domingo, 18 de enero de 2026

UN POCO DE HUMOR PARA PENSAR EN LOS PROYECTOS DE ESTE AÑO.

 El viernes pasado dimos una cena de despedida a nuestro hijo Guillermo, que se acaba de ir a hacer las Américas a la Wharton de Filadelfia. Una reunión muy emotiva, donde él fue el protagonista, ocupando el sitio de presidencia de nuestra habitual mesa en nuestro restaurante fetiche para estas ocasiones. Para nosotros, un placer y un orgullo escucharlo, sus ideas y sus metas claras, y muy consciente del gran esfuerzo que le espera. ¡Animo, campeón, que lo celebraremos como se merece a la vuelta!

Luego, aprovechamos para que cada miembro de la familia nos contara lo que juzgara oportuno de sus proyectos para este año, lo cual se quedó allí, obviamente. 

En mi caso, solo para mis lectores, comparto en este blog literario y personal mis propios deseos, al menos por unos días, eso sí con unas dosis de humor que espero acerquen más fácilmente a las musas hasta mi lado. Ahí va:

https://youtu.be/E2YIO4Oxo1I

Dentro de mis proyectos, o sueños, o deseos íntimos están los viajes. Siempre he sentido pasión por ellos. Este año quisiera que fuera grande en eso. Quizás, porque uno se va haciendo ya un poco viejo y la pereza y "el qué se me ha perdido a mí allí" empiezan a llamar a su puerta. Y quiero rebelarme contra ello, ahora que todavía puedo. Espero convencer a mi wife, mucho menos apasionada que yo en este tema. La verdad es que tengo una autoconfiaza altísima en mis dotes de persuasión en esto. La autoconfianza se genera, como todo el mundo sabe, por la experiencia positiva en el pasado. A lo mejor, el mérito no es mío, sino de mi reina, que se deja convencer fácilmente. A ver si sigo conservando mis puntos de viaje con ella una vez más y podemos hacer un poco de lo que desearía. Como mi musa suele comentar, parece que digo las cosas en broma o por decir y luego se acaban cumpliendo. ¡Ojalá lo hagan una vez más! Hoy levanto mi copa y brindo por ello.

Y, lo más importante, que nuestro americano que, en estos momentos acaba de aterrizar en Filadelfia, culmine este viaje tan importante en su vida con éxito. ¡¡Eso, pienso yo también mirando al pasado, está asegurado!!

Hace tiempo que escribí, para mi libro Mil palabras para la felicidad, este articulillo sobre los viajes. Ah, los viajes, los viajes... soñar con que tú y el mundo sois diferentes, quiero decir mejores, al menos por unos días... y que podéis seguir siéndolo a la vuelta...


LA ILUSIÓN DE LOS VIAJES

“Invertir en viajar es invertir en uno mismo”
Matthew Karsten
Miras por la ventanilla y una alfombra blanca, de espuma, se extiende hasta el infinito. Debajo, el mar, al que sólo intuyes entre los intersticios del suelo de algodón, de nubes.
Sí, miras por la ventanilla y encuentras el mundo al revés: con las nubes a tus pies y, encima de ti, nada. Sólo un aire puro y azul que no tiene límites.
Es lo bueno de los viajes, que todo tiene otra perspectiva. Y otra ilusión. Haces, por un tiempo, la vida de los pájaros, que a mí, no sé por qué, me han parecido unos animales siempre contentos, rayando en una deslumbrante alegría...
Tú, a lo mejor, has tenido la suerte de viajar mucho. Ahora vas a New York y aterrizarás a unos palmos del mar, casi surfeando sobre las olas. Y has cruzado de noche por el Ártico, sobre un mundo de iglús y de silencio helado. O sobre las decenas de volcanes de la Isla Blanca de Nueva Zelanda. O justo por encima de la Cordillera Andina. O de los Himalayas. Qué más da.
Viajar, volando o a ras de tierra, es cambiar de realidad, que es lo que hacemos cuando soñamos. Así que en los viajes tú aprovechas para renovar tus sueños. Tus ilusiones. Y los amores que mueven tu existencia.
Aprovechas para cargar las pilas. Para romper las amarras que te atan al día a día, a la cruda realidad. Y elevarte, por un momento, como una cometa una mañana luminosa de domingo. Hasta donde te lleven los vientos y las manos temblorosas, y gozosas, de un niño, que serán tu única brida.
Y, entonces, desde lo alto, todo parece más ligero, más luminoso, mucho mejor. Como el mundo que esperas encontrar cuando llegues. O cuando regreses. Al que tú pintas las esquinas de ese color mágico y dorado que, tú sabes, porque a lo mejor has viajado mucho ya, se irá oxidando con el paso de los días y cubriéndose de ese moho en el que se acumula la rutina y la inercia.
Pero también sabes, porque lo has sentido tantas veces, que debajo de esa costra grisácea y anodina, duermen los sueños, con sus alas plegadas. Como las mariposas sobre los pétalos de las flores, en la oscuridad de la noche. Esperando que, de nuevo, un día abras las ventanas y todo se llene de luz, de nuevo.
La luz que produce un viaje en el horizonte, aunque sea al otro lado de la esquina.
Como cuando te llevaba tu padre a las afueras del pueblo y soltabais una cometa. Y se elevaba sobre el cielo. Y el domingo parecía otro. Mucho más largo. Tanto, que el lunes no llegaba nunca, mientras jugabas, una y otra vez, entre las nubes...
Y la mejor novela para leer mientras viajas, también habla de otro viaje: REGRESO AL SAUCE CURVO: https://t.ly/05tJH. Disfrutarás.