El invierno avanza y nos empuja a meternos en el nuevo año de lleno. Pasado mañana se marcha mi hijo Guillermo a la Wharton de Filadelfia, seis horas de diferencia horaria, menos tiempo para comunicarnos, pero no dudo que estaremos cerca como siempre. Su madre y él andan ya a tope con la maleta.
Y yo me acuerdo cuando hace unos cuantos inviernos, durante la Filomena, limpiábamos los dos nuestras terrazas de nieve y luego lo celebrábamos con Wilson. ¡Qué tiempos! Siempre quedarán en nuestro recuerdo
En cuanto le despidamos, si el tiempo no lo impide, de momento están previstas fuertes lluvias, pero todo cambia mucho en invierno, me fugo con mi chica a nuestro refugio de Alicante. Los dos solos. Me acuerdo de este poema que escribí hace algún tiempo, para una colección que se llamaría Poemas de invierno. Ahí va:
que dora los sauces,
se quebrará la paz
de estos momentos felices.
Caerá la lluvia helada
sobre nuestras sonrisas
inocentes.
Esas que se besaron
en las esquinas
de este momento de luz.
Huirán las cigüeñas
dejando sus nidos vacíos
sobre las altas y desiertas
y solitarias torres.
Pasará el tiempo
detrás de las cortinas
donde dormimos nosotros
y nuestros sueños de futuro.
Y las calles se llenarán de nieve y silencio otra vez.
Sólos tú y yo
en el duro invierno,
helado y callado,
de nuevo.
Resistiendo en nuestra madriguera.
El sol se ocultará días y días.
El calor huirá tras los últimos tizones
en la chimenea.
Y solo se escuchará
cómo cae la lluvia contra la ventana
y esparce sus lágrimas en ella.
Encogidos por el frío
nos apretaremos el uno contra el otro,
y nos cubriremos de besos,
con la manta del amor
y con el aliento del deseo.
Caerá la noche larga.
Y nos dormiremos abrazados,
soñando con la primavera.
Apostaremos
porque el mañana
se seguirá aliando con nosotros,
una vez más.
Cuando el sueño nos gane,
cuando cerremos los cansados ojos,
cuando, ausentes y desvalidos,
la oscuridad nos convierta
a nosotros
prácticamente
en nada,
nuestro amor resistirá
por los dos.
Y vencerá de nuevo,
como tantas otras veces,
a ese helado
y duro
invierno
que ya se acerca.
Y cómo no, el invierno nos empuja cuesta arriba por las rampas que llevan a febrero, la pendiente tras los fastos y excesos navideños es dura. Hace unos inviernos también escribí sobre ello:
Enero, enero.... siempre ha sido para mí el último mes del año, y no el primero. Cumplo los años a principio de febrero, así que tiene para mí algo de resumen, de nostalgia y de restañarme las heridas. Espero volver de Alicante con las pilas puestas ¡y con ganas de pelea! Porque así sea.




