sábado, 31 de enero de 2026

PRIMEROS PASOS

 

Arranco este año tras unos días relajantes y motivantes junto al mar, eso sí, con un premio añadido de un resfriado corto pero intenso, que ya ha pasado. Así que vuelvo y me encuentro de bruces con toda la agenda típica de los comienzos.

Reunión con mi asesor financiero: aunque esa materia ha sido la mía durante más de cuarenta años, que se dice pronto,  hace ya algún tiempo decidí salirme del día a día, ya no leo ni estoy al tanto de todo lo que pasa minuto a minuto en el mundo y en sus mercados, y decidí delegar en un experto de mi banco que, más que asesorarme, va un paso más allá y me lleva mis temas como si fueran los suyos. A veces pienso que no me añade nada, aunque ya no esté yo en el rabioso día a día, los cimientos permanecen. Algunos compañeros se han cansado del asesor y han vuelto a retomar con sus propias manos sus asuntos. Y lo entiendo, la verdad es que yo tengo delegada digamos el 90 p.c. de mi cartera y me dejo para entretenerme el 10 p.c. Pues bien, casi siempre me van a mi mejor las cosas que a él. Pero, su compañía, remunerada,  por supuesto, no la cambiaría por nada. No tengo la obligación de leerme todo todos los días, que, con Trump, además son todos los minutos, ni, lo más importante, cuando viene una tormenta sentir la soledad de la noche mientras le doy vueltas en la cabeza a mil preocupaciones. Ahora, duermo como un lirón, sabiendo que hay un equipo cuidando de mis cosas, aunque no sean el rayo de la guerra. Así que hablamos y planificamos un poco por encima el año financiero y fiscal y yo me quedo tranquilo con una sensación de orden, que ya sé, que es solo meter la cabeza debajo del ala de otro y dejarse llevar. Pero, eso es la vida. Alguien dijo que la vida es como un río y hay que saber fluir, dejarse llevar, digo yo una vez más, por ella. En fin, que según está el mundo, ¡que Dios nos coja confesados!, ¡Pero, en compañía!

Qué casualidad, me toca también hacer la revisión del coche y la ITV, ese otro compañero de viajes y de sueños. Así que también, tras hacerlo, me quedo tranquilo  con su amistad y compañía un año más.

Repaso el calendario de revisiones médicas y las ordeno también. Cada vez es mayor el grosor de esta carpeta. Debe ir paralela al engorde del calendario, quiero decir del nuestro personal. Mi cumpleaños me acecha ya muy de cerca y me recuerda ciertas cosas. Los médicos me suelen decir a menudo: "No se preocupe, eso es cosa de la edad", que viene a ser lo mismo que: "Acostúmbrese, que no tiene remedio". Y uno va practicando la resignación y la paciencia, gimnasia que recomiendo a todos los compañeros de cordada de estas cumbres por las que transitamos ya, porque mayores dosis nos requerirán las circunstancias dentro de pocos años. 

Así que puestos en orden, o eso quiero pensar, la salud y los dineros, me centro en los amores, ese tercer apoyo, o quizás el primero, en el que se asienta el trípode de nuestra existencia. No voy a hablar aquí de los amores sentimentales e íntimos, que se cuidan mejor al buen resguardo de las miradas ajenas, pero sí, por supuesto, este es un diario literario y personal, de mis amores vitales que son la literatura y el cine.

Tengo dos caballos literarios este año y no sé cuál montar primero. Una novela al año es una obligación que me he impuesto para no dejar que el tiempo se me escurra entre las manos y los años pasen y tenga la sensación de que no he aportado a ellos lo que sé hacer mejor, o eso dicen, que yo no estoy muy de acuerdo en ello. Me gusta empezar las novelas a finales de la primavera, donde me acopio de fuerza y de sensibilidad, de introspección y de calma, mientras riego y hablo con mis petunias que me conducen, o eso quisiera yo, por esa senda de arte y belleza que ellas tienen, de esa forma tan natural que a mí me conmueve. Pero, este año, tengo a mis flores de invierno, que lucen igual de bien al sol que bajo la nieve, así que dudo de si lanzarme ya, tengo las ideas bastante claras de lo que quiero hacer, o entregarme a un libro lúdico, personal y minoritario que será "Destellos", que pretende reunir literatura, cine y música en un ramillete que ojalá, fuera también de flores que conmovieran a todo el que se acerque a él.

Así que, lo dejo reposar, mientras dirijo los ojos al cine: el miércoles he quedado con  mi productor habitual. Hablaremos de los proyectos que tiene él in mente, o de los que puede hacer, mejor dicho, en este mundo de subvenciones y trámites burocráticos que rodea al séptimo arte. Y pensaré si yo tengo cabida en alguno de ellos. No quiero dedicarle mucho tiempo al cine, dos o tres meses, como mucho. Al cine de otro quiero decir, me gustaría introducirme más en el universo de videoclips y cortos, producidos y editados artesanalmente por mí mismo. Ya veremos, cómo queda al final ese cocido.

Asi que, escribo estas líneas, que me sirven también para ordenarme yo a mí mismo, que no es poco, y las comparto con mis lectores y seguidores. Lo seguiré haciendo a medida que vayan madurando. Vuestros comentarios y críticas serán, como siempre, bien recibidas.

Comienza, de verdad, el 2026.  ¡Vayamos a por él!

Con mis flores de invierno, al sol y bajo la nieve:




Esta última es conmovedora. Un ejemplo de lucha contra la adversidad! Vivan las flores!

jueves, 22 de enero de 2026

UN RAYO DE SOL EN UNA NOCHE DE INVIERNO

 


Acabas de volver de cenar en un restaurante del barrio. Llueve a mares, a cántaros. Llueve como antes de que se inventara el mundo. Llueve a placer.  Llueve y llueve,  como en tu novela  El día que fuimos dioses. Llueve por doquier.

Hace una noche de invierno. La gente camina escondida bajo los paraguas. Las terrazas, vacías, con las sillas sin recoger. Los coches, faltos de empatía, no aminoran cuando te ven y te ponen perdido. Llueve y llueve sin perdón y sin descanso. Llueve porque le toca, y aquí paz y después gloria. Es inútil llorar bajo la lluvia, nadie te ve y, además, la lluvia se ríe de ti. Sí, una noche de invierno, brumosa y dura, como las de siempre.

Tú escribiste de una de estas noches:


UNA NOCHE DE INVIERNO

 

Llegas a casa aterido de frío. Y de soledad. Los amores, desperdigados y lejos. Tú sabes cuán lejos. Metes la llave en la cerradura. La puerta se abre. Y notas un calor extraño. De un hogar que creías marchito.


 Pero todo funciona. Todo está en su sitio de nuevo. Ella ha vuelto. Hay un florero lleno de rosas en el salón y la calefacción puesta.

 

Te quitas el abrigo y dejas que escurra el paraguas. El loro en su jaula, con el silencio pétreo de la anochecida, te mira impertérrito. Y tú a él. Te gustaría saber qué ha pasado. Todo lo que él guarda en su memoria observadora y callada.

 

Antes de llegar al armario ves su nota. «He vuelto». «Eso ya lo sé», respondes en voz alta, como haría el loro, si hablara. Las preguntas sin embargo se quedan en tu interior. "¿Por qué?" "¿Dónde estás?". Y, sobre todo, «¿hasta cuándo?».

 

Entonces el pestillo vuelve a girar y aparece ella. Más hermosa que nunca. O tan hermosa como siempre, te corriges a continuación.

 

«Estás empapado», la escuchas. «Anda, ven».

 

El tiempo es una sucesión de estaciones. La abrazas mientras miras por el cristal cómo llueve en silencio. La vida es una sucesión de regresos. Y de despedidas. Mañana no hará sol. Y pasado mañana tampoco. Lo has consultado con tu móvil. Hace sólo unos pocos años todavía tendrías la incertidumbre de la sorpresa. Hoy hasta la lluvia y las nubes obedecen a la tecnología.

 

Hoy es una noche de invierno. Y ella duerme entre tus brazos. Mientras la lluvia musita su dulce melodía tras los cristales. Es verdad. Mañana no hará sol. Y tú no sabes lo que pasará mañana. Hay una nota en el aparador: «He vuelto», dice.

 

Pero no es la primera vez. Tampoco es la primera noche de este invierno.

 

En febrero llueve mucho. Y las parejas vuelven a su nido. Y encienden la calefacción.

 

Nadie entiende por qué se enfrían, se acatarran, los corazones. Y por qué, cuando el viento silba y se abren los paraguas, todo parece empezar de nuevo.

 

El invierno lo sabe bien y el loro mete su cabeza bajo el ala. Y se dispone a dormir.

 

Todo está en su sitio. Otra vez.


                       ––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––


Sí, tú llegas a casa y te invade el calor de tu hogar. Por una vez, te alegras de no ser tu personaje literario del relato. Otra vez en casa, qué bien.

Además, que un rayo de sol cruza esta. noche ventosa, lluviosa y fría. Sí, lo crees, un rayo de sol. Inesperado y cálido. Nada más llegar te entra un mensaje. Es del poeta peruano Leo Zelada, a quien no conoces. Qué más da. Te invita a la Antología Mundial de Poesía y Narrativa que están organizando. Sin pensarlo le dices que sí, claro. Te enviará las bases en breve. Sí, a veces el sol nos alegra una noche de  perros.

Así que dormirás bien esta noche. No solo por esta noticia, sino porque mañana, si el tiempo no lo impide, nunca mejor dicho, te fugas unos días a Alicante con tu musa. Quieres ver el mar de este año. Sentirte joven e ilusionado para cumplir los años que te tocan. Sí, escapar otra vez, la vida es una permanente huida, hasta que ya no podamos escapar a ningún otro sitio más. A lo mejor, eso es el reverso de los cumpleaños, constatar que las plumas van menguando en tus alas. Pero, no hoy. Ni mañana, ni los próximos días.

Escapar

Si fuera posible
atravesar esta oscuridad.

Si fuera posible
huir de esta prisión,
escapar.

Romper estos lazos invisibles,
elevarme sobre la ciénaga,
poder volar.

Ir atrás en el tiempo,

si fuera posible,
volver a respirar.

Perderme entre la gente,
sin rastros del pasado,
vivir como un niño,
volver a empezar.

No me digas que sueñe,
que cree mundos nuevos,
que me vuelva a levantar.

Sólo quiero cerrar los ojos,
apagar la luz,
de este desván.

Solo quiero ser libre,
con otras cadenas,
en otro lugar.

Volver a ser cobarde.
Perder la cabeza de nuevo,
que sea otra vez lunes
…y escapar

Solo quiero eso,
escapar de aquí,
contigo,
huir los dos muy lejos
y buscar el mar.


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domingo, 18 de enero de 2026

UN POCO DE HUMOR PARA PENSAR EN LOS PROYECTOS DE ESTE AÑO.

 El viernes pasado dimos una cena de despedida a nuestro hijo Guillermo, que se acaba de ir a hacer las Américas a la Wharton de Filadelfia. Una reunión muy emotiva, donde él fue el protagonista, ocupando el sitio de presidencia de nuestra habitual mesa en nuestro restaurante fetiche para estas ocasiones. Para nosotros, un placer y un orgullo escucharlo, sus ideas y sus metas claras, y muy consciente del gran esfuerzo que le espera. ¡Animo, campeón, que lo celebraremos como se merece a la vuelta!                                                             

Luego, aprovechamos para que cada miembro de la familia nos contara lo que juzgara oportuno de sus proyectos para este año, lo cual se quedó allí, obviamente. 

En mi caso, solo para mis lectores, comparto en este blog literario y personal mis propios deseos, al menos por unos días, eso sí con unas dosis de humor que espero acerquen más fácilmente a las musas hasta mi lado. Ahí va:

https://youtu.be/E2YIO4Oxo1I

Dentro de mis proyectos, o sueños, o deseos íntimos están los viajes. Siempre he sentido pasión por ellos. Este año quisiera que fuera grande en eso. Quizás, porque uno se va haciendo ya un poco viejo y la pereza y "el qué se me ha perdido a mí allí" empiezan a llamar a su puerta. Y quiero rebelarme contra ello, ahora que todavía puedo. Espero convencer a mi wife, mucho menos apasionada que yo en este tema. La verdad es que tengo una autoconfiaza altísima en mis dotes de persuasión en esto. La autoconfianza se genera, como todo el mundo sabe, por la experiencia positiva en el pasado. A lo mejor, el mérito no es mío, sino de mi reina, que se deja convencer fácilmente. A ver si sigo conservando mis puntos de viaje con ella una vez más y podemos hacer un poco de lo que desearía. Como mi musa suele comentar, parece que digo las cosas en broma o por decir y luego se acaban cumpliendo. ¡Ojalá lo hagan una vez más! Hoy levanto mi copa y brindo por ello.

Y, lo más importante, que nuestro americano que, en estos momentos acaba de aterrizar en Filadelfia, culmine este viaje tan importante en su vida con éxito. ¡¡Eso, pienso yo también mirando al pasado, está asegurado!!




                                                        ¡VAMOOOOOOOOS!



Hace tiempo escribí, para mi libro Mil palabras para la felicidad, este articulillo sobre los viajes. Ah, los viajes, los viajes... soñar con que tú y el mundo sois diferentes, quiero decir mejores, al menos por unos días... y que podéis seguir siéndolo a la vuelta...


LA ILUSIÓN DE LOS VIAJES

“Invertir en viajar es invertir en uno mismo”
Matthew Karsten
Miras por la ventanilla y una alfombra blanca, de espuma, se extiende hasta el infinito. Debajo, el mar, al que sólo intuyes entre los intersticios del suelo de algodón, de nubes.
Sí, miras por la ventanilla y encuentras el mundo al revés: con las nubes a tus pies y, encima de ti, nada. Sólo un aire puro y azul que no tiene límites.
Es lo bueno de los viajes, que todo tiene otra perspectiva. Y otra ilusión. Haces, por un tiempo, la vida de los pájaros, que a mí, no sé por qué, me han parecido unos animales siempre contentos, rayando en una deslumbrante alegría...
Tú, a lo mejor, has tenido la suerte de viajar mucho. Ahora vas a New York y aterrizarás a unos palmos del mar, casi surfeando sobre las olas. Y has cruzado de noche por el Ártico, sobre un mundo de iglús y de silencio helado. O sobre las decenas de volcanes de la Isla Blanca de Nueva Zelanda. O justo por encima de la Cordillera Andina. O de los Himalayas. Qué más da.
Viajar, volando o a ras de tierra, es cambiar de realidad, que es lo que hacemos cuando soñamos. Así que en los viajes tú aprovechas para renovar tus sueños. Tus ilusiones. Y los amores que mueven tu existencia.
Aprovechas para cargar las pilas. Para romper las amarras que te atan al día a día, a la cruda realidad. Y elevarte, por un momento, como una cometa una mañana luminosa de domingo. Hasta donde te lleven los vientos y las manos temblorosas, y gozosas, de un niño, que serán tu única brida.
Y, entonces, desde lo alto, todo parece más ligero, más luminoso, mucho mejor. Como el mundo que esperas encontrar cuando llegues. O cuando regreses. Al que tú pintas las esquinas de ese color mágico y dorado que, tú sabes, porque a lo mejor has viajado mucho ya, se irá oxidando con el paso de los días y cubriéndose de ese moho en el que se acumula la rutina y la inercia.
Pero también sabes, porque lo has sentido tantas veces, que debajo de esa costra grisácea y anodina, duermen los sueños, con sus alas plegadas. Como las mariposas sobre los pétalos de las flores, en la oscuridad de la noche. Esperando que, de nuevo, un día abras las ventanas y todo se llene de luz, de nuevo.
La luz que produce un viaje en el horizonte, aunque sea al otro lado de la esquina.
Como cuando te llevaba tu padre a las afueras del pueblo y soltabais una cometa. Y se elevaba sobre el cielo. Y el domingo parecía otro. Mucho más largo. Tanto, que el lunes no llegaba nunca, mientras jugabas, una y otra vez, entre las nubes...
Y la mejor novela para leer mientras viajas, también habla de otro viaje: REGRESO AL SAUCE CURVO: https://t.ly/05tJH. Disfrutarás.


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viernes, 16 de enero de 2026

ATRAVESANDO EL INVIERNO

 

El invierno avanza y nos empuja a meternos en el nuevo año de lleno. Pasado mañana se marcha mi hijo Guillermo a la Wharton de Filadelfia, seis horas de diferencia horaria, menos tiempo para comunicarnos, pero no dudo que estaremos cerca como siempre. Su madre y él andan ya a tope con la maleta.

Y yo me acuerdo cuando hace unos cuantos inviernos, durante la Filomena, limpiábamos los dos nuestras terrazas de nieve y luego lo celebrábamos con Wilson. ¡Qué tiempos!  Siempre quedarán en nuestro recuerdo










En cuanto le despidamos, si el tiempo no lo impide, de momento están previstas fuertes lluvias, pero todo cambia mucho en invierno, me fugo con mi chica a nuestro refugio de Alicante. Los dos solos. Me acuerdo de este poema que escribí hace algún tiempo, para una colección que se llamaría Poemas de invierno. Ahí va: 


POEMAS DE INVIERNO: SOLOS TÚ Y YO.

Se irá este sol de noviembre
que dora los sauces,
se quebrará la paz
de estos momentos felices.

Caerá la lluvia helada
sobre nuestras sonrisas
inocentes.
Esas que se besaron
en las esquinas
de este momento de luz.

Huirán las cigüeñas
dejando sus nidos vacíos
sobre las altas y desiertas
y solitarias torres.

Pasará el tiempo
detrás de las cortinas
donde dormimos nosotros
y nuestros sueños de futuro.

Y las calles se llenarán de nieve y silencio otra vez.

Sólos tú y yo
en el duro invierno,
helado y callado,
de nuevo.
Resistiendo en nuestra madriguera.

El sol se ocultará días y días.
El calor huirá tras los últimos tizones
en la chimenea.
Y solo se escuchará
cómo cae la lluvia contra la ventana
y esparce sus lágrimas en ella.

Encogidos por el frío
nos apretaremos el uno contra el otro,
y nos cubriremos de besos,
con la manta del amor
y con el aliento del deseo.

Caerá la noche larga.
Y nos dormiremos abrazados,
soñando con la primavera.
Apostaremos
porque el mañana
se seguirá aliando con nosotros,
una vez más.

Cuando el sueño nos gane,
cuando cerremos los cansados ojos,
cuando, ausentes y desvalidos,
la oscuridad nos convierta
a nosotros
prácticamente
en nada,
nuestro amor resistirá
por los dos.

Y vencerá de nuevo,
como tantas otras veces,
a ese helado
y duro
invierno
que ya se acerca.


Y cómo no, el invierno nos empuja cuesta arriba por las rampas que llevan a febrero, la pendiente tras los fastos y excesos navideños es dura. Hace unos inviernos también escribí sobre ello:


CUESTA DE ENERO

Creo que hay algo en la naturaleza que tiende siempre al equilibrio. A cada expansión, sucede una contracción, a cada allegro un adagio, a cada tormenta un arco iris, a cada primaveraverano un otoñoinvierno…

La cuesta de enero tiene algo de esto, sin duda. Su origen inicial fue el necesario ajuste de cinturón tras los fastos y gastos navideños. Pero para mí ya significa mucho más: es el proceso de ajuste general entre los sueños navideños y de principio de año y la dureza de la realidad de los anodinos días siguientes, entre la ilusión de la consecución de tus proyectos programados para todo el año y la necesidad de grandes dosis de energía para conseguirlos, entre la alegría de las celebraciones y de las promesas e intenciones y el pico y pala que te esperan apoyados en el quicio de la puerta…

Acabo de recibir una carta avisándome de algo que yo ya sabía, por ello no dejo de extrañarme del gran impacto que me ha producido. Me vienen a decir en ella, poco más o menos, que ya he trabajado bastante y que me llegó el tiempo de la jubilación, quiere decirse de la holganza y del dolce far niente.

Así que a mi cuesta de enero tradicional de todos los años le ha surgido una alternativa poderosa: cambiar el sufrimiento y el esfuerzo que supone conseguir retos más o menos difíciles, por el suave balanceo de ver pasar los días mirando el vaivén de las olas de la vida plácida, descansada y dedicada a ti mismo y a los que te rodean.

Todo ello, unido a diversos problemillas de salud, las goteras ya empiezan a aparecer, y al aldabonazo de la fecha en cuestión, el póker irrepetible: 2/2/22, está suponiendo un verdadero toque de atención a mi conciencia, tal vez para que esta, como la naturaleza, también busque su propio equilibrio.

Así que siguiendo el famoso: “Todo cambia, nada permanece”, que explicitó hace ya 2500 años el filósofo griego Heráclito, me dispongo a soltar, al menos momentáneamente, los trastos de la faena y me largo unos días a la playa a descansar y a ver lo que me pide el cuerpo. A digerir, en definitiva, todo esto que me está pasando a raíz de traerme el cartero la misiva que me recuerda que ya llega el 2/2/22.

Seguro que el mar con su sabio oleaje me traerá a la mente la receta adecuada para el próximo tiempo, que supongo no distará mucho de la que recojo yo en mi reciente libro: “La felicidad es una parada intermedia entre lo poco y lo demasiado”. Los tiempos cambian y nosotros, con ellos, también.




Enero, enero.... siempre ha sido para mí el último mes del año, y no el primero. Cumplo los años a principio de febrero, así que tiene para mí algo de resumen, de nostalgia y de restañarme las heridas. Espero volver de Alicante con las pilas puestas ¡y con ganas de pelea! Porque así sea.




domingo, 11 de enero de 2026

CULTIVANDO LA AUTOESTIMA

 

El otro día tuve una comida con unos entrañables compañeros de trabajo, con los que llevo quedando todos los meses en el mismo restaurante desde hace unos diez años. O más. Todos jubilados ya, claro.

Y hablamos del Año Nuevo. Y de lo que significa.

–Cada vez somos más sexagenarios –dijo uno.

Otro, que siempre está alegre y tiene unos ojos avispados y ocurrentes, le corrigió.

–Sexy-genarios.

Echamos todos una carcajada. 

Yo, dentro de poco, cumplo años. La verdad es que cuando pasan las Navidades casi que me lo voy apuntando  ya, para que no me dé el síncope de golpe. Todos estamos en un pañuelo pero yo voy algunos meses por delante.

–Pues como escritor y amigo del lenguaje os puedo decir que nos queda uno de sexys. Los setenta ya son otra cosa.

– ¡Y los sesenta y nueve también! Alégrate, Paco, –me dijo el chisposo– que en unas semanas empiezas el año erótico festivo por excelencia.

Nos echamos otra carcajada también. Hay que tomarse estas cosas tan serias de hacerse viejo con el mejor humor posible.

Yo, que me rematrimonié en Las Vegas hace año y medio, más o menos, le suelo decir a mi chica que tenemos que vivir como unos recién casados, ¡y comportarnos como tales! Oye, ¡y  funciona! La ilusión mueve montañas, y otras muchas cosas. Y este año que confluyen los astros erótico festivos, espero que todavía más.

Así que vine de la comida con la moral subiendo hasta las nubes y, pensando en poner este post, me acordé de otro que escribí hace algún tiempo y que acabó por redondearme la tarde. ¡Vivan los sesenta y vivan los sexygenarios! Y, si son con sesenta y nueve, mucho más. Ahí va:


FELICES SESENTA
Aunque lo parezca por el título, no voy a hablar de aquella década a la que recordamos con nostalgia, porque, para los de nuestra generación, coincidió con nuestra niñez y porque alimentó nuestra mente para siempre con aquella explosión de la música popular: los Beatles, los Rolling, y en España: el Dúo Dinámico, los Brincos, Karina o Julio Iglesias.
Escribo de algo mucho más importante y estimulante para esta generación de la que hablo y para todas las que van detrás de nosotros: tras un estudio que se ha alargado en el tiempo durante más de ochenta años, la prestigiosa Universidad de Harvard ha llegado a la conclusión de que es a los sesenta, precisamente, cuando en general la gente es más feliz.
Cuando leí la noticia me sentí el hombre más dichoso del mundo, quizás sin darme cuenta de que ya lo era, según el mencionado estudio. Pero está bien que nos lo recuerden de vez en cuando. Es estimulante y te eleva la autoestima que, con los años, tiende a flaquear, y te aumenta las ganas de vivir y de ir envejeciendo lo mejor posible.
¿Y a qué se debe esto? Dice esta concienzuda investigación que cuando llegamos a la vejez, o sus aledaños, "somos emocionalmente más sabios y esa sabiduría nos hace florecer". Nuestro cerebro da más valor a lo positivo y deja de enredarse en lo complicado y negativo que, a veces, nos atrae como un imán en nuestra juventud.
Sí, pero tus facultades ya no son las mismas, iba yo a contrareplicar, pero hete aquí que, sin darme respiro, las buenas noticias me atacan hoy por todos los lados como si de una formidable alianza contra el escepticismo y el pesimismo se tratara: según el director de medicina de la Universidad George Washington, a pesar de que el cerebro de una persona en los sesenta ya no es tan rápido como en la juventud, funciona de forma mucho más armoniosa, pudiendo trabajar a la vez por fin los dos hemisferios del mismo. Por ello, con la edad, es más probable que tomemos las decisiones correctas y estemos menos expuestos a las emociones negativas que frustran nuestra felicidad.
¡Toma del frasco, Carrasco! Ya no hay excusas para cumplir años con ilusión y empuje. De hecho, este señor de Washington, del que desconozco su nombre y su dirección, por eso no le envío un regalo ya mismo, indica que las labores creativas resurgen con fuerza a los sesenta, debido a una sustancia que se acumula en el cerebro, llamada mielina, que facilita la comunicación entre las neuronas, lo que produce un incremento del rendimiento intelectual del 300%.
Cuando todavía no me había recuperado de estos dos abrazos de positivimo y optimismo recibo un whatsapp de un amigo informándome que el profesor Moncho Uri, de la Universidad de Montreal, en Canadá, ha demostrado que el cerebro de una persona mayor elige el camino que menos energía consume, corta lo innecesario y deja solo las opciones correctas para resolver el problema. Tras un estudio en el que participaron personas de diversas edades se pudo comprobar que los jóvenes se confundieron mucho al pasar las pruebas, mientras que los mayores de sesenta tomaron las decisiones correctas.
Henchido de ilusión, cojo con ímpetu el proyecto de mi novela "Lejos del sauce curvo", que no acababa de empezar y, lo que hace la autoestima, me han brotado un par de personajes y varias situaciones nuevas llenas de enjundia. Acabo en dos martillazos la declaración de la renta, que tenía enquistada con un problema irresoluble y miro por la ventana y percibo la primavera que entra en mi despacho con una luminosidad nueva.
Así que, no lo duden, gritemos alto y fuerte: ¡Felices sesenta! ¡La vida se relanza ahora!



 PD: Ah, y otra cosa que me eleva la autoestima: Amazon me ha ofrecido, supongo que también a otros escritores, traducirme mis libros al inglés con inteligencia artificial. Ya lo ha hecho con algunos y, oye, me suenan bien. Ya nos queda menos para ser unos escritores universales, ¡a lo mejor alcanzamos al mismísimo Cervantes!.


Y, para que no me baje la moral, voy a ver si convenzo a mi chica y nos fugamos unos días a nuestro refugio de Alicante. Necesito coger fuerzas para enfrentarme de verdad a las velas de la tarta que me esperan como todos los años por estas fechas.

viernes, 2 de enero de 2026

¡FELIZ 2026! PROYECTOS.



Empieza el Nuevo Año y algo dentro de ti te empuja a pensar en nuevos proyectos. Los dejo reposar en mi interior y, al poco, ya los tengo, más o menos, estructurados:

LITERATURA: Como creo que ya he comentado, pretendo sacar adelante este año “Destellos”, un proyecto literario y visual que me apetece mucho. Aunque ya sé que todo lo que no sean novelas, tiene un público más minoritario, yo, como también he dicho en más de una ocasión, me considero un escritor de minorías, con libertad absoluta para escribir lo que me pide el cuerpo, ¡y el corazón! Pero, también, a veces, escribo para el gran público, buscando conectar con el mayor número de lectores posible. Este año espero ver publicada mi novela sobre algunos problemas de las mujeres en el mundo de hoy y empezaré otra con este título provisional “Tiempos de soledad”, el mismo que el del documental que escribí y dirigí en el 2024 y que se nutrirá de aquellas experiencias. Una novela también de mujeres. Espero que el Nuevo Año me dé las fuerzas y la clarividencia suficientes para aportar valor añadido sobre este problema tan del mundo de hoy.

CINE: El año pasado me lo pasé en blanco, a beneficio de inventario, por deseo propio. No quería que ningún proyecto que no dependiera exclusivamente de mí interfiriera con la boda de mi hija. Y el cine, si te embarcas en él, es una nave con muchos tripulantes y no puedes abandonarla a su suerte cuando a ti te plazca. Tengo una conversación pendiente con mi productor un día de estos, cuando terminen las fiestas. Veremos si casan nuestras agendas, con la colaboración en algún guion o como director en algún documental de carácter social como “Tiempos de soledad”. Me apetece volver al cine en un proyecto grupal y profesional, aunque, cada vez me gusta más el cine artesanal y personal que practico para mi canal de you tube y para mis canales interiores. Siempre he sido, en temas artísticos, un animal libre e independiente. Cada día más.

VIAJES: Desde joven he amado los viajes. La gente dice que son caros, que son como una antorcha que se quema y luego no queda nada. ¡Ay, como la vida misma, digo yo! Me gusta sorprender a una retina ya cansada, que el corazón palpite de nuevo con fuerza inusitada en una tierra extraña, sí, dar cuerda de nuevo a un añoso corazón. A veces percibo ya la pereza que se sienta a mi lado, para que desista de mis intenciones, e incluso el temor a que me pueda pasar algo alejado de casa, la salud va requiriendo, cada vez más, cuidados domésticos. Pero, en esto, y en otras cosas, yo sigo el mantra acuñado por Clint Eastwood, ese genio de la vejez que ha cumplido ya los noventa y cinco y sigue dirigiendo películas, “¿Cómo lo consigue?”, le preguntan. Él siempre responde: “Cada mañana se acerca el viejo que hay en mí, pero yo me niego a abrirle la puerta de mi casa. De momento, he conseguido que no entre”. Yo, trato de hacer lo mismo, aunque no sea el gran Clint. Así que si nada lo impide, tendré ración doble este año para que se entere ese viejo que me tienta con su pereza y temor: las cataratas del Iguazú, probablemente con una visita a Buenos Aires y quién sabe si a los glaciares del Calafate (no sé si podré convencer a mi chica), Bali, ah, Bali, Bali… ¡se me ha quedado a trasmano tantas veces!, No sé si Filadelfia, siempre que no le entretengamos a mi hijo que estará en la Wharton terminando su MBA y buscando su trabajo postmáster, que es lo más importante, y, algún viaje toda la familia para celebrar la graduación en sus MBA´s de nuestros dos hijos, tal vez a Islandia, país que no conocemos y que promete. A lo mejor, todo al final se queda en nuestras visitas a El Sauce y a buscar el mar en Alicante. Pero, por soñar, que no quede.

Y, sobre todo, vivir, con amor y paz esta etapa dorada que es, si la salud te respeta, una de las más maravillosas de la vida, alejado ya de la competitividad y de la ambición desmedida. Sí, es la penúltima etapa, en estas últimas semanas han caído algunas personas a las que he tratado mucho, poco más mayores que yo, hoy mismo, otra. La muerte, que es una parte de la vida, no cesa de llamarnos. Ojalá al otro lado de la puerta, se despliegue un mundo maravilloso, yo creo que ¡nos lo merecemos!

Aquí va, para este diario literario y personal, un vídeo sobre los primeros momentos de este 2026. Ojalá se cumplan mis deseos, los de mi familia, ¡y los vuestros!, en él. En unas semanas se marchará mi hijo a Estados Unidos, me quedo tranquilo, la sonrisa, la juventud y la alegría de Sofi le protegerán. ¡Porque así sea! ¡¡¡Viva el 2026!!!

https://youtu.be/Kg0LVnt89Cw