Arranco este año tras unos días relajantes y motivantes junto al mar, eso sí, con un premio añadido de un resfriado corto pero intenso, que ya ha pasado. Así que vuelvo y me encuentro de bruces con toda la agenda típica de los comienzos.
Reunión con mi asesor financiero: aunque esa materia ha sido la mía durante más de cuarenta años, que se dice pronto, hace ya algún tiempo decidí salirme del día a día, ya no leo ni estoy al tanto de todo lo que pasa minuto a minuto en el mundo y en sus mercados, y decidí delegar en un experto de mi banco que, más que asesorarme, va un paso más allá y me lleva mis temas como si fueran los suyos. A veces pienso que no me añade nada, aunque ya no esté yo en el rabioso día a día, los cimientos permanecen. Algunos compañeros se han cansado del asesor y han vuelto a retomar con sus propias manos sus asuntos. Y lo entiendo, la verdad es que yo tengo delegada digamos el 90 p.c. de mi cartera y me dejo para entretenerme el 10 p.c. Pues bien, casi siempre me van a mi mejor las cosas que a él. Pero, su compañía, remunerada, por supuesto, no la cambiaría por nada. No tengo la obligación de leerme todo todos los días, que, con Trump, además son todos los minutos, ni, lo más importante, cuando viene una tormenta sentir la soledad de la noche mientras le doy vueltas en la cabeza a mil preocupaciones. Ahora, duermo como un lirón, sabiendo que hay un equipo cuidando de mis cosas, aunque no sean el rayo de la guerra. Así que hablamos y planificamos un poco por encima el año financiero y fiscal y yo me quedo tranquilo con una sensación de orden, que ya sé, que es solo meter la cabeza debajo del ala de otro y dejarse llevar. Pero, eso es la vida. Alguien dijo que la vida es como un río y hay que saber fluir, dejarse llevar, digo yo una vez más, por ella. En fin, que según está el mundo, ¡que Dios nos coja confesados!, ¡Pero, en compañía!
Qué casualidad, me toca también hacer la revisión del coche y la ITV, ese otro compañero de viajes y de sueños. Así que también, tras hacerlo, me quedo tranquilo con su amistad y compañía un año más.
Repaso el calendario de revisiones médicas y las ordeno también. Cada vez es mayor el grosor de esta carpeta. Debe ir paralela al engorde del calendario, quiero decir del nuestro personal. Mi cumpleaños me acecha ya muy de cerca y me recuerda ciertas cosas. Los médicos me suelen decir a menudo: "No se preocupe, eso es cosa de la edad", que viene a ser lo mismo que: "Acostúmbrese, que no tiene remedio". Y uno va practicando la resignación y la paciencia, gimnasia que recomiendo a todos los compañeros de cordada de estas cumbres por las que transitamos ya, porque mayores dosis nos requerirán las circunstancias dentro de pocos años.
Así que puestos en orden, o eso quiero pensar, la salud y los dineros, me centro en los amores, ese tercer apoyo, o quizás el primero, en el que se asienta el trípode de nuestra existencia. No voy a hablar aquí de los amores sentimentales e íntimos, que se cuidan mejor al buen resguardo de las miradas ajenas, pero sí, por supuesto, este es un diario literario y personal, de mis amores vitales que son la literatura y el cine.
Tengo dos caballos literarios este año y no sé cuál montar primero. Una novela al año es una obligación que me he impuesto para no dejar que el tiempo se me escurra entre las manos y los años pasen y tenga la sensación de que no he aportado a ellos lo que sé hacer mejor, o eso dicen, que yo no estoy muy de acuerdo en ello. Me gusta empezar las novelas a finales de la primavera, donde me acopio de fuerza y de sensibilidad, de introspección y de calma, mientras riego y hablo con mis petunias que me conducen, o eso quisiera yo, por esa senda de arte y belleza que ellas tienen, de esa forma tan natural que a mí me conmueve. Pero, este año, tengo a mis flores de invierno, que lucen igual de bien al sol que bajo la nieve, así que dudo de si lanzarme ya, tengo las ideas bastante claras de lo que quiero hacer, o entregarme a un libro lúdico, personal y minoritario que será "Destellos", que pretende reunir literatura, cine y música en un ramillete que ojalá, fuera también de flores que conmovieran a todo el que se acerque a él.
Así que, lo dejo reposar, mientras dirijo los ojos al cine: el miércoles he quedado con mi productor habitual. Hablaremos de los proyectos que tiene él in mente, o de los que puede hacer, mejor dicho, en este mundo de subvenciones y trámites burocráticos que rodea al séptimo arte. Y pensaré si yo tengo cabida en alguno de ellos. No quiero dedicarle mucho tiempo al cine, dos o tres meses, como mucho. Al cine de otro quiero decir, me gustaría introducirme más en el universo de videoclips y cortos, producidos y editados artesanalmente por mí mismo. Ya veremos, cómo queda al final ese cocido.
Asi que, escribo estas líneas, que me sirven también para ordenarme yo a mí mismo, que no es poco, y las comparto con mis lectores y seguidores. Lo seguiré haciendo a medida que vayan madurando. Vuestros comentarios y críticas serán, como siempre, bien recibidas.
Comienza, de verdad, el 2026. ¡Vayamos a por él!
Con mis flores de invierno, al sol y bajo la nieve:
Esta última es conmovedora. Un ejemplo de lucha contra la adversidad! Vivan las flores!



