domingo, 11 de enero de 2026

CULTIVANDO LA AUTOESTIMA

 

El otro día tuve una comida con unos entrañables compañeros de trabajo, con los que llevo quedando todos los meses en el mismo restaurante desde hace unos diez años. O más. Todos jubilados ya, claro.

Y hablamos del Año Nuevo. Y de lo que significa.

–Cada vez somos más sexagenarios –dijo uno.

Otro, que siempre está alegre y tiene unos ojos avispados y ocurrentes, le corrigió.

–Sexy-genarios.

Echamos todos una carcajada. 

Yo, dentro de poco, cumplo años. La verdad es que cuando pasan las Navidades casi que me lo voy apuntando  ya, para que no me dé el síncope de golpe. Todos estamos en un pañuelo pero yo voy algunos meses por delante.

–Pues como escritor y amigo del lenguaje os puedo decir que nos queda uno de sexys. Los setenta ya son otra cosa.

– ¡Y los sesenta y nueve también! Alégrate, Paco, –me dijo el chisposo– que en unas semanas empiezas el año erótico festivo por excelencia.

Nos echamos otra carcajada también. Hay que tomarse estas cosas tan serias de hacerse viejo con el mejor humor posible.

Yo, que me rematrimonié en Las Vegas hace año y medio, más o menos, le suelo decir a mi chica que tenemos que vivir como unos recién casados, ¡y comportarnos como tales! Oye, ¡y  funciona! La ilusión mueve montañas, y otras muchas cosas. Y este año que confluyen los astros erótico festivos, espero que todavía más.

Así que vine de la comida con la moral subiendo hasta las nubes y, pensando en poner este post, me acordé de otro que escribí hace algún tiempo y que acabó por redondearme la tarde. ¡Vivan los sesenta y vivan los sexygenarios! Y, si son con sesenta y nueve, mucho más. Ahí va:


FELICES SESENTA
Aunque lo parezca por el título, no voy a hablar de aquella década a la que recordamos con nostalgia, porque, para los de nuestra generación, coincidió con nuestra niñez y porque alimentó nuestra mente para siempre con aquella explosión de la música popular: los Beatles, los Rolling, y en España: el Dúo Dinámico, los Brincos, Karina o Julio Iglesias.
Escribo de algo mucho más importante y estimulante para esta generación de la que hablo y para todas las que van detrás de nosotros: tras un estudio que se ha alargado en el tiempo durante más de ochenta años, la prestigiosa Universidad de Harvard ha llegado a la conclusión de que es a los sesenta, precisamente, cuando en general la gente es más feliz.
Cuando leí la noticia me sentí el hombre más dichoso del mundo, quizás sin darme cuenta de que ya lo era, según el mencionado estudio. Pero está bien que nos lo recuerden de vez en cuando. Es estimulante y te eleva la autoestima que, con los años, tiende a flaquear, y te aumenta las ganas de vivir y de ir envejeciendo lo mejor posible.
¿Y a qué se debe esto? Dice esta concienzuda investigación que cuando llegamos a la vejez, o sus aledaños, "somos emocionalmente más sabios y esa sabiduría nos hace florecer". Nuestro cerebro da más valor a lo positivo y deja de enredarse en lo complicado y negativo que, a veces, nos atrae como un imán en nuestra juventud.
Sí, pero tus facultades ya no son las mismas, iba yo a contrareplicar, pero hete aquí que, sin darme respiro, las buenas noticias me atacan hoy por todos los lados como si de una formidable alianza contra el escepticismo y el pesimismo se tratara: según el director de medicina de la Universidad George Washington, a pesar de que el cerebro de una persona en los sesenta ya no es tan rápido como en la juventud, funciona de forma mucho más armoniosa, pudiendo trabajar a la vez por fin los dos hemisferios del mismo. Por ello, con la edad, es más probable que tomemos las decisiones correctas y estemos menos expuestos a las emociones negativas que frustran nuestra felicidad.
¡Toma del frasco, Carrasco! Ya no hay excusas para cumplir años con ilusión y empuje. De hecho, este señor de Washington, del que desconozco su nombre y su dirección, por eso no le envío un regalo ya mismo, indica que las labores creativas resurgen con fuerza a los sesenta, debido a una sustancia que se acumula en el cerebro, llamada mielina, que facilita la comunicación entre las neuronas, lo que produce un incremento del rendimiento intelectual del 300%.
Cuando todavía no me había recuperado de estos dos abrazos de positivimo y optimismo recibo un whatsapp de un amigo informándome que el profesor Moncho Uri, de la Universidad de Montreal, en Canadá, ha demostrado que el cerebro de una persona mayor elige el camino que menos energía consume, corta lo innecesario y deja solo las opciones correctas para resolver el problema. Tras un estudio en el que participaron personas de diversas edades se pudo comprobar que los jóvenes se confundieron mucho al pasar las pruebas, mientras que los mayores de sesenta tomaron las decisiones correctas.
Henchido de ilusión, cojo con ímpetu el proyecto de mi novela "Lejos del sauce curvo", que no acababa de empezar y, lo que hace la autoestima, me han brotado un par de personajes y varias situaciones nuevas llenas de enjundia. Acabo en dos martillazos la declaración de la renta, que tenía enquistada con un problema irresoluble y miro por la ventana y percibo la primavera que entra en mi despacho con una luminosidad nueva.
Así que, no lo duden, gritemos alto y fuerte: ¡Felices sesenta! ¡La vida se relanza ahora!



 PD: Ah, y otra cosa que me eleva la autoestima: Amazon me ha ofrecido, supongo que también a otros escritores, traducirme mis libros al inglés con inteligencia artificial. Ya lo ha hecho con algunos y, oye, me suenan bien. Ya nos queda menos para ser unos escritores universales, ¡a lo mejor alcanzamos al mismísimo Cervantes!.


Y, para que no me baje la moral, voy a ver si convenzo a mi chica y nos fugamos unos días a nuestro refugio de Alicante. Necesito coger fuerzas para enfrentarme de verdad a las velas de la tarta que me esperan como todos los años por estas fechas.