sido un reto. Y un disfrute. El recuerdo es abrir de nuevo la caja de las emociones. Yo soy solo un artesano de lo que vi, de lo que sentí. Y me siento muy afortunado.

Ahí va, para este diario literario y personal, celebrando este día de regreso:TODOS LOS BESOS PARA ESTA JOVEN PAREJA:  https://youtu.be/82QexMZMJwU

Lo veo una última vez y me acuerdo de otro regalo que le hice poco antes de su boda. Sí, el tiempo no pasa. Solo es la misma emoción que gira sobre su eje, como hace la tierra todos los días. Pero, el tiempo sí nos da la oportunidad de intentar cumplir nuestros sueños.  Y yo le deseo que cumpla los suyos en él: 

https://youtu.be/Odmi8bXXbSQ?si=ebxLFwHuxsFVx5vP

viernes, 12 de diciembre de 2025

UN AÑO MUY ESPECIAL


Llega el fin de año y es hora de recordar y de revivir aquellos momentos luminosos que nos ha dado. El que más, sin duda, la boda de nuestra hija. Así vivimos los momentos previos. Momentos literarios  adornados con imágenes que se nos han quedado en nuestra retina, en nuestro corazón. Aquí van, en abierto, por unos días:

16 de abril de 2025


¡SE CASA MI NIÑA!

Yo tengo una niña

que se llama Alicia,

¡y es tan bonita!

que solo con verla

las penas quita.


Yo tengo una niña

y la quiero tanto

quiero todo lo bueno

y nada de lo malo...          ¿recuerdas esta nana?


Aunque aún falta, he preferido hacerte hoy este regalo.

Porque a partir de ahora todo tiene que ser futuro. El tuyo. El vuestro.

¡Brindo hoy por él!


Apuesto porque será luminoso.

Sin duda.

Como un día de domingo.

O como cuando amanece el sol.


https://www.youtube.com/watch?v=dsKq1jsB0HI


20 de Abril de 2025


QUE SE CUMPLAN TUS SUEÑOS

Ali, que se cumplan tus sueños. Las raíces de los sueños son los buenos recuerdos.

Como estos.

De toda la familia.

Un placer todos estos años.

¡Como los siguientes!

Momentos llenos de nervios pero, expectantes y bonitos, que vierto en este diario literario y personal, al menos por unos días.

Ahí van:

https://www.youtube.com/watch?v=Odmi8bXXbSQ


Sí, un año muy especial. No lo olvidaré nunca.



martes, 9 de diciembre de 2025

DOSCIENTAS MIL

 



Acabo de sobrepasar las 200.000 visitas en este blog. ¡Quién me lo iba a decir cuando empecé a escribir en él y no me conocía nadie! Solo hoy he tenido ya 195. ¡Un gran camino recorrido!

Por ello, quiero celebrarlo con mis lectores haciendo algo grande para los próximos días: podéis adquirir cualquier libro de los míos en edición impresa, a mitad de precio que el PVP de Amazon en España, dirigiéndoos a esta dirección de emal: infiserpal@gmail.com 

Deberéis indicar vuestro nombre y una dirección de envío. Os remitiremos el libro a esa dirección y os anticiparé fecha de llegada y justificante del envío. Previo recibo de este último, deberéis hacerme bizzum a un teléfono que os daré, respondiendo a vuestro email.

¡No dejéis pasar esta oportunidad única!









jueves, 4 de diciembre de 2025

AH, EL MAR, EL MAR...

 






Acabo de llegar a Madrid, tras unos días de cura, de sanación, de descanso, de paz, de renacimiento y de siembra de futuro, que todas esas cosas y más es para mí el mar. Yo soy de los que piensan que, sin romanticismo, sin idealización, sin sublimación y sin trascendencia, la vida sería un montón de actos repetitivos y aburridos. Quizás como el mar. Como el fru-frú de sus olas y su movimiento de voy y vengo eterno, pero sin moverse del sitio. Un día tras otro, una noche tras otra. Siempre o casi siempre igual.

Yo sé que el mar es, solo, todo lo que yo le pongo sobre sus olas cansinas y bajo sus fondos peligrosos y oscuros. Pero, es la foto que a mi alma conmueve. Remansa, dulcifica, también rejuvenece, estimula, la llena de vida y, por fin, que es lo importante, la inunda de futuro.

Debe ser el secreto de las aguas, la vida nació hace miles de millones de años en el mar y nuestra conexión con él permanece. Yo he escrito del mar muchas veces. De cuando lo vi por primera vez, aquella deflagración que fue como cuando me tropecé con el primer amor. Lo cuento en Lejos del Sauce Curvo, con las palabras de Germán, su protagonista. Es muy breve, pero resume todo aquello que sentí al verlo, cuando me despertó en el tren su grandiosidad, su luz y los latidos de su oleaje que son, mismamente, como los de nuestro propio corazón: vida.

“Llegó diciembre y yo no había cogido vacaciones en el banco, excepto aquellos dos días en agosto, por aquel medio año que llevaba trabajando, así que me dieron los trece días restantes que me correspondían. No en Navidad, claro, sino del uno al trece, para que no se me olvidara que yo allí era el último, por edad y por antigüedad.
Ya he dicho antes que, casi a mis dieciocho años, yo no había visto todavía el mar, casi me da vergüenza decirlo. Hoy, un chico a esa edad, del mar lo conoce todo salvo el fondo donde está el Titanic.
Eran otros tiempos, a mí me hizo una ilusión tremenda coger el tren Costa Brava, ¡qué nombre tan bonito y exótico, por Dios, me decía, ilusionado! Salía de Atocha a las nueve de la noche y llegaba a Barcelona a las nueve de la mañana del día siguiente, donde mi padre tenía unas tías que me enseñarían Barcelona y sus alrededores.
Nunca olvidaré cuando, al amanecer, descubrí la luz del mar, y sus olas, de un azul dorado, casi salpicaban el Costa Brava que circulaba, paralelo al agua, por el litoral de Tarragona. Fueron unos momentos mágicos e inolvidables. Dignos de haberlos vivido. ¡Solo por ellos merecía la pena haber cogido todos los días el metro para ir al banco y a la universidad!”


En “El día que fuimos dioses” hablo de todo lo que el mar iría significando luego para mí. Álvaro Artola, una vida fracasada, la indemnización del seguro es lo más valioso que puede regalar a las personas que ama, intenta quitarse la misma frente a él, sumergiéndose en su inmensidad. Aunque éste no está dispuesto a permitírselo…

* * * * *

—¿Desde cuándo existe el mar? —se pregunta Álvaro Artola, ahora que ya conoce el secreto de la muerte de Florián y, quizá, también, el secreto de su propia vida, el secreto de todas las vidas—. ¿Desde cuándo el río que nace en la montaña, de la pureza de la roca o del blanco deshielo, va descendiendo y enturbiándose con el légamo pestilente y la basura inmunda hasta llegar, corrupto y podrido ya, al mar purificante? ¿Alguna vez el mar dejará de absorber, de lavar y limpiar tanta podredumbre?
Álvaro Artola mira al cielo. Sabe que las aguas del mar, cuando se evaporan, forman grandes nubes que se condensan en las montañas, donde luego nacen los ríos de las más puras y cristalinas aguas y todo vuelve a empezar de nuevo.
—Ah, el secreto de las aguas, de las que todos estamos hechos.

Álvaro Artola se inclina sobre la balaustrada del Sea and Sky Dreamer y mira al mar.
—¿Por qué no aquí y ahora? Estas aguas fueron navegadas y dominadas durante muchos años por los venecianos. ¡Venecia! Ah, Venecia, Venecia... Anegada siempre en agua. La cuna del Renacimiento.
Se queda con esta última palabra que coincide con lo que él lleva dentro.
—Para que algo renazca, primero tiene que morir y dónde mejor que en el mar, cuando empieza el día. El mar, que un día lejano nos alumbró, nos va recogiendo ahora, a todos sus hijos, que regresamos vencidos y, tal vez, fecundos. Como a Fio Yaram, como a mí mismo.
Abrázame, padre eterno / que ya no puedo con mi estrella. / Abrázame, padre bueno / y quítame el alma, que me pesa. / Déjame que repose, otra vez, en tu sueño. / Déjame que me duerma, otra vez, contento...

Entonces, Álvaro se sube a la barandilla de cubierta, cierra los ojos y se deja caer al vacío con los brazos abiertos, como un pájaro. Algún día fuimos aves o, solo peces voladores que, luego, más tarde, conquistaron la tierra firme.
Cuando Álvaro entra en el agua, fría pero estimulante, siente que regresa a un mundo que ya conoce. Abre los ojos mientras desciende y la luz se va apagando lentamente, allá arriba. Pronto, en la oscuridad más absoluta, él se dormirá en el regazo marino para descansar de su intenso viaje. Luego, se irá deshilachando en pequeñas briznas de vida, cada vez más diminutas, hasta disolverse enteramente en la corriente de energía que navega entre las aguas.
—¿Recordará algún niño la luz de mi sonrisa / cuando me haya ido? / ¿O, tal vez, susurrará mi nombre la brisa / cuando mueva los geranios, hasta alcanzar tu oído? ¿Notará alguien en su corazón / como un latido extraño / un lejano eco / un poco de vacío? ...
Cuando por fin, reducido a casi nada, ascienda Álvaro de nuevo a la superficie con la evaporación del agua, habrán pasado ya muchos años, solo unos pocos minutos marinos. Y, tal vez, diluido en unas nubecillas de vapor, será, entonces, arrastrado muy lejos por el viento. Quizá hasta las altas cumbres de la Sierra de Navacerrada, donde su familia suele esquiar en invierno.
—Eso es posible, ¿por qué no? Ver corretear, hecho nieve, a tus nietos y abrazarlos mientras resbalan en el blanco suelo.
O, tal vez, será empujado hacia oriente, en medio de las altas corrientes que chocan contra los Himalayas. Un poco más al sur los monzones riegan los valles del Yom y del Ping donde una joven huérfana, ingeniero agrónomo, de nombre Tashmina, quizá estudiará, con ahínco, cómo fertilizar más adecuadamente aquellas lejanas tierras.
Incluso le parece ver mientras desciende, a través de la neblina de las aguas, a Fio Yaram, a su querido Florián, que se acerca sonriente. Alguna vez pensó que todos los tailandeses parecen iguales, pero eso debió ser, piensa ahora, hace muchísimo tiempo.
—Sí, es sin duda Fio Yaram, qué alegría.
Se detiene por un momento en su descenso y es entonces cuando siente el abrazo fuerte y fraternal de Fio y él definitivamente cierra los ojos y se abandona. Se deja anegar por el agua que tanto le fascina y abre todas sus puertas para que lo posea, lo purifique y, ya limpio, lo haga suyo para siempre...

Acaba de amanecer un nuevo día y las aguas de los mares se desperezan estirando sus olas y el sol empieza, otra vez, a mostrar su paleta de colores en un estremecedor silencio. Pero hoy es un día especial y la sirena del Sea and Sky Dreamer silba con toda su potencia mientras los limpiadores de cubierta, que han acudido a su trabajo, animan con grandes gritos a Lee Tao que acaba de lanzarse al rescate de su amigo Artola, al que ha visto tirarse al agua.
Algunos dicen que lo conseguirá, es un gran nadador. Allá abajo nada se oye, solo dos sombras abrazadas se mueven en el mar dormido, en la profundidad de las aguas.


  * * * * *


Muchas gracias, mar Mediterráneo, por abrazarme de nuevo y llenarme de calor y luz para afrontar el final de otro año y hacer, ilusionado y feliz, mis pequeños planes para el año próximo. Que nos sigamos viendo muchas veces tú y yo, uno frente a otro, hablando de nuestras cosas, como hemos hecho siempre.




jueves, 27 de noviembre de 2025

AQUEL PRIMER TRABAJO

 




Hace unos días, volvimos a reunirnos casi cuarenta compañeros que trabajábamos juntos hace cincuenta años en el Servicio Extranjero del antiguo Banco de Bilbao de la plaza de Sevilla. Fue mi primer trabajo, yo era de los más pipiolos, apenas 17 años. Entré en un departamento donde había 10 chicas, casi todas casadas y tres chicos, los más jóvenes, todos solteros. Fue una escuela para mí, lo cuento, muy literaturizado, en Lejos del Sauce Curvo. Tres de aquellos compañeros son los que estamos en esta foto, yo de hecho entré el día en que se casaba ella, gran amiga y medio vecina ahora. Con este compañero iba yo a los archivos del banco en Leganés a encontrar documentación antigua comida por las ratas, y luego de aplaudidor contratado a los teatros madrileños, también lo cuento en mi novela. Me dijeron que aquel encargado del archivo, tan singular, que también aparece en mi libro, ya ha muerto. Así como el jefe del departamento, al que yo llamo en la novela el señor Bermúdez, que murió hace cuatro o cinco años y alguna compañera de aquellas también. Otra, me contaron que estaba en una residencia con alzheimer y ya no conoce ni a sus hijos. En fin, ¡cómo ha pasado la vida y se ha llevado ya a algunos de aquellos primeros compañeros tan entrañables! Fue un placer, como siempre, volver a vernos, cada vez con más goteras, cada vez más viejos, pero, todavía resistiendo y recordando.

Terminé por fin de publicar mi Trilogía del Sauce Curvo, precisamente, estos días. Donde aparecen, dispersos y literaturizados, no pocos de mis amigos y compañeros de entonces. Uno ya va teniendo una edad en la que le gusta ir dejando ordenadas las cosas. No es una trilogía que vaya a tener mucho tirón de momento, mis actuales lectores ya han leído todos o alguno de estos tres libros y  en su caso querrán completarlo de forma individual con otro u otros. Y para un nuevo lector empezar con una trilogía, así, de golpe, es mucho bocado. Así que lo he hecho mayormente para mí, aunque a la gente de mi pueblo también le haga ilusión ver estos tres libros en uno, más que nada para verlos, como digo, más que para leerlos de nuevo  porque ya los han leído. Sí, a cierta edad a uno le gusta ir dejando ordenadas sus cosas, y a un escritor su obra.

Ha sido un gran esfuerzo y, luego, además, me he tenido que meter de hoz y coz con otros temas menos literarios y más prosaicos, pero quizás más perentorios y materialmente más provechosos, como poner en orden mis finanzas y mis temas fiscales, el año ya termina y hay que gestionar bien todas estas cosas. Así que he terminado exhausto y he convencido a mi mujer para fugarnos los dos a nuestra cabaña de Alicante, que luego llegan las Navidades y sus ajetreos y hay que estar descansados.

Sí, de vez en cuando necesito ver el mar. Hablar con mi confidente que tan bien me entiende. Recargar las pilas. Volver a soñar. Sentir cómo me cuida mi wife que allí no tiene ojos para nadie más. En fin...

Así que me escapo del mundanal ruido como tantas veces. A la vuelta me espera mi nuevo libro "Destellos", aunque puede que lo deje para enero y me dedique estas vacaciones a ver a gente que he postergado durante muchos meses y a disfrutar de la visita de mi hijo que viene a pasar las Navidades. Sí, me escapo otra vez, y tantas veces como pueda....

Hice un poema hace algún tiempo sobre estas escapadas. Ahí va:

ESCAPAR

Si fuera posible
atravesar esta oscuridad.
Si fuera posible
huir de esta prisión,
escapar.

Romper estos lazos invisibles,
elevarme sobre la ciénaga,
poder volar.

Ir atrás en el tiempo,
si fuera posible,
volver a respirar.

Perderme entre la gente,
sin rastros del pasado,
vivir como un niño,
volver a empezar.

No me digas que sueñe,
que cree mundos nuevos,
que me vuelva a levantar.

Sólo quiero cerrar los ojos,
apagar la luz,
de este desván.

Solo quiero ser libre,
con otras cadenas,
en otro lugar.

Volver a ser cobarde.
Perder la cabeza de nuevo,
que sea otra vez lunes
…y escapar

Solo quiero eso,
escapar de aquí, contigo,
huir los dos muy lejos
y buscar el mar.



domingo, 23 de noviembre de 2025

¡¡POR FIN!! LA TRILOGÍA DEL SAUCE CURVO

 

Me lo había pedido mucha gente. ¡Y por fin está!

Disfrútala en AMAZON: https://shorturl.at/joX5j 

Las tres novelas sobre EL SAUCE CURVO ahora en un solo libro, tanto en digital como en edición impresa. 



Conoce cómo es Sacecorbo, El Sauce Curvo, hoy: https://youtu.be/zgDVnjYkWt8

jueves, 20 de noviembre de 2025

EL OFICIO DE ESCRIBIDOR

 



     Me gusta esta palabra de escribidor. Vargas LLosa la utilizaba mucho, incluso tiene una novela que la incluye en su título: "La tía Julia y el escribidor".

     El oficio de escribidor es un trabajo solitario. Pero, que siempre busca compañía, como el escribidor de Vargas LLosa con su tía. O, como todos los escribidores con sus lectores, detrás de los cuales hay gente que ellos han conocido o, tal vez, que sueñan con conocer, o, simplemente, con ellos mismos, la mejor compañía que hay, sin duda.

    Todo esto para decir  que ando ahora pergeñando la Trilogía del Sauce Curvo, ¡Por fin!, ¡como me había pedido tanta gente!, en un solo libro impreso y en una sola copia digital. Yo soy como el hombre orquesta, pienso las historias, escribo los libros, los edito, hablo con mi portadista para las cubiertas y los acerco a mis lectores. Cuando te jubilas, normalmente, es el momento de mayor cénit profesional. Yo tenía directores a mi cargo, decenas de empleados, secretaria, se puede decir que, en sentido estricto, yo no hacía nada. Orientar, motivar, mandar y asumir responsabilidades, claro.

     Ahora estoy yo solo, como todo escritor frente a su obra. Y, puedo decir que no lo cambio por nada. A lo mejor lo justo sería decir que: no lo cambio por nada, después de haber trabajado tan intensamente  para otros en otros ámbitos. Qué más da. Cada uno es hijo de su destino. Y el mío es, siempre lo fue, vivir escribiendo. Jugar con los mil espejos de tus personajes, para no desnudarte tú ni siquiera ante ti mismo, sino solo jugar al juego de la vida imaginada, soñada, pensada, donde nada es lo que parece, y todo podría ser verdad. Donde creas un mundo en el que nadie muere, en el  que nadie mata realmente, ni los más villanos siquiera. Donde las mujeres se adueñan de tu corazón y a veces hasta te lo devuelven. Donde demuestras que otro mundo distinto al que tenemos es posible, solo hace falta pensarlo, imaginarlo, desearlo, amarlo como tú a tus personajes. Esa es la gran utilidad del escribidor: dibujar otros mundos y ofrecerlos a los demás. La literatura solo es un desahogo ante tanta crueldad y basura que nos rodea. La literatura solo es un sueño, que nos permite dormir al menos ocho horas para pencar luego las otras dieciséis. Sí, el oficio de escribidor no es tan solitario, ni tan triste, ni tan inútil como parece.

Puede que mi próxima novela la publique una gran editorial, o no, si no me dejan estar yo solo, como siempre, frente a mi obra. La rica soledad del oficio de escribidor.

Hace algún tiempo yo escribí de él, de este oficio, del mío. Ahí va:


EL OFICIO DE ESCRIBIR Y LOS TUPPER SEX

Si a uno no lo moviera la pasión, diría que el oficio de escribir es un trabajo duro, austero. Solitario. Hace falta luchar con denuedo contra la pereza, contra la desmoralización, asumir la falta de alicientes y recompensas en el corto plazo. Y, en este mundo en que vivimos, donde todo el mundo anda buscando la satisfacción inmediata, eso no se lleva. Hace falta una voluntad férrea para dedicarse a escribir.

Pero yo, si no lo hiciera, sería como vivir amputado de una parte esencial de mí. Escribo porque disfruto haciéndolo. Así de sencillo. Así de perentorio, también. Los escribientes somos una especie de adictos a la droga de expresarnos con las letras. Peregrinos del camino de la tinta. Buscadores utópicos de aquel lector donde resuenen nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Avaros de encontrar el tesoro que encierra la explicación del mundo. O, tal vez, solo de nosotros mismos.

Sí, escribir es un oficio solitario. En el momento de la creación, por supuesto. Pero, también, luego, cuando el libro llega al lector y este lo lee en su habitación, o en el metro, o en el rincón de un parque hermoso, cuando hace buen tiempo. El lector se queda con el elixir de tus letras y tú, en la anónima distancia, con la esperanza de que a alguien le cambie la vida a mejor cuando te lea, o de que el mundo sea algo más interesante tras tus escritos. De que tu tiempo solitario, por fin, haya resultado útil.

A mí, que seguro que tengo un ego de autor tan grande como el que más, me gusta pensarme, sin embargo, como un autor de minorías. Íntimo. Aquello que decía Umbral: disfruto pensando cuando estoy en la mente de alguien (de una mujer decía él, siempre tan dandy).

Quizás esa sea nuestra única recompensa. Amazon tiene un sistema de lectura por suscripción. Pagas una cantidad mensual y puedes leerte los diez libros que quieras. En este sistema, a los escritores nos pagan los derechos de autor, no por libro descargado, sino por páginas leídas. De tal forma que el autor puede ver online, las páginas que se están leyendo de sus libros en cada momento.

Esa es una sensación muy placentera. Porque se crea una comunidad virtual en la que te unes a los lectores que en ese instante están disfrutando de alguna de tus obras. La inmensa mayoría de mis lectores son personas a las que no conozco, algunos, cada vez más, me hacen llegar sus opiniones por las redes sociales o más personalmente a una dirección de email, y me encanta ese contacto, pero del resto no sé absolutamente nada. Sólo los observo cómo pasan las páginas de mis libros. Y nos sentimos unidos así, de esta forma tan especial. Son las pequeñas recompensas del oficio de escribir.

Hoy, precisamente, tecleo estas líneas porque acabo de recibir una llamada de mi librería de Guadalajara: las bibliotecas de la provincia les han pedido medio centenar de libros de "Poesía, vida mía". Creo que, en mi reducto más esencial, yo solo soy un poeta que escribe también de otras cosas. Por ello, esta antología es uno de mis libros más queridos, aunque mis lectores prefieran el suspense, el drama o la novela romántica, que de todo escribo, porque para mí no hay géneros buenos, sino solo obras buenas.

Así que sueño con que alguien en un pueblo olvidado, una tarde lluviosa, se acerque a las estanterías y pida este libro que escribí durante muchos años. Solo con pensarlo me encuentro ya recompensado. Aunque sea solo un instante.

Porque, justo después de esta llamada, recibo otra: me acabo de comprometer con la productora Tus Ojos para enviarles mañana dos secuencias para el guión "Hoy es todavía". Una es dolorosa, versa sobre el maltrato a mujeres, pero la otra es una reunión de un grupo de estas con una experta para conocer  lo último en juguetes eróticos y prácticas sexuales: los famosos "tupper sex". 

 Así que me tengo que poner al día, mira tú por cuánto.

 ¿Quién dijo que escribir no era divertido y tenía sus recompensas?

Un abrazo, queridos lectores. 


www.franciscorodrigueztejedor.com


domingo, 16 de noviembre de 2025

LOS RETOS DEL MUNDO QUE VIENE: ¿HACIA UNA NUEVA FAMILIA O AL FIN DE LA MISMA?



Decía Confucio, el gran pensador chino, hace 500 años antes de Cristo, que “la fortaleza de una nación deriva de la fortaleza de cada uno de sus hogares”. Y uno de los emprendedores más brillantes del siglo XX, Lee Lacocca, remarcaba: “La única roca que conozco que se mantiene constante, la única institución que funciona, es la familia”. ¿Pero no creen ustedes, que la familia actual, como todo, está sujeta a revisión? ¿Serán las familias de los próximos años parecidas a las actuales? Y aún más: ¿Existirán las familias?





Para contestar a estas preguntas debiéramos empezar por respondernos primeramente a esta: ¿por qué existen y son tan importantes las familias? Porque no en todas las especies de animales la importancia de la familia es igual a la de la especie humana. Inclusive, en la mayoría, al poco de nacer los hijos, la familia como tal desaparece, quedando solo, en algunos casos, el papel protector de la madre durante un pequeño tiempo. Y, luego, nada.

El hombre nace prematuro, un niño absolutamente desvalido, y necesita el apoyo de ambos padres durante largo tiempo para salir adelante. La raíz de la palabra familia, viene de fames (hambre), la familia sería pues un grupo de personas que combaten el hambre juntos. Antiguamente el padre se encargaba de la defensa ante los depredadores y de traer comida, mientras que la madre lo hacía del cuidado de la prole y de la enseñanza. Siendo esta última también clave en la justificación de la necesidad de la familia.

Lo explica muy bien el famosísimo autor de Sapiens, Yuval Noah Harari: a diferencia del resto de animales superiores, que nacen como productos terminados (vasijas de vidrio, los llama, que si tratas de moldearlos se quiebran), equipados definitivamente con sus instintos y cultura de especie, los niños nacen como una gelatina de vidrio, pendiente de moldear, a la espera de que la cultura y valores de su familia y, posteriormente, de su entorno los vayan configurando definitivamente.

La importancia de esta vertiente educativa y moldeadora del pensamiento del niño, particularmente durante el siglo XIX, quisieron apropiársela algunos de los estados de orientación comunista, para sus propios fines, intentando sustituir la familia por una especie de amor libre sin compromiso con los hijos que pasarían a su tutela. Pero, en términos generales, la familia tradicional y monógama se ha mantenido muy mayoritaria hasta nuestros días, donde está sufriendo una serie de vaivenes importantes que la afectan.

Por una parte: el estado del bienestar de las sociedades avanzadas se ha hecho cargo de una parte importante de las funciones de la familia: cuidado de personas mayores y educación gratuita a partir de los 2 años.

Por otra parte, la revolución de la mujer y su incorporación plena y generalizada al mundo laboral, ha producido un cambio rotundo en los roles de la pareja dentro de la familia, donde ambos padres acometen, o debieran acometer, en igualdad de condiciones y sin especialización por género, todas las funciones, obligaciones y compromisos necesarios para el funcionamiento de la misma.

El reconocimiento y respeto hacia todas las minorías de orientación sexual, o vocación monoparental, diferentes a la mayoritaria hetero, ha producido también, aunque probablemente es más en la apariencia que en el fondo, un menoscabo de la imagen de la familia tradicional. Que no de la familia en sí: porque se está evidenciando que más importante que los lazos de consanguineidad de la misma es el hecho de vivir juntos y afrontar conjuntamente un mismo destino trenzado a base de compromiso a largo plazo entre sus miembros. Como lo demuestra así mismo el auge de las familias con niños adoptados.

Paralelamente, se observa una presión cultural y mediática en contra de la familia, que tiene también una raíz económica y de consumo. La familia pasa por ser la más eficiente y austera unidad económica, por uso de espacios habitables comunes y de recursos utilizables por varias personas a un tiempo, que choca directamente con la tendencia al sobreconsumo, cuando no al despilfarro, al que se inclina a veces un capitalismo exagerado en busca de su ilimitado crecimiento. La proliferación de segundas y terceras familias, con necesidad de dobles y triples viviendas y la desorganización en el manejo de las relaciones con los “ex” de todo tipo, o la proliferación de formas de vida solteras para las que se necesitan prácticamente los mismos recursos que para toda una familia, evidencian esto que comento.

Pero no es todo lo anterior, ni cada una de sus partes ni todo en su conjunto, la mayor amenaza para la supervivencia de la familia tal y como la conocemos actualmente. El mayor peligro es, sin duda, el egocentrismo, el individualismo y la falta de compromiso a largo plazo que se extiende como una gran mancha de aceite entre los jóvenes. Lo primero, no hay compromiso a largo plazo entre ellos como pareja, más bien lo rehúyen sistemáticamente. Y, en los casos que lo hay, es a menudo para conjugar los dos individualismos de ambos miembros de la misma, sin que quepa espacio para destinar energía adicional y tiempo para crear, mantener y educar una prole. Como mucho, el instinto maternal de última hora está produciendo un solo hijo de padres mayores y desganados. Hablo mayormente de España, uno de los países con menor tasa de natalidad del mundo actualmente.

Yo lo atribuyo, principalmente, a un movimiento pendular que ya han registrado otras sociedades avanzadas como Francia o Suecia, donde de esta situación que vivimos en España se ha pasado a otra donde se prima las familias con 2 ó 3 hijos. Eso sí, apoyadas decididamente por el Estado, con políticas fiscales y de conciliación adecuadas. Porque, al fin y al cabo, si no hay compromiso con la familia, ¿cómo alguien puede esperar que lo haya con su ciudad o con su nación? ¿Tiene sentido un mundo de ciudadanos encapsulados todos ellos en su propia burbuja y ensimismados en sus propias entretelas?

En nuestro reciente libro “Soñadores – Aprende a materializar tus sueños” hemos entrevistado a 27 emprendedores, si hay alguien obsesionado con su proyecto personal ese es un emprendedor. Pues bien, a pesar de ello, la respuesta general de todos ellos ha sido poner en valor la familia como el bien más preciado.

Recuerdo lo que nos dijo un joven emprendedor de solo 26 años que es uno de los más punteros actualmente en el sector de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial, Jorge Schnura: “Lo más importante en la vida es formar una familia y atreverse a depender de ella. Esto parece que no está de moda hoy en día: los jóvenes están centrados en ellos mismos, en ser independientes, ausentes de compromiso, pero es la dependencia de los demás y el compromiso, precisamente, lo que nos hace más humanos. Y vivir una vida plena”.

Así que, ese movimiento pendular que yo preveo ya está renaciendo en sectores de la juventud actual que se ven atraídos de nuevo por la familia que, como toda institución, también deberá mejorarse a sí misma, fomentando la autoestima, la justicia y el respeto de sus miembros, tanto entre la pareja como entre esta y sus hijos. Porque lo reconozcamos o no, la familia ha sido, y yo creo que sigue siendo, el gran empeño vital de todos nosotros. Ya nos lo avisó el gran literato francés André Maurois: “Sin una familia, el hombre se siente solo en el mundo, tiembla de frío”.

Y si lo que queremos es hacer un mundo mejor, la solución no ha de ser ir contra ella, como ya nos dejó dicho la gran Teresa de Calcuta: “Si quieres mejorar el mundo, ve a casa y ama a tu familia”. De amar, precisamente, va, en mi opinión, la cuestión clave de la supervivencia de la misma.

Escrito como artículo de opinión para Ibereonomía

miércoles, 12 de noviembre de 2025

LITERATURA, VIDA MÍA.

 


Hoy releo "Lejos del Sauce Curvo". Estoy preparando el lanzamiento de la saga, con las tres novelas reunidas en un solo tomo, tanto en digital como para la edición impresa. Acabo de regresar de un viaje corto por Navarra y Zaragoza, donde se ambienta mi nueva novela que está ahora en manos de varias editoriales para su posible publicación, con el fin de afinar algunos detalles. Me encuentro en Lejos el Sauce Curvo un relato de mis primeras literaturas, aquellas que crecían en mi mente, pero que yo, absolutamente volcado en mi trabajo y en mi familia, postergaba guardándolas en no se sabe qué sitios, hasta que se perdían.

Pero, la literatura nunca dejó de perseguirme, hasta que me conquistó y ahora formamos una pareja enamorada, con una pasión mutua que no ceja. Ya hemos tenido muchos hijos, pero, todavía me conmuevo con aquella literatura clandestina que pujaba por ver la luz. Ahí va:


EL JOVEN ESCRITOR  


Hoy el joven escritor juega con su hijo en los sofás y en la alfombra del salón. Está contento hoy el joven escritor. Ha sacado unos minutos y ha garabateado un poema y unas ideas para esa primera novela con la que sueña. Las cuartillas duermen en una esquina de la mesita baja, las tiene que ordenar con otras que tiene por otros sitios, por otros cajones de la casa. Un día que tenga tiempo. Ese día que espera que algún año llegue.

Pero ahora se lo está pasando en grande con su hijo. Un hijo es el mejor poema. Un niño de dos años es un loco de atar. A él le gusta estar con él, sumergirse en ese mundo sin reglas racionales, en ese mundo de descubrimientos y locuras.

Le llaman por teléfono. De su empresa. Él pide responsabilidades y luego no debe quejarse de que se las den, aunque hoy sea sábado por la tarde, casi por la noche ya. Su mente se dirige a la realidad perentoria de los problemas que le plantean. Cree que consigue solucionar lo que su interlocutor le inquiere. Cuelga y vuelve con su hijo.

Este, probablemente aburrido, ha reparado mientras tanto en ese par de hojas que él había garabateado y las había depositado en la mesita baja del salón. Las ha cogido, las ha estrujado, las ha doblado y desdoblado de mil maneras, como si tratara de encontrar en ellas el motivo del porqué su padre pasa de él. E incluso se las ha llevado a la boca para probar a lo que sabe el papel, no deben haberle gustado y las ha roto furibundo.

El joven escritor observa el desastre. Tampoco será hoy ese día en el que él ponga algún ladrillo en esa obra con la que sueña. Ahora llega la hora de las cenas, de los baños, de prepararse para ir a dormir. Como tantas otras veces.

Por fin se queda solo cuando en la casa se esparce el silencio. Su mujer se acerca. Le pone una mano en el hombro:

–Te espero –le dice suavemente.

–Sí, reina. Un momento –le responde, mirando las cuartillas arrugadas y medio rotas.

No quiere que se pierda en el limbo del olvido ese pequeño poema que le ha brotado como un regato de la pureza de la nieve blanca. Ni esas ideas primigenias para alumbrar un día esa novela con la que sueña.

Trabaja, copiando en otro, con limpieza y aplicación, el manuscrito que el niño destrozó. Luego lo mira, tiene que guardarlo bien y reunir también todos esos fragmentos que deben estar en varios cajones de los muebles de la cocina y del salón. Otro día lo hará. En estos momentos detecta que la inspiración se sienta a su lado y le impele a continuar vertiéndose en el papel.

Escribe como deben deslizarse sobre el agua los surfistas, si él supiera surfear, claro, pero se lo imagina. Cuando te coge en volandas la inspiración todo es un patinar sobre el hielo blanco. Recorrer el blanco de la página, quiere uno decir, sin aburrirte ni cansarte jamás.

Ha escrito otras dos cuartillas. Las relee satisfecho. Estas las guardará en su mesilla para que no se pierdan.

Con ellas en la mano se dirige a su dormitorio. Su mujer le había mirado de una forma especial antes de irse a dormir.

–Te espero –le había dicho.

La única que espera encendida ahora es la lámpara de su mesilla, su mujer duerme dulcemente.

Apaga la luz y se dirige, con la difusa y plomiza claridad que apenas entra por el visillo de la ventana, al otro lado de la cama. Abre el cajón de su mesilla y coloca en él sus cuatro cuartillas con el mismo mimo y delicadeza que cuando deposita a su hijo dormido en su cuna.

Luego, sin hacer ruido, abre la cama y se desliza en ella. Se siente bien, respira hondo y sueña un momento poniéndose ambos brazos bajo su cabeza. Mañana encontrará otro rato para poner el siguiente ladrillo en su obra.

Mira a su mujer. Tiene una bella esposa. Y muy joven todavía. Los dos son muy jóvenes. Su cuerpo le atrae en la oscuridad.

Se acerca y la abraza suavemente. Ella apenas murmura:

–Estoy dormida.

Él la besa el pelo, la atrae contra sí. Un momento nada más.

Luego se retira. No le parece justo despertarla. Se consuela pensando que ha escrito un bello poema y unas frases hondas y originales, muy literarias, en sus cuatro cuartillas.

Le hubiera gustado hacer el amor esta noche, más incluso que otras noches. Pero tendrá que ser mañana, si el niño y todos los astros del firmamento se ponen en línea, como se habían puesto hoy…

A veces la literatura le atrapa y le roba otras cosas. Como una pequeña venganza por todas las traiciones que él le asesta día a día.

Mientras trata de dormirse, se jura que mañana sin falta ordenará de una vez todos sus papeles.


Y como homenaje a aquellos tiempos tan precarios, y también tan queridos, una primicia: tengo dos candidatas para la portada principal de Trilogía del Sauce Curvo. Ahí va una de ellas:







sábado, 8 de noviembre de 2025

CASUALIDADES



Hace un par de semanas tú estuviste de boda. La cuarta de este año. Te gustan las bodas. Tienen la alegría, el empuje y las buenas vibraciones de los comienzos. Apenas bebes pero, en las bodas, el whisky y tú os hacéis muy amigos y te pones muy simpático y hablador, todo el mundo te lo dice. Así que entablaste amistad con una señora que resultó ser búlgara, qué casualidad, le dijiste, hemos estado en tu país hace unos meses. Empezasteis a hablar de todo un poco, de su país, del vuestro, de los hijos.

Ah, los hijos. Ella tenía dos hijas, una en San Francisco y la otra ya no recuerdas dónde, pero igual de lejos. Yo tengo una en Madrid, le dijiste, pero el pequeño está en Londres, especializándose en Private Equity, ya sabes, la compraventa de empresas.

–¿Compraventa de empresas? - te interrumpió ella pidiendo una confirmación, por si había oído mal.

–Sí, sí... Quiere trabajar en fondos que compran empresas, bueno, de hecho ya ha estado colaborando con varios. ¿Por qué?

–Pues porque nosotros queremos vender la nuestra, nuestras hijas no están interesadas en continuar nuestra labor y queremos recuperar nuestra inversión y nuestros esfuerzos acumulados. Fíjate, empezamos mi marido y yo hace 20 años y ahora ya somos más de cuarenta en plantilla. Más otros tantos en Bulgaria.

–Oye, pues en lo que te podamos ayudar... Yo mismo tengo algunas experiencias por mi anterior vida de banquero.

Ella se quedó más tranquila viéndote a ti dentro. Es lo que tiene la imagen de escritor banquero: hombre disciplinado, creativo y sensato.

Así que, tras estas casualidades, aquí te hallas, preparando con tu hijo una estrategia de venta. Ah, el destino, el destino... Ahora recuerdas que escribiste hace un tiempo un artículo sobre el destino, bueno, tú lo llamabas casualidades.



¿CASUALIDADES? ESA CORRIENTE SUBTERRÁNEA...

Tú piensas que una de las innumerables ventajas de estar jubilado, es que paseas de otra forma, más relajada, (antes ni lo hacías, siempre metido en el coche, deseando llegar lo antes posible a los sitios). Sí, paseas y esparces tu mirada, de forma tan distinta, que hasta crees descubrir cosas nuevas en sitios ya muy frecuentados por ti.

Esta tarde te has fijado en el nombre de una guardería de tu barrio: "Escuela infantil Ciudad Jardín", se llama. Tiene este nombre porque hay una zona del distrito de Chamartín denominada así. Es cierto que esta denominación no se usa en demasía, mucho menos que Hispanoamérica o Concha Espina, claro. Pero a ti te llamó la atención reparar, tras veinte años viviendo en él, que este era el nombre de tu barrio. Quizás, la razón es que las calles tienen vegetación en medio de las aceras y es un barrio muy tranquilo y ajardinado, efectivamente, sobre todo en la parte de la colonia de chaléts.

Este nombre te trajo a tu mente inmediatamente el de la casa en que tú viviste por los veranos en Marbella durante 15 años, cuya urbanización se llamaba Aloha Gardens y tenía unos jardines espectaculares que incluían hasta una imponente cascada. Allí pasaste un tiempo de rosas, nunca mejor dicho, criando a tus hijos. Algunos de aquellos momentos los capturaste en este videoclip que cuelgas en este diario literario y personal por unos días: https://www.youtube.com/watch?v=_l4gWXXlUqs

Recuerdas también que cuando te casaste empezaste a vivir en Prosperidad, en una urbanización que tenía una encantadora pradera a la entrada, llena de árboles con unos macizos de flores entre ellos. Cuando decidisteis buscar una casa más grande, os costaba abandonarla, perder aquella pradera tan bonita. El vendedor de la nueva casa, que estaba en obras, os decía: desde este ático veréis los jardines, van a ser preciosos. No os mentía, recibió el premio nacional de la APCE (Asociación de Promotores y Constructores de España) cuando se inauguró, por su diseño arquitectónico y, ¡ojo!, por sus jardines. Hay unos pinos y olivos centenarios, los unos ya existían y los otros los trasplantaron aquí. Y, por supuesto, un montón de flores por doquier.

Te das cuenta que, sin comerlo ni beberlo, sin premeditación alguna, podrías ser "el hombre de los jardines", has vivido siempre rodeado de ellos. Tú, que sabes muy poco de plantas y que cuidas, lo indispensable y no más, a las que tienes en tus terrazas.

Te recuerdas, de pronto, que, una vez, le preguntaste a tu abuela Guillermina que solía cuidarte en El Sauce Curvo: "¿Abuela, cómo era yo de pequeño?" Ella te miró y luego levantó la cabeza y posó su mirada por los huertos: "Te encantaban las flores, Germán. Te quedabas encandilado, mirándolas".

Un día de aquellos, de cuando tú eras muy pequeño, ibas tú con tu padre por los campos de El Sauce Curvo, te llevaba montado delante de él, en la mula "Castaña". Era una paraje yermo, lleno de enebros, rocas y aliagas, salvo un conjunto de fincas cultivadas de trigo que estaba crecido en unos cuatro palmos. Te dijo:

"Germán, ¿ves algo especial en esos trigos?" Tú te fijaste en el cereal y, muy contento por haberlo adivinado, le contestaste: "Hay una franja en ellos que está mucho más verde que el resto. Bueno y también continúa por allí". Dijiste, señalando el paraje yermo, por donde reverdecía también un pasillo de unos cinco metros de ancho.

Tu padre te dijo: "Mañana, que pasamos por allí, te diré cuál es la razón".

Desconoces el porqué, de repente, te ha dado por pensar en estas cosas tan antiguas. Y, sin poderlo evitar, tu mente te traslada a cuando tú tenías 17 ó 18 años y te disponías a dejar a una de las primeras chicas con la que saliste, que estaba loca por ti. Le diste vagas excusas de que eras muy joven, que no te querías atar con nadie, y esas cosas que se dicen cuando quieres dejarlo. Ella te contestó: "Me echarás de menos, Germán. Eres un chico delicado, como esas flores que te gustan tanto.Te encontrarás con chicas que no sabrán apreciarlo. Aunque tardarás en darte cuenta. Yo ya no estaré".

Os despedisteis brevemente y tú no quisiste volver la cabeza atrás. Te fascinaban entonces aquellas otras chicas distantes, complicadas, inaccesibles, frías como el pedernal... Tardaste en descubrir que, detrás, no había nada, ninguna magia, solo un desamor enorme hacia ti. La echaste de menos, sí. Como una flor que se apaga de sed y recuerda el húmedo jardín en el que antaño se criaba.

Las flores. Los jardines, donde habitan. Siempre han estado en tu mente. Tú tienes, tu pensamiento te conduce ahora hasta él, un cuadro hermosísimo en tu casa. Un óleo, con una rosa roja en un primer plano, bellísimo. El único cuadro que hay en tu dormitorio, sobre tu cama, en la que tú duermes con Clara desde hace tantos años que ya ni recuerdas cuántos son. Porque para ti suponen la vida entera.

Tu padre te llevó al día siguiente a ver la entrada de la sima de las Majadillas. Un pozo seco, entre rocas, de unos ocho o diez metros de profundidad. Te dijo:

"Germán, ¿ves esta sima? Allá abajo corre un río subterráneo. Llega hasta La Barbarija, donde sale a la luz en forma de manantial. Esa franja más verde en los trigos, que vimos ayer, es la humedad de ese río, que corre justo por debajo. Porque todo tiene su origen, su causa. Solo hay que fijarse y encontrarla".

Sí, cuando te llenas de años, lo comprendes todo mejor. A veces paseas por la calle, pero no vas por las aceras, sino por la cumbre de una montaña alta y mágica, desde donde se divisan todas la verdades.

Ahora ya sabes por qué comprarás, cuando entre bien la primavera, como todos los años, unas petunias de variados colores y las pondrás en las jardineras que pueblan tu terraza. Un año más.

Y te acordarás de tu abuela, de cuando te decía que te chiflaban las flores. Y de tantas otras cosas, importantes, como las que has recordado hoy. Ellas han ido jalonando tu existencia, sin que tú apenas te dieras cuenta del porqué sucedían, de esa manera especial que tenían que suceder.



       ¡Si no fuera porque es para trabajar con mi hijo iba yo a volver al mundo financiero!, aunque sé que para cerrar una operación de este tipo más que casualidades se ha de dar un verdadero milagro, pero ahí vamos, ¡llenos de ilusión!

lunes, 3 de noviembre de 2025

INSTANTES

 

     Buenos momentos este fin de semana con la visita de nuestro hijo londinense. Vino a renovar el pasaporte y a preparar visado para estancia en USA el próximo cuatrimestre en la Universidad de Wharton,  el último tranco ya de su MBA. Y a visitar a su familia, claro. 

     Su familia tratamos de aprovechar todos estos breves instantes que el destino nos ofrece para estar con él, en el escaso espacio que le dejan libre sus obligaciones en España. Momentos de oro retomando nuestros paseos de siempre para ponernos al día, o cenando todos juntos en nuestro restaurante fetiche para estas ocasiones. Nos ha dejado ese aroma de alegría y empuje que desprende por donde va. Y de sana ambición. ¡Hasta la próxima! ¡Que no tarde!

   Momentos dorados también viendo la sorprendente y magnífica película: Los domingos.  Abordando un tema a total contracorriente de este mundo tan acelerado, tan materialista y tan dominado por la imagen, en el que nos ha tocado vivir. Una adolescente quiere ser monja. ¡Y encima de clausura! ¿Existe este tipo de fé? ¿Este tipo de vocación? Yo solo puedo decir que he conocido a varias personas así, con una fe en Dios que pesa toneladas y que produce una alegría indescriptible en el que la posee, una alegría que se desborda hacia los demás y que produce en ellos una sana motivación. O una terrible frustración y envidia maligna, como en esta peli. Sí, yo de lo que estoy seguro es de que es mejor creer en algo, por ejemplo la trascendencia del hombre,  que no creer en nada, a lo que parece que nos aboca este mundo donde solo manda el presente.

    Instantes, instantes, instantes que componen el tiempo, nuestro tiempo, tú escribiste de ellos... Sí, hoy te acuerdas de aquello que escribiste hace varios años ya, al recibir la visita de tu hijo...


   INSTANTES


     Nunca olvidarás el momento mágico de cuando descubriste el secreto del tiempo.
     Un hombre dura, ¿cuánto? ¿Treinta, treinta y cinco mil días? Parecen muchos. Pero,  comparados con qué.
     Hay diez mil olas que baten la arena,  cualquier jornada tranquila de vacaciones, en  la playa donde vamos. Y millones de estrellas en el firmamento.
     Por eso, porque no son muchos,  siempre y, últimamente más,  ha habido  este ansia de exprimir el tiempo.
     De sacarle su jugo.  De exprimirlo como a una naranja. Hasta que no quede ni una gota. Eso es vivir. Eso es vivir bien,  parecen decir.

     Pero tú recuerdas aquel día. Aquel día mágico. Donde descubriste la unidad del tiempo: el instante es como una foto, el fotograma, en una película.
    Y a eso dedicas tu atención, tu empeño. Un buen encuadre, una buena luz. Sin que te tiemble el pulso. Sin que te agobien las prisas.

    Nadie sabe hasta cuándo durará su película. Y no se trata de meter en ella, por eso, mucho de todo: muchas aventuras, muchas amantes, muchos países, muchos amigos….muchas secuencias. Al final eso solo es posible como en las películas  antiguas del cine mudo, y en las actuales  y malas, yendo a trompicones y gastando poco metraje. Para que dure más.

     Tú descubriste, por el contrario, que lo que  te gusta es la cámara lenta que, a pesar de su engañoso nombre,  supone aumentar la “velocidad “, quiere decirse, la “intensidad” del momento.  Aumentar, en definitiva,  el número de fotogramas por momento,   y no la cantidad de estos últimos.

     Y sientes el pálpito de la vida, así,  mucho más.  Porque ver nacer a un niño o morir a un hombre, lleva su tiempo.  Como observar a una mujer bella. Lo descubriste aquel día.

     Hoy el mundo, la gente, está en otra cosa. Llenan su mochila, su disco duro,  de muchos flashes, de muchos impactos, de muchas noticias. Que, al final, no conforman nada: solo un vertiginoso y aburrido remolino. 

        Te diste cuenta cuando tuviste un hijo.

      Todo un año para aprender a andar. Toda una vida para aprender a caminar.

https://www.franciscorodrigueztejedor.com/

    


En Las Vegas con mi padrino el pasado año.



Cena de bienvenida al londinense. 

Buenos momentos!!!

jueves, 30 de octubre de 2025

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

 








La vida está llena de segundas oportunidades. Si fracasáramos por no lograr la primera, andábamos listos. Yo tengo varias novelas sobre las segundas opciones que aparecen tras no alcanzar la primera. El claxon, El astrónomo, de forma muy clara y, en varias otras más, aparece un trasfondo de este ciclo vital.

Todo esto para decir que mi nueva novela anda por los vericuetos, por las griferías, que circulan entre mi agente y las editoriales. Vete tú a saber, con lo lentas que son, cuándo me dirán algo. Así que, fíjate tú por cuánto, ha aparecido en mi horizonte, en el entretanto, un proyecto que me ilusiona sobremanera: se llamará “Destellos” y solo puedo decir que aunará texto e imagen. Se me ocurrió el otro día mientras me duchaba y en estos días me pondré a ello. Espero tenerlo listo antes de que pase el año.

¡Ah, las segundas oportunidades! Qué sería del mundo, de nosotros, sin ellas. Hace algún tiempo escribí este relato…

LAS VÍAS DEL TREN

La niña le dijo, sin hablar, adiós. Con aquellos ojos negros, profundos y misteriosos, que temblaban de pena.
Luego ella se dio la vuelta ante lo irremediable. Y le ofreció al chaval un último recuerdo con su melena, que era como una densa cortina con la que ocultar las lágrimas.
Acortarían la distancia con las cartas que se escribirían todas las semanas. Y, además, podrían sentirse, el uno al otro, inclusive a cientos de kilómetros, poniendo el oído en la vía del tren que unía sus dos lejanas ciudades.
Sin embargo, él solo recibió las dos primeras, aunque cada semana seguía enviando, puntualmente, la suya.
Así pasaron los meses, mientras una honda pena iba llenando el pozo de su amargura hasta el brocal.
Como cada día, aquella mañana se acercó a la vía. Puso su oído sobre el raíl. Había llorado tanto y se sentía tan deprimido que se quedó dormido allí mismo.
Vino el tren. Él no sabría explicar cómo lo vio sin despertarse. Y le segó la cabeza.
Sólo sintió cómo el agua de aquel pozo se teñía de rojo e inundaba los raíles como un inmenso lago.

Su mamá lo despertó para ir a la escuela. Y, sorprendido, se encontró descansado y alegre.
Cuando llegó a la vía, ya no en el sueño sino en la realidad, puso de nuevo su oído en ella. Aquel día sintió como un pálpito extraño.
Pero el cartero, como siempre, no tenía ninguna carta para él.
Abatido, entró en la escuela. Y, de repente, se topó con unos ojos azules, de cielos limpios y claros, que también lo miraron.
La hija de los nuevo ferroviarios acababa de llegar. Por muchas razones, nunca la olvidaría.